Transatlántico

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina.
Número 4, otoño de 2008

Leyendo -T

Indice

1

   

El mes de las fiestas

2

 

Epifanía del barroco

3

 

La Milla de las damas

4

 

Incendiando Madrid

5

 

Ciudades flotantes

6

 

10 x CCE.C

7

 

Encuentro con el oráculo

8

 

Pasajera en trance

9

 

Qué me importa

10

 

Contratapa


Contratapa
De la libreta del Director

El presidente y el novelista

Descargar Transatlántico nº4>

Descargar Pasajera en trance>

 
Lectura

Pasajera en trance

por Patricia Suárez.
A diferencia de quienes se lamentan por las largas demoras de los vuelos internacionales, Patricia Suárez disfruta, en la sala de espera del aeropuerto, de horas de lectura robadas al hastío, la desazón o el reclamo. De usuaria estafada a lectora feliz, y lista para la paciencia, carga en su bolso de viaje los libros que, si no la suben al avión, la llevan directamente al cielo.


D Dado que uno nunca sabe si vuelve de un viaje, las esperas de los aeropuertos deben ser vividas como los últimos momentos de una gloria terrena. Si debo hablar por mí, debo decir que yo voy a cargada de libros a las esperas. También llevo muchas monedas para usar en las máquinas expendedoras.

En los últimos años, a excepción de un avión al que subí en un pueblo fantasma, no hubo uno solo que no se hubiera demorado. Probablemente tiene que ver con que Aerolíneas Argentinas tiene conflictos laborales en todos los aeropuertos del mundo. Las nuevas normas de viaje indican que uno debe llegar para un vuelo internacional tres horas antes. ¡Tres horas! Los de seguridad deben creer que la gente no tiene ocupaciones, que se rasca todo el santo día. Como sea: los únicos que cumplen esta norma y llegan tres horas antes son los terroristas. Están “en personaje”.

Luego, hay que hacer la fila interminable y jurar a la empleada que nadie nos entregó “un paquetito” así como tampoco llevamos una bomba. En la fila interminable, ya aprovecho y leo de pie, para ir entrando en materia.

Después se pasa a la sacrosanta sala de embarque. Hace poco vi el clip de una vieja canción de la maravillosa Dionne Warwick: “Walk on by”. Está parada en medio de una sala de aeropuertos —armada en un estudio de TV— y canta sola, boqueando un poco como una loca, y chillando: “No puedo soportar haberte perdido/ pero aunque me veas quebrada y triste: / ¡Seguí tu camino, seguí tu camino!” Bien: tenemos que evitar a toda costa que nos pase esto de gritar “¡Seguí tu camino!” en el aeropuerto a los otros pasajeros. Tratemos de buscar un asiento aislado, pero con discreción. No somos Simón Estilita en el desierto, nada más queremos leer un poco.

En la sala de espera uno está como en el purgatorio. Hay almas y cuerpos que ascenderán, pero tú, incólume argentino, pasarás horas y horas demorado. De todos modos, cuando veo titilar el cartelito con el delayed me palpita el corazón como a una enamorada. Me abastezco de café o de dulces y empiezo a leer. Una vez estuve doce horas leyendo, plena de felicidad. Para alcanzar este goce precelestial, es importante tener en cuenta dos puntos. El primero, es que hay que llevar material de diversos géneros literarios. Si uno comete el error de cargar, por ejemplo, con las obras completas de Dostoyevski, es probable que acabe en la salita de guardia del aeropuerto, flanqueado por dos señores de uniforme blanco. La segunda cuestión, es que a medida que pasan las horas, el ambiente se caldea. Aquellos animosos viajeros, que comentaban las delicias paisajísticas que contemplaron en sus viajes, de pronto se ponen como una jauría salvaje. Empiezan a repartir formularios de quejas, que uno debe llenar, al menos para zafar de sus mordidas. Después gritan, golpean objetos, amenazan. Hace cinco horas estábamos entre turistas civilizados y ahora estamos ante un cuadro del Bosco. Es obvio que tienen razón; el aeropuerto es el aeropuerto, no una biblioteca.

Uno está ahí de paso —como en este mundo, al fin y al cabo—y tarde o temprano, embarca. El avión carretea, levanta vuelo, pasa la dichosa azafata con el carrito de bebidas: es necesario pedir algo fuerte. Abrir entonces el libro que aún nos queda por leer y seguir, seguir leyendo, hasta llegar a destino. ≈


Patricia Suárez es narradora, poeta y dramaturga. Nació en Rosario en 1969. Publicó las novelas Aparte del principio de realidad (EMR, 1998), Un fragmento de la vida de Irene S. (Colihue, 2004) y Perdida en el momento (Alfaguara, 2004); los libros de cuentos Rata Paseandera (Bajo la una Nueva, 1998), Esta no es mi noche (Alfaguara, 2005) y Sola otra vez (Marea, 2007); los de poemas Fluido Manchester (Siesta, 2000) y Late (Alción, 2003); y la obra de teatro Trilogía Peronista (Teatro Vivo, 2005), entre otros. También ha escrito cuentos y teatro infantiles, y administra el blog http://discretoencanto.blogspot.com


Cooperación ExteriorMinisterio de asuntos exteriores y de cooperación | AECIDMunicipalidad de RosarioCCPE | AECID Centro Cultural Parque de Espaņa