Transatlántico

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina.
Número 4, otoño de 2008

Leyendo -T

Indice

1

   

El mes de las fiestas

2

 

Epifanía del barroco

3

 

La Milla de las damas

4

 

Incendiando Madrid

5

 

Ciudades flotantes

6

 

10 x CCE.C

7

 

Encuentro con el oráculo

8

 

Pasajera en trance

9

 

Qué me importa

10

 

Contratapa


Contratapa
De la libreta del Director

El presidente y el novelista

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Arte-arquitectura

Ciudades flotantes

por Cecilia Vallina:
Lejos de los relatos de ciudades utópicas, que detallaban la representación de un mundo organizado en el cual se consideraban todo y cada unos de los conflictos comunitarios, el artista plástico y arquitecto Tomás Saraceno produce artefactos imperfectos que no prometen el fin de las pasiones sino, apenas, experimentar cómo sería la vida en el aire.


"L “La Geografía de la Percepción, conocida también como Geografía de la Subjetividad, nació allá por los ’60 para denunciar el esquematismo de los modelos disciplinares en los que la localización espacial de las actividades en el territorio está dominada por una perfecta racionalidad económica del hombre. Pero fueron los mismos geógrafos quienes advirtieron que determinados elementos del paisaje urbano, como los bordes o las líneas de separación, las sendas, los nodos, ciertos hitos, cobran un valor diferencial en la configuración subjetiva que los ciudadanos poseen del espacio en el que habitan.

Quizás porque Tomás Saraceno ideó, a lo largo de su vida, su propia superficie de percepción, una nueva ciudad poblada de las marcas que recogió en todas aquellas en las que vivió y aprendió —desde Tucumán don de nació en 1973, hasta las que conoció en Italia donde vivió cuando sus padres se exiliaron, las de clima seco en San Luis por las que pasó, o las húmedas como Buenos Aires donde se recibió de arquitecto en la UBA, o las más frías de Alemania, como Frankfurt, donde vive y trabaja ahora— le resulta familiar hablar y dar forma a su proyecto “ciudades flotantes”.

Es correcto decir que Saraceno trabaja en sus obras un cruce entre arte y arquitectura. No es un fenómeno nuevo y el fracaso del proyecto utópico de la arquitectura moderna cuenta ya con una larga tradición. Pero Saraceno no se deja atrapar tan fácil. Sus obras no le rinden pleitesía a ningún municipio para subir el valor simbólico de su imagen internacional y, por lo tanto, su cotización como metrópoli en la que invertir y hacer buenos negocios. Sus estructuras moleculares, sus globos, sus formas plateadas o transparentes movidas por la energía del sol son objetos bellos que viajan por el cielo con la aspiración de ser algo más de lo que son ser, algún día, ciudades flotantes en las que las personas puedan vivir. No habitan aquí las viejas ambiciones moder nas, no hay afán de permanencia, hambre de monumento, aspiración de irrepetibilidad. Las patentes que crea Saraceno quedan liberadas después de un tiempo determinado para que otros las puedan usar sin auto rización. Pero, sin embargo, sus obras se ubican más allá del mero cruce de disciplinas, de saberes que se expanden hasta cruzar límites ajenos.

Porque lo que Saraceno construye son artefactos paraarquitectónicos elaborados para dar cabida a nuevas situaciones sociales, o, mejor, a “nuevas formas de sociabilidad”. Artefactos construidos con el rigor del cálculo matemático que exige cualquier aparato que pretenda sostenerse en el aire, impulsados por estímulos “neosituacionistas” que permitan la deriva y la sorpresa sin otro rumbo que el de la construcción abierta y comunitaria. Un espacio habitable y disponible para ser ocupado por una nueva forma de vivir que no comienza en un futuro utópico sino en el presente de la experiencia, en el único tiempo que puede mar car nuevos sentidos a la vida. Las obras de Saraceno, concebidas como piezas de su proyecto de creación de una comunidad aérea, son On air, una instalación inflable de tres pisos que se puede escalar y se asemeja a una vivienda que puede volar y albergar a muchos, se presentó en la 27º Bienal de San Pablo, convocada bajo el lema “Como vivir juntos”, nombre tomado de un seminario de oland Barthes de 1977; On water, un lago flotante sobre una superficie transparente, prototipo de almacenamiento del agua de la lluvia que habrá de abastecer a los ciudadanos aeronautas; Flying Gardens , jardines adaptados para la habitabilidad humana y para la germinación de un tipo peculiar de planta sin raíces; Solar machine, globos que elevan a pasajeros utilizando la energía solar como combustible; y Air Port Citys, plataformas globulares flotantes y habitables que se unirían o se dividirían formando metrópolis nómades y cambiantes en las que no imperarían las fronteras políticas, culturales o geográficas y en las que regiría la legislación internacional.

Todas ellas fueron exhibidas en los centros neurálgicos en los que se testean las más sutiles vibraciones del arte contemporáneo y, todas ellas, vuelven a poner en escena un nuevo modo de conquista del espacio pero ya no como un tema de la literatura de cien cia ficción o de la carrera armamentística o como misión de avanzada para clonar la Tierra más allá de la Tierra, sino como la necesidad de inventar, junto con la obra, el espacio que la circunda y el horizonte de existencia que traería esa nueva vida en común, esta vez, en el aire.

Gyula Kosice, el inspirador de Saraceno, se había atrevido en su doble carácter de artista —fue uno de los fundadores del movimiento Madí en el que reclamaba ambientes y formas móviles y desplazables— y arquitecto a proclamar en el Manifiesto de la Ciudad Hidroespacial, en el ’71, “la construcción del habitat humano, ocupando realmente el espacio a mil o mil quinientos metros de altura, en ciudades concebidas adhoc, con un previo sentimiento de coexistir y otro diferenciado ‘modus vivendi’. La arquitectura ha depen dido del suelo y las leyes gravídicas. Dichas leyes pueden ser utilizadas científicamente para que la vivienda hidroespacial pueda ser una realidad”.

Las casas espaciales que Kosice construía a fines de los sesenta con plexiglas, transparentes y semiovaladas birlo en el sistema de las obras de arte que se alinean en la corriente que el crítico fran cés Nicolás Bourriaud denomina “estética relacional”. Como en Air Port Citys, una obra sobre la cual Saraceno advierte que “no se trata tan sólo de estructuras dinámicas físicas sino también de un pensamiento que rompe con las estructuras culturales, sociales, políticas o legales establecidas para reconvertirlas en nuevos planteamientos considerados por muchos como utópicos”. 2. Más sobre las casas espaciales de Kosice>

Globos movidos por la energía del sol, objetos que viajan por el cielo y que aspiran a ser, algún día, algo más de lo que son: lugares donde la gente pueda vivir

Sincronizados a la perfección, quizás porque ambos habitan en el hemisferio norte, Saraceno en Alemania y Bourriaud en Francia, y ambos circulan por los mis mos circuitos de exhibición y de crítica, el francés había escrito en su libro dedicado a describir la estética relacional “El combate por la modernidad se lleva adelante en los mismos términos que ayer, salvo que la van guardia ya no va abriendo caminos, la tropa se ha detenido, temerosa, alrededor de un campamento de certezas. El arte tenía que preparar o anunciar un mundo futuro hoy modela universos posibles”.

¿Ex mundos futuros contra universos posibles? La paradoja de las obras de Saraceno quizás radique en la mezcla de ambos paradigmas. Hay en sus estructuras flotantes que admiten el encastre infinito, en sus globos que vuelan movidos por la energía solar, en sus jardines aéreos por los que corre el agua suspendida en el cielo, tanto ge la idea pos de la estética relacional de “cómo habitar el mundo dentro de lo real existente”, donde lo real ya existente aparece subrayado con fuerza, e incorpora el problema de cómo vivir en común característico de esta corriente, sus obras no existen sin que él las conciba, las calcule y las pese antes de proyectarlas y elevarlas en el aire. Las obras de Saraceno no son un real ya existente. Punto fundamental que vuelve obsoletos los principios posmodernos que sostienen que aquel que postula universos posibles no propone mundos futuros. “Hace más de un año, —afirma Sarraceno respecto de su obra— con la ayuda de ingenieros y abogados, aproveché la aplicación de un nuevo material, denominado aerogel, a vehículos para que fueran más ligeros que el aire. Estos vehículos necesitan un gas menos pesado que el aire para elevarse helio, hidrógeno, aire caliente o una mezcla de estos o de otros. El uso de aerogel da a estos automóviles la posibilidad de volar sólo con energía solar y los convierte en la alternativa más eficiente para nuestra futura movilidad y para una posible colonización del cielo. Ya no necesitaríamos más aeropuertos, la polución del aire se acabaría; serían alternativas eficientes para los nuevos satélites y surgirían nuevas posibilidades para comunicarnos”.

Una descripción del aspecto material de un proyecto que aspira a dejar atrás la trama de las relaciones sociales pro poniendo, en principio, un pacto ético por el cual todo conflicto social quedaría anclado en la tierra.

Quizás seria interesante que Saraceno sumara a sus investigaciones —que abarcan desde la resistencia y el peso de materiales como el aerogel, a partir de los cuales sería posible pensar el desarrollo de estructuras habitables suspendidas en el cielo, hasta las posibilidades de sobrevivir en una ciudad flotante de la “tillandsia”, una planta conocida como “clavel del aire”, debido a que sus requerimientos de agua son mínimos y, sin raíces, son capaces de absorber gotas de niebla o de lluvia para cubrir su necesidad de nutrientes—el pensamiento de cientistas sociales que le aportaran una plataforma más desarrollada para “la vida en común” que propone al autor. Tal vez se trate menos del sueño utópico del oland Barthes que, en Cómo vivir juntos, propone un ideal de comunidad humana organizada por una lengua capaz de procesar diferencias, deseos y desigualdades regida sólo por el sueño común del “bien vivir” pero que mira más a los antiguos y su vidas comunitarias entre iguales de las que estaría erradicada la violencia al estar suspendida la contradicción, que del concepto incorporado por el geógrafo marxista David Harvey de “espacios de esperanza” que comparte con Saraceno, al menos en su base, la idea de combinar en un mismo ámbito comunidad y diferencia sin que se excluyan. Porque mientras Saraceno propone para el aire ciudades sin fronteras políticas, culturales ni, por supuesto, geográficas, Harvey, desde la tierra entiende que es necesario torcer la idea de que vivir en comunidad es vivir entre iguales sin conflictos. Lo que Harvey ve en tierra, por ejemplo, en asentamientos de población pobre en Asia, en el movimiento de campesinos en Brasil o en muchas comunidades vecinales que tratan de mejorar las formas de vida en las ciudades con diferentes maneras de hacer las cosas, es precisamente la creación de “espacios de esperanza”. “La gente tiene que vivir, y si no pueden vivir en Manhattan o en los barrios ricos de Madrid tiene que buscar otros lugares. Este no es el tipo de urbanismo que queremos; queremos algo diferente, que congregue a la gente en lugar de segregarla, que es en realidad lo que ha estado pasando en estos últimos treinta años”, dice Harvey para explicar su concepto.

Air Port Citys es como un aeropuerto volante tendrás la capacidad de viajar legal mente en cualquier parte del mundo con las ventajas de la regulación de los aeropuertos. El hecho de trabajar con estas estructuras quiere ser una respuesta a las restricciones políticas, sociales, culturales y militares que son aceptadas actualmente en un esfuerzo por establecer nuevos conceptos de sinergia. Todo se movería mucho más fácilmente, creando relaciones e interrelaciones continuas y más rápidas, y teniendo la posibilidad de escoger las condiciones de vida y los climas preferidos. Serían como entidades en un permanente estado de transformación, similares a las ciudades nómadas. Air Port Citys es como una inmensa estructura sintética que trabaja para conseguir una transformación económica real. Ir de una creencia personal a una colectiva es el primer paso para la realización de esta idea” explica Sarraceno.

Air Port Citys parece guardar alguna correspondencia con “Edilia”, un ejercicio de imaginación utópica presente en el último capítulo de Espacios de Esperanza en el que Harvey esboza una posible sociedad postcapitalista en cual las técnicas infor máticas contemporáneas utilizadas para los intercambios mercantiles impulsarían for mas distintas de organización social y política.

Si “Edilia”, desde las ciencias sociales, propone la creación de nuevos espacios de sociabilidad a partir de las tecnologías de la información y de la comunicación, Air Port Citys experimenta nuevas formas de relación, de intercambio social, características de la estética relacional pero a la que de inmediato desestabiliza al desplegar su obra en un nuevo espacio ético-estético y no en el real ya existente. Sin nostalgias por la armonía perdida ni ansiedad por sostener una esperanza de largo aliento, Saraceno diseña la ciudad voladora. Una galería de imágenes que bien podrían haber sido la fábula compartida de una de esas vanguardias que enseñaron a inventar mundos y, sobre todo, invitaron a convertir la existencia en arte. ≈


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