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Cine
Historias de la Francia contemporánea
De latir mi corazón se ha parado, de Jacques Audiard
Las películas de la confrontación.
Jacques Audiard, Mathieu Kassovitz y Jia Zhang-Ke son los directores
de los tres films que se verán los domingos a las 20 en el CCPE/AECID,
en el ciclo “Historias contemporáneas francesas”, organizado junto
con la Alianza Francesa de Rosario.
De latir mi corazón se ha parado, El odio, Platform: Domingos 6, 3 y 27
respectivamente, a las 20 en Túnel 4. Entrada gratis.
Entre las tres películas hay diez años
de diferencia (la primera es de 2005; la segunda, de 1995, y la última, de
2000). En ellas puede sopesarse el espesor de una época a través de las
confrontaciones que evocan: personajes que deben escoger entre el mandato
social o paterno y la propia elección, en tiempos en que ninguna de
las consignas legadas por los mayores parecen dar respuesta a la urgencia del presente.
Tres miradas sobre la Francia actual que vuelven incluso
extranjero (como los protagonistas de dos de estas historias) ese territorio
que la cultura moderna ya no puede considerar como tan conocido.
De latir mi corazón se ha parado
(2005, 107 minutos) de Jacques Audiard (obtuvo 8 Premios
César que incluyeron Mejor Película y Dirección), Tom (Romain Duris) tiene 8 años y se ve al principio
destinado a seguir los pasos de su padre en el sórdido y a veces brutal negocio inmobiliario. Pero un
encuentro casual le lleva a creer que puede convertirse, como su padre, en pianista. Con eterminación,
comienza a prepararse para una audición con una ianista china virtuosa, Miao-Lin (interpretada por
Linh Dan Pham). Ella no habla una palabra de francés, s ólo pueden comunicarse a través de la música.
Pero las presiones que recibe Tom del mundo de su trabajo diario pronto se convierten en algo que no
puede manejar.
El film está basado en la película Fingers (1978) de James Toback.
El odio
(La Haine, 1995, 95 minutos) de Mathieu Kassovitz, tres jóvenes desheredados que viven
en los suburbios parisinos de los 90 (un judío, un árabe y un negro) se enfrentan al racismo, a la
discriminación y al paro, con ira pero también con cierto escepticismo, como el caso de Said (Saïd
Taghmaoui). El film reflexiona sobre la situación política, social y económica en la que viven los jóvenes
marginados de las afueras capitalinas. La anécdota de un hombre que cae al vacío y piensa que
por el momento todo va bien, con la que comienza el film, es la imagen estremecedoramente real con la
que Kassovitz logra describir desde un principio esa tensión absurda de vértigo por un lado , por el otro,
de falta de rumbo con la que viven los jóvenes marginales en París. El odio obtuvo múltiples nominaciones
al Premio César de 1996 (ganó el de Mejor Edición, Mejor Productor y Mejor Película). Asimismo,
Kassovitz fue galardonado como Mejor Director en la dición de 1996 del Festival Internacional de Cine
de Cannes.
Platform

(2000, 154 minutos) Producida con capitales de Hong Kong, Francia, Japón y China, de Jia
Zhang-Ke, un grupo de teatro aficionado debe hacer frente a los cambios que trae las reformas económicas y culturales
chinas de los años 80. El nuevo modelo llevará a la privatización de la compañía y su
reconversión en una extraña banda de pop. Dos parejas de jóvenes forman parte de la frustrada troupe.
Incapaces de comunicarse sentimentalmente, intentan articular una vida incierta, atrapada entre las
promesas de la modernización económica el peso de la tradición y la ideología. En crítico que recordó a propósito de Platform el legado de directores como Theo Angelopoulos, Wim Wenders, señaló: La
incapacidad de elaborar en sentido individual y colectivo es el producto de una doble barbarie, la de
un pasado brutal y ciego –el de a dictadura comunista–, y una nueva barbarie representada por la
mercantilización destructiva de las relaciones sociales y de los paisajes naturales, urbanos, humanos ”.
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