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Nora Avaro
1. No es que crea que, porque el monstruo le robó su diario íntimo,
algo muy de sí misma, ahora involuntariamente ventilado para lectura
personal del monstruo, haya estado escrito en el lugar. No lo
cree. Pero en la noche (en ésta el calor de las fiestas de fin de año
enfunda en una bolsa de palitos y hojitas y cortecitas aun más rígida
y viscosa su existencia de bicho canasto) no puede dejar de imaginar
al monstruo creyendo, él sí, que si no pudo abrirle la cabeza
con el hacha que guardaba bajo el colchón de dos plazas para alguna
oportunidad y que formaba sobre el colchón de dos plazas una
meseta de la que ella debería haber sospechado con más convicción,
pudo sin embargo descubrir, leyendo su diario íntimo en las noches
(muchas noches de aquí en más para interpretarlo de muchas
maneras cada noche pero con el fin de encontrar por fin una única)
qué había adentro de ésa su cabeza en ciertos momentos en que, colgada
de su rama de bicho canasto, sencillamente se dejaba ir en pensamientos
del todo ignotos que jamás, aunque en eso se esforzara y
se esforzara, podría haber ordenado para luego escribirlos tan campante
en su diario íntimo, apoyados los codos en su escritorio de
madera de pino y mirando de a ratos el río, el mar, el laguito que no
están en su ventana. |
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CUBA
Diego Giordano
Un poco abatido por su visita a La Habana donde
no encuentra la cara barroca de Latinoamérica
sino, antes bien, un antifaz muy bien confeccio
nado para el carnaval turístico, el viajero se dirige
a Santiago de Cuba. Allí, en el sumiso altar de
la iglesia de la Virgen del Cobre, ante un Cristo
ladeado por un saxofón y un Papa, experimenta,
por fin y a sus anchas, la auténtica epifanía
americana del barroco, su mixtura potente
y su insólita naturalidad. |
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New York
Reinaldo Laddaga
¡Es una vergüenza! ¡No conozco la ciudad! A pesar de los quince años
que llevo en ella. Pero no es solamente mi problema: obviamente les
pasa a muchos otros. Pregunto entre mis relaciones quién conoce
verdaderamente esta ciudad, y no responde nadie. No es difícil encontrar
aquí, como en todas partes, personas que encuentran placer en
confesar su familiaridad con tal o cual esquina o bar o plaza inesperadas. Pero basta interrogar a estas mismas personas con alguna
insistencia para darse cuenta de que, como nosotros (como yo), conocen
(creen) una parte muy localizada de New York. ¿Por qué será? |
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Madrid
Martín Guerra Muente
“La Casa Encendida mola, tío”. “Mola mogollón”. “Está guay el lugar”. “Flipo hasta con el nombre”. Estas son las palabras que uno escucha,
en jerga modernísimamente española —la que se usa para definir lo
que está de moda, lo que gusta, lo que alucina a las nuevas generaciones—,
cuando recorre los pasillos, de una asepsia hospitalaria, de
este centro social y cultural. Pero no son sólo jóvenes, ni sólo españoles,
los que pasean por las salas de este lugar, pues su interesante
oferta de actividades convoca a gente de todas las edades y, ciertamente,
de muchos países. |
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Bienvenidos a 1968
Cecilia Vallina
La Geografía de la Percepción, conocida
también como Geografía de la Subjetividad,
nació allá por los ’60 para denunciar el
esquematismo de los modelos disciplinares
en los que la localización espacial de las
actividades en el territorio está dominada
por una perfecta racionalidad económica
del hombre. Pero fueron los mismos geógrafos
quienes advirtieron que determinados
elementos del paisaje urbano, como los
bordes o las líneas de separación, las sen
das, los nodos, ciertos hitos, cobran un
valor diferencial en la configuración subjetiva
que los ciudadanos poseen del espacio
en el que habitan. |
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Centro Cultural España Cordoba
Federico Falco
La casa, por fuera, no dice mucho. Uno podría
pasar por el frente y no reconocerla. Las rejas
de las ventanas son proezas de la herrería,
pero uno podría no fijarse en ellas. Dos ventanas
y una puerta. Unas falsas columnas
corintias a mitad de la manzana. Nada más.
Tal vez ese sea uno de los motivos por el
cual, después de diez años, el Centro Cultural
España Córdoba sigue teniendo ese sabor
a secreto, a reducto un tanto clandestino, fuera
de la quietud y las normales reglas del arte y la
sociedad cordobesa. |
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Bob Dylan
Pablo Makovsky
Bob Dylan aprendió a cantar de nuevo en los últimos años: un fraseo áspero como viento
arenoso. En esa voz, cuyos desvíos dejan
intacta la grandeza clásica de las canciones,
muchos volvieron a escuchar, el último 18 de
marzo en el Hipódromo Independencia de
Rosario, la banda de sonido de sus vidas. |
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Lectura
Patricia Suárez
A diferencia de quienes
se lamentan por las largas de horas de los
vuelos internacionales, Patricia Suárez disfruta,
en la sala de espera del aeropuerto, de horas de lectura robadas al hastío, la desazón o el reclamo.
De usuaria estafada a lectora feliz, y lista para la
paciencia, carga en su bolso de viaje los libros que, si
no la suben al avión, la llevan directamente al cielo. |
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Poesía
Idea Vilariño
Eso
Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.
Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.
(1950) |
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