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\\ Índice \ Número 4, otoño de 2008
Lectura
Pasajera en trance
por Patricia Suárez.
A diferencia de quienes se lamentan por las largas demoras de los vuelos internacionales, Patricia Suárez disfruta,
en la sala de espera del aeropuerto, de horas de lectura robadas al hastío, la desazón o el reclamo.
De usuaria estafada a lectora feliz, y lista para la
paciencia, carga en su bolso de viaje los libros que, si
no la suben al avión, la llevan directamente al cielo.
D Dado que uno nunca sabe si vuelve de un viaje,
las esperas de los aeropuertos deben ser vividas
como los últimos momentos de una gloria
terrena. Si debo hablar por mí, debo decir que
yo voy a cargada de libros a las esperas. También
llevo muchas monedas para usar en las máquinas
expendedoras.
En los últimos años, a excepción de un avión
al que subí en un pueblo fantasma, no hubo
uno solo que no se hubiera demorado. Probablemente
tiene que ver con que Aerolíneas
Argentinas tiene conflictos laborales en todos
los aeropuertos del mundo. Las nuevas normas de viaje indican que uno debe llegar para un
vuelo internacional tres horas antes. ¡Tres horas! Los de seguridad deben creer que la gente no
tiene ocupaciones, que se rasca todo el santo
día. Como sea: los únicos que cumplen esta
norma y llegan tres horas antes son los terroristas.
Están “en personaje”.
Luego, hay que hacer la fila interminable
y jurar a la empleada que nadie nos
entregó “un paquetito” así como tampoco
llevamos una bomba. En la fila interminable,
ya aprovecho y leo de pie, para ir entrando en
materia.
Después se pasa a la sacrosanta sala de
embarque. Hace poco vi el clip de una vieja
canción de la maravillosa Dionne Warwick: “Walk on by”. Está parada en medio de una
sala de aeropuertos —armada en un estudio de
TV— y canta sola, boqueando un poco como
una loca, y chillando: “No puedo soportar
haberte perdido/ pero aunque me veas quebrada y triste: / ¡Seguí tu camino, seguí tu
camino!” Bien: tenemos que evitar a toda costa
que nos pase esto de gritar “¡Seguí tu camino!” en el aeropuerto a los otros pasajeros. Tratemos
de buscar un asiento aislado, pero con discreción. No somos Simón Estilita en el desierto,
nada más queremos leer un poco.
En la sala de espera uno está como en el
purgatorio. Hay almas y cuerpos que ascenderán,
pero tú, incólume argentino, pasarás
horas y horas demorado. De todos modos,
cuando veo titilar el cartelito con el delayed
me palpita el corazón como a una enamorada.
Me abastezco de café o de dulces y
empiezo a leer. Una vez estuve doce horas
leyendo, plena de felicidad. Para alcanzar
este goce precelestial, es importante tener en
cuenta dos puntos. El primero, es que hay que llevar material de diversos géneros literarios. Si uno comete el error de cargar, por
ejemplo, con las obras completas de Dostoyevski,
es probable que acabe en la salita de
guardia del aeropuerto, flanqueado por dos
señores de uniforme blanco. La segunda
cuestión, es que a medida que pasan las
horas, el ambiente se caldea. Aquellos animosos viajeros, que comentaban las delicias
paisajísticas que contemplaron en sus
viajes, de pronto se ponen como una jauría
salvaje. Empiezan a repartir formularios de
quejas, que uno debe llenar, al menos para zafar de sus mordidas. Después gritan, golpean
objetos, amenazan. Hace cinco horas
estábamos entre turistas civilizados y ahora
estamos ante un cuadro del Bosco. Es obvio
que tienen razón; el aeropuerto es el aeropuerto,
no una biblioteca.
Uno está ahí de paso —como en este
mundo, al fin y al cabo—y tarde o temprano,
embarca. El avión carretea, levanta vuelo, pasa
la dichosa azafata con el carrito de bebidas: es
necesario pedir algo fuerte. Abrir entonces el
libro que aún nos queda por leer y seguir,
seguir leyendo, hasta llegar a destino. ≈
Patricia Suárez es narradora, poeta y dramaturga. Nació en Rosario en 1969.
Publicó las novelas Aparte del principio de realidad (EMR, 1998), Un
fragmento de la vida de Irene S. (Colihue, 2004) y Perdida en el momento (Alfaguara, 2004); los libros de cuentos Rata Paseandera (Bajo la una
Nueva, 1998), Esta no es mi noche (Alfaguara, 2005) y Sola otra vez (Marea, 2007); los de poemas Fluido Manchester (Siesta, 2000) y Late (Alción, 2003); y la obra de teatro Trilogía Peronista (Teatro Vivo, 2005),
entre otros. También ha escrito cuentos y teatro infantiles, y administra
el blog http://discretoencanto.blogspot.com
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