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\\ Índice \ Número 1, invierno de 2007
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Rosario otra vez
[1]
1Santiago Rusiñol y Prats (1861-1931). Pintor y escritor español, representante del modernismo catalán. Precedido por el elogio de Rubén Darío, Rusiñol desembarcó en Buenos Aires en 1910 como una de las muchas personalidades invitadas a los festejos del Centenario, para el estreno de su obra de teatro La mare. Como ocurría cotidianamente entonces, del mismo barco bajaron con él cientos de inmigrantes de distintos países de Europa. La peripecia de los pobres del Viejo Continente en América interesa vivamente a Rusiñol, que decide seguir su mismo derrotero y así conoce Rosario. Casi un siglo después Antoni Martí Monterde vuelve sobre los pasos de Rusiñol, a quien se atribuye la clarividencia de haber sospechado, en la orgullosa Argentina de su tiempo, las condiciones para la decadencia de la que retrata su epígono en L’erosió (2001), de donde proviene el fragmento que se publica en esta edición.
Buenos Aires rewind
[2]
2(...) Y pasó tal cual lo acabo de contar.
Me llevé el recuerdo a Nueva York
y más allá. Me lo llevé donde quiera que fui.
Todo el camino hasta aquí, hasta la terraza
del Jockey Club de Rosario, Argentina.
Desde donde miro el ancho río
que devuelve la luz de las abiertas ventanas
del comedor. Me quedo fumando un cigarro,
escuchando el murmullo de los socios
y sus mujeres adentro, el leve sonido
metálico de los cubiertos contra los platos. Estoy vivo
y bien, ni feliz ni infeliz,
aquí en el Hemisferio Sur. (...)
Raymond Carver
«Jockey Club», en Diario de Poesía nº 12. Buenos Aires, 1989.
La traducción que se publica es de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich.
Buenos Aires rewind
[3]
3Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.
Es un día de calor sofocante
y en el asfalto recalentado
vemos la sombra de un pájaro negro
que vuela en círculos,
como satélite de nuestra desgracia.
Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
ruge todavía en la cancha.
Acabamos de perder el campeonato.
La cabina del auto es un horno a leña;
los asientos queman y el sol que pega
en el vidrio, enceguece.
Pero no importa, como dos bonzos
dispuestos a inmolarse,
nos sentamos y enciendo el motor:
Fabián Casas y su padre
van en coche al muere.
Fabián Casas
De Bueno, eso es todo (Ediciones Deldiego, Buenos Aires, 2000).
La derrota de la lignina
[4]
4Comparadas con las de Madrid, las noches de Valencia resultan mucho más dramáticas. En Valencia se esperan sorpresas apenas se pone el sol. En Madrid no hay sorpresas que esperar. El cañoneo es constante. Se vive perennemente en el filo de la muerte. En cualquier instante los obuses enemigos pueden penetrar en vuestra casa, llevarse vuestro balcón, abrirle un nuevo hueco a la torre de Telefónica —llamada por los madrileños “el colador”—, matar al pobre empleado que sale de una estación de metro, echar abajo una iglesia, llenar vuestra sopera de cristales rotos… En tales circunstancias, los madrileños han optado por la más heroica solución: viven como si nada ocurriera.
Han abolido el luto.
Concurren a sus oficinas. Conservan su elegancia tradicional de otros tiempos. Van al cine para aplaudir a Marlene Dietrich y Greta Garbo. A la “hora de la cerveza” —pues la cerveza es la única bebida que escasea algunas veces y su expendio se verifica a horas fijas— se reúnen en sus cafés habituales...
¿Inocencia?
¡No! Tal actitud se explica por la preexistencia en el carácter español de esa forma superior de la conciencia y de la serenidad que es el valor. Sin tener vocación de héroes, todos los habitantes de Madrid han sido capaces de heroísmo cuando las circunstancias lo han exigido.
Y para darse cuenta de ello, basta echar una mirada sobre el espectáculo que nos rodea. La Cibeles con sus leones rotos. La Gran Vía y la Calle de Alcalá roídas por las explosiones. La puerta del Sol con sus edificios de cuatro pisos vaciados por las bombas aéreas. La habitación que yo solía ocupar en el hotel Gredos —Plaza del Callao— abierta sobre la calle por un obús que le llevó dos metros de pared...
Frente a nuestro hotel, situado en un costado de la Plaza de Santa Ana, una iglesia deshecha por los bombardeos exhibe sus heridas.
El botones que me ayuda a subir mis maletas al quinto piso va cantando distraídamente, a media voz: Madrid, qué bien te guardan,/ Madrid, qué bien te guardan,/ Madrid, qué bien te guardan,/ mamita mía,/ tus milicianos,/ tus milicianos.
Alejo Carpentier
De Entrada en Madrid (Instituto Cubano del Libro, Editorial Arte y Literatura,
La Habana, 1976), que reúne las crónicas publicadas por el autor en el periódico «Carteles» entre los años 1926 y 1937. (España bajo las bombas III, 10 de octubre de 1937).
Humor
Max Cachimba
"Los aventureros del culo del mundo" folletín en periódicas entregas.
Transatlántico
Periódico de arte, cultura y desarrollo
del Centro Cultural Parque de España / AECID,
Sarmiento y río Paraná, (2000) Rosario,
Provincia de Santa Fe, Argentina.
Teléfonos: (+54 341) 426-0941 y 440-2724
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