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\\ Índice \ Número 5, invierno de 2008
Praga
La evolución de la revolución
por Miguel Delibes.
LLas angustias pasadas han sido muchas, pero, al menos, hemos sobrevivido y el horizonte
ahora se muestra despejado, me decía un intelectual checo. La esperanza, pues, está en la
calle. Aquello de vamos a construir un mundo mejor para nuestros nietos no sirve ya como
móvil de las multitudes. En la crisis de fe de nuestro tiempo podemos incluir aquella, sin forzar
las cosas, aunque sea de signo materialista. Ante una promesa de esta naturaleza, el hombre
de nuestro tiempo se encoge de hombros y responde: “No me lo fíe tan largo”. Por esta
razón, los “progresistas” checos han aguardado veinte años, pero al cabo de ellos han perdido
la paciencia: no han querido esperar a ver de qué color era el mundo de sus nietos; les
ha bastado barruntar que el camino seguido hasta aquí no conduciría a buen término. El fracaso
económico y el fracaso ideológico de los que ya le he hablado a usted han apremiado la
evolución activada por los escritores y estudiantes. Ya estamos, pues, con el viejo tinglado desmontado,
de cara al futuro: ¿Qué va a suceder en Checoslovaquia?
—Eso mismo me pregunto yo.
—Y se lo pregunta todo el mundo, no crea, pero lo cierto es que se necesitaría
ser profeta para adivinar hasta dónde va a llegar el proceso evolutivo
en aquel país. Una cosa es notoria: la avidez de los hombres nuevos
por demostrar con hechos la sinceridad de sus palabras. Así, aunque
nada hay legislado todavía al respecto, se han producido ya una
serie de novedades muy sintomáticas en Checoslovaquia, subsiguientes
a la crisis del Comité Central y sin que nadie aún las haya sancionado;
por ejemplo: la liberación de la prensa de la censura previa—la
responsabilidad para el gerente—, pese a subsistir el aparato burocrático
y los órganos de la vieja censura; por ejemplo, la creación de una
organización de presos políticos de los años mil novecientos cuarenta
y ocho-sesenta y ocho, para velar por su rehabilitación; por ejemplo, los
frecuentes contactos entre los cuatro obispos checoslovacos y las nuevas
autoridades y la liberación de aquellas del control directo del partido;
por ejemplo, la declaración de varias huelgas obreras—primeras
en veinte años—como respuesta inmediata a la nueva estructura sindical
que se anuncia…
Podría citarle muchos otros datos para demostrarle
la profundidad del cambio operado y la buena disposición de los
nuevos dirigentes, pero basta con estos. Por otro lado, no debe usted
olvidar que en el seno del partido conviven aún los hombres nuevos con
los “duros”, es decir, el forcejeo, en cierto modo y aunque los dogmáticos
hayan sido apeados de los cargos más representativos, prosigue,
aunque naturalmente y, por el momento al menos, el tiempo opera a
favor de los primeros. Como consecuencia de estos cambios espontáneos,
ha llegado una modificación más sustancial y de enunciación
muy simple: el partido ha perdido su omnipotencia. Sus dictados
desde “arriba” están, a partir de ahora, sometidos a crítica y, lo quiera
o no, sus decisiones vienen últimamente trascendidas desde “abajo” por
la voz de la opinión. Esto ya implica una democratización que, probablemente,
si la marcha no se tuerce, sea inicio de una apertura mucho
más vasta.
Pero precisamente en profundizar y extender esta democratización
iniciada está en estos momentos la madre del cordero. El presidente
de la Unión de Escritores, señor Goldstuecker, de quien creo le
hablé ya, se muestra muy optimista a este respecto. De él son estas frases
contundentes: “Los acontecimientos de Checoslovaquia constituyen
la primera tentativa mundial por crear un socialismo democrático”.
“El socialismo probará al mundo que puede ofrecer la más amplia
libertad”. Por su parte, el primer ministro Cernik tampoco se ha mordido
la lengua al hablar a los periodistas: “Mi gobierno aspira—acaba
de decir—a dictar una serie de leyes justas que garanticen al pueblo sus
libertades democráticas”.
El socialismo en democracia, he ahí la fórmula
de los hombres nuevos, la fórmula que, como usted ve, no se recatan
en airear. Ahora queda por ver si la aplicación de esta fórmula es
posible y, de ser posible, si son capaces de salvar todos los obstáculos
para llevarla a la práctica. Esto al margen, es obvio que la democratización
del socialismo envuelve cuestiones de todo tipo: políticas esencialmente,
pero también económicas, religiosas, sociales, etcétera…
El problema político
—Eso, eso; le agradeceré que me lo desmenuce un poquito, porque
de otro modo me temo que voy a quedarme a la luna de
Valencia. Yo no soy político, ¿sabe? A mí la política me trae sin
cuidado, excepto cuando me roza el bolsillo, ¿comprende?
—Claro, claro que le comprendo y le advierto que, desgraciadamente
no está usted solo. ¡Toma, toma, si no hubiera bolsillos! Por mi parte
puedo asegurarle que a mí personalmente, tampoco me atrae la política,
pero me parece una obligación moral no desentenderme de ella.
Ya ve. ¿Qué hubiera pasado si los escritores y estudiantes checos adoptan
su actitud de inhibición? ¿Y qué sería del mundo si cada quisque
se cruzara de brazos y dijese: “Yo voy por donde me lleven. ¡A mí,
plim!”Malo, créame, y yo no digo que la política deba ser lo único que
le preocupe, pero la cosa común hay que vigilarla para que el gato no la
agarre. Pero, bueno, a lo que íbamos. Le digo que la apertura actual en
Checoslovaquia afecta a varias vertientes y, si le parece, le hablaré primero
de la política, después de la economía y, por último, de la religión.
Las tres me parecen muy importantes y si no las separamos vamos a
armar una ensalada que no va a haber cristiano que se entienda.
—De acuerdo. Hábleme usted primero del alcance político de la
evolución.
—Bueno, como habrá visto, la idea básica es esta: Combinar socialismo
y democracia. Tal cosa, ya la habrá advertido, es sumamente
ambiciosa: una auténtica revolución dentro de la revolución. Claro
está que, de entrada, el pueblo expectante se topa con su repertorio de
tabúes: el partido, la URSS, la unidad del bloque socialista, etcétera.
Por otra parte, todas las conquistas parciales de las que le he hablado
y que he calificado de espontáneas, de frutos silvestres de la Primavera
de Praga, precisan de un ordenamiento legal, so pena de que mañana
salga cualquier mequetrefe, encaramado por arte de birlibirloque
y diga: “Se acabó; esto es ilegal”. Comprende, ¿no? Lo primero, pues,
parece que debe ser sancionar lo conseguido, pero, hoy por hoy, según
están las cosas, únicamente el Congreso del partido puede hacerlo y
este parece que reglamentariamente no tiene por qué reunirse—aunque
puede hacerlo— antes de un año aproximadamente. Aquí tiene
usted la primera fricción entre viejos y nuevos: aquellos, frenan; estos
achuchan.
Pero e P.C. si quiere pervivir no tiene otro remedio que
ganarse la confianza del pueblo, del pueblo que precisamente no está
afiliado al P.C., esto es, del pueblo que no es comunista. Ante este
hecho inorillable, el partido no ha tenido otra salida que elaborar un
Programa de acción ciertamente muy sustancioso en el que empieza
por determinar un plazo para dictar las leyes que garanticen libertades
tan fundamentales como la de asociación y reunión; este plazo es
el año en curso, el sesenta y ocho.
Creo que algunos periódicos españoles
han hablado ya de ese programa, pero por si no lo conoce le diré
que, en resumidas cuentas, lo que promete es esto: libertad de expresión
“la censura fuera”; garantías para proteger al ciudadano “subjetivista”,
palabra esta que puede usted traducir por arbitraria; admisión
de los partidos que integran el llamado Frente Nacional —no comunistas—
para la gestión política del país; amplia libertad para la elección
de residencia y salida al extranjero; igualdad de las naciones
checa y eslovaca y respeto para el desarrollo de las minorías húngara,
alemana, etcétera; en economía, incrementar la iniciativa y eliminar
los favoritismos y, por supuesto, mantener la alianza y relaciones con
laURSS, sin que esto suponga exclusividad ni, por otra parte, discriminación
contra los ciudadanos no comunistas. En cuatro palabras,
este es el contenido del documento. Interesante, ¿eh?
Los correctores de la vida política
—Bien, todo esto es la teoría, sugestiva y plausible teoría, pero a uno
se le ocurren de inmediato objeciones de bulto.
Primera: es obvio
que los partidos llamados del Frente Nacional, entre ellos el Popular
Cristiano, sobrevivieron, aún con una vida lánguida y como satélites
del P.C. (más bien como “vis atractiva” de las capas sociales que no
sentían en comunista) tras el golpe del cuarenta y ocho. ¿Cómo asegurar
la democracia y su funcionamiento si el P.C. conserva el monopolio
político, si es él, en exclusiva, quien elabora el Programa de
Acción para el futuro?
Segunda: tampoco el P.C. parece aceptar que
el Frente Nacional constituya la oposición. Para los comunistas, los
correctivos de la vida política deben ser los órganos estatales, esto es,
la Asamblea Nacional, con lo que se corre el riesgo de encerrarse de
nuevo en un círculo vicioso, porque, ¿quiénes componen la Asamblea
Nacional? Hasta ahora, los comunistas. Entonces, para que la
Asamblea como correctivo político fuese eficaz sería preciso celebrar
unas elecciones plenamente libres, en las que compitieran todos los
partidos autorizados con sus diferentes programas. Y tercera: si se
admite la fórmula democrática y el Frente Nacional se erige en oposición,
mañana el F.N., dentro de un normal juego democrático,
puede relegar a la oposición al P.C.
Por de pronto, las personas con
quienes he cambiado impresiones, que son numerosísimas, coinciden
en que el P.C. no ocuparía el poder por sufragio directo: esto es, no ya
el partido sino los simpatizantes, están en minoría. Tales manifestaciones
coinciden con el hecho de que los partidos no comunistas
tolerados hasta a hora en régimen de “numerus clausus” han aumentado
espectacularmente sus efectivos al levantarse la veda política o,
si usted prefiere la limitación. ¿Qué puede ocurrir dentro del tira y
afloja del juego abiertamente democrático? De entrada debo decirle
que el P.C. ha definido sus relaciones con los otros partidos como
“relaciones de copartícipes”, es decir, que los partidos del F.N. admiten
todos ellos de base, la plataforma socialista. Esto, por donde quiera
que se le mire, ya es otro cantar.
—Sí que es complicado el asunto. Y tiene su interés, no crea. Una
vez que uno se mete en ello es como los negocios…
—Pero voy a terminar con el aspecto político, si le parece oportuno,
porque esto es el cuento de nunca acabar. Por lo que le llevo dicho,
observará que el caballo de batalla ahora es la manera de vertebrar la
oposición: esto es, de que la democracia, aún dentro de sus límites, sea
un hecho. El debate no sólo está en el seno del partido sino en los
periódicos, en los cafés y en todas partes. ¡Tendría usted que ver a los
universitarios de veinte o veintidós años hablando a la masa en las plazas
públicas, exponiendo serena e inteligentemente el alcance de la
apertura y su posición respecto a las libertades democráticas que se
anuncian! Es un bello espectáculo, créame, y un auténtico contraste
de pareceres de cara al público. Ante este espectáculo de esta índole
hay que descubrirse y reconocer que la madurez política centroeuropea
es una cosa muy seria. Pero vayamos al grano; le decía que el debate dialéctico está extendido a todas partes, pero en lo que atañe al
seno del partido le diré que es muy fuerte, de una vehemencia de
muchos grados, casi parlamentaria.
Como dato relativo al control
político, puesto que lo que se trata de evitar es volver a caer en la tiranía,
ahí tiene usted la intervención de mi colega, el señor Havel,
redactor de Tvar, la revista que se cargó al seños Novotny en el año
sesenta y cinco. El señor Havel no se ha mordido la lengua al responder
a un miembro del comité que sugería limitar la apertura al “control
de la opinión”. “Esta concepción—voceó Havel—presupone que
se tiene fe en que el gobierno acatará las críticas y sugerencias de la
opinión, pero la democracia es una cuestión de garantías, no de fe.”
¿Qué le parece? Y estas cosas llegan a los periódicos, salen a la calle,
y la gente vibra y no se matan, ni siquiera se sienten amenazados por
ningún apocalipsis, aunque, evidentemente, estén corriendo un riesgo
que tampoco desconocen. Total, el control, la garantía de las libertades,
es el “quid” de la cuestión ahora. Los “cerrados” hablan también
del control posible de las asociaciones masivas: sindicatos, organizaciones
voluntarias, etcétera, pero estas, tal como están estructuradas
actualmente, no tienen, por supuesto, la fuerza del partido, con lo que
mal podrían ejercer la delicada misión de instituciones-gendarmes.
Esto no es obstáculo, y con esto termino y no le doy más la lata sobre
esta cuestión, para que ciertas asociaciones, y me refiero concretamente
a las universitarias y juveniles, no hayan esperado reglamentación
alguna para reorganizarse y robustecerse. La organización única y
exclusiva de la juventud—aún con diversas facetas—, que siempre fue
artificial, esto es, no aceptada por la mayoría, ha sido rota en pedazos.
Ante las defecciones y el nacimiento o renacimiento de organizaciones
prohibidas en un ayer próximo, los “pioneros” se han independizado
y a su lado surgen nuevas entidades que se vigorizan por días. En
lo que atañe a los estudiantes, han liquidado las organizaciones
impuestas, controladas desde arriba, y han constituido los Consejos
Académicos de Estudiantes, ARS, que, a diferencia de la fenecida
Unión de la Juventud Checoslovaca, representan estrictamente a la
juventud Universitaria. Los muchachos, que como ya le dije están
viviendo intensamente el momento político del país, aspiran a desarrollar
su propia vida política —sin injerencias— e incluso a proponer
sus candidatos para las elecciones en la AsambleaNacional. Todo
un ambicioso programa a lo que se ve.
El problema económico
—Vayamos con la economía que, aquí, entre nosotros, es lo que
verdaderamente me interesa. ¿Para dónde apuntas los tiros en
este terreno?
—Esto de la economía, que ha sido el espolazo de la revisión o la gota
que ha rebosado el vaso, requiere, como es lógico y natural, un proceso
de maduración muy meditado y quizá hasta que no se estructure
políticamente el nuevo estado, la reforma económica quede empantanada.
Esto no es óbice para que, vagamente, los reformadores de café
y los rumores que trascienden de las altas esferas señalen los canales
por donde aquella va a discurrir. En primer término, un anhelo general
es el de la convertibilidad de la Korona, problema este que ha forzado
al pueblo checo a una reclusión sin esperanza. Para ello, los
checos, sin romper con Rusia, abrirán sus brazos y su economía a la
Europa Occidental y establecerán las relaciones económicas que les
convengan. De hecho, si en el Programa de Acción del partido figura
como punto relevante la libertad para salir al extranjero, parece
obvio que una medida previa sea la de alcanzar la convertibilidad de
la moneda; de otro modo, el propósito no pasaría de ser letra muerta;
el checo no puede salir de casa con las manos en los bolsillos y
mientras su Korona no obtenga una cotización, la que sea, cualquier
proyecto de moverse por Europa es pura entelequia. De manera que
en el plano del comercio internacional, el plan es buscar los clientes,
para que traigan o para que lleven, donde haga el caso.
En el régimen interior, de puertas adentro, las reformas, aún partiendo
de un socialismo básico, parece que van a ser importantes. La
crisis económica ha sido general y lastimosa, pero el campo, creo yo,
marcha mejor que la industria, o, si usted lo prefiere, menos mal. Por
de pronto, ya es un detalle significativo el hecho de que durante uno
de los sábados que pasé en Checoslovaquia, me topé en la carretera
con una fila interminable de Skodas y Tatras que abandonaban la
ciudad de Brno. Nunca, durante mi visita, había visto tantos coches
juntos e indagué la razón. Mis amigos sonrieron. “La gente de la ciudad
que tiene familia en el campo —me dijeron— marcha allá los
fines de semana para comer bien.” Se da cuenta, ¿no? Por otro lado,
salta a la vista que el desahogo campesino esmayor que el ciudadano.
En Praga, las colas pasan inadvertidas (salvo la inmensa, serpenteante
cola que se armó para rendir el último tributo a la viuda del admirable
escritor Capek, una gran actriz, que falleció repentinamente
durante mi estancia en Praga y se había distinguido por su apoyo a los
intelectuales en sus aspiraciones democráticas), cosa que no acontece
en provincias. En los pueblos, la vida hace el efecto de más fácil y
engrasada. En todo caso, parece que las cooperativas rurales disfrutarán
en el futuro de una mayor autonomía—concretamente, ellas mismas
se gobernarán y decidirán qué cultivos son los que más les convienen—
e incluso se aprovecharán de las ventajas de la comercialización
de sus productos si, como parece, se abre la mano en este punto.
Sin duda el escollo más duro se presenta en la industria. Hay que
resolver el problema de los bajos rendimientos y el problema de la
actualización de maquinaria y utillaje. Todo esto no es problema de un
día, naturalmente. Habrá que partir del incremento del esfuerzo personal
y a este respecto debo decirle que una conquista del trabajador
checo, quizá un poco precipitada, es la de holgar un sábado de cada
dos. Es decir, todas las semanas son “inglesas”, pero dos sábados al mes no se trabaja tampoco por la mañana. Pero esto son cominerías. Lo
revolucionario en el aspecto económico son los puntos del “nuevo
sistema” según el cual se trata de conceder mayor independencia a las
empresas estatales e incluso se piensa en dar entrada a la competencia.
Sin competencia no hay estímulo y el estímulo es, evidentemente,
un elemento que hay que inyectar a toda prisa en el organismo económico
checo.
Tales autonomía —aunque relativa siempre— y competencia
traen de la mano la descentralización industrial y comercial,
tan cacareadas y tan necesarias. Este punto es tan fundamental que
muchos checos con quienes he hablado creen a pies juntillas que en
este extremo se ganará o se perderá la batalla de la proyectada democratización.
En este aspecto nada se puede vaticinar; no hay más que
echarle calma al asunto y esperar a ver por dónde sale el sol. Mis
buenos amigos praguenses me hacían ver que en 1956 la economía
polaca tuvo una oportunidad semejante a la actual checa y después de
muchos dimes y diretes terminaron retornando a la economía férreamente
centralizada. En suma, lo que le digo, paciencia y barajar.
Un último punto, fundamental, atañe a la significación futura de los
sindicatos. Creo ya le hablé de las huelgas producidas recientemente,
en cuanto el partido tuvo que aflojar el lazo. Bueno, pues los sindicatos
se manejaron hasta hoy desde arriba como “palanca de transmisión”,
esto es, no como defensa de los trabajadores, sino como defensa
de la producción. El partido les confiaba la vigilancia de la vaca de
leche, pero la dichosa vaca amanecía cada mañana más escuálida y con
las ubres más secas. A partir de estemomento, las cosas van a cambiar.
Los sindicatos dejarán de ser fiscales de la producción y recobrarán su
función original: la defensa de los intereses de los operarios, ya que la
fórmula socialista no se ha demostrado que achique el estómago de los
trabajadores ni les ponga a cubierto de todo anhelo reivindicador.
Apertura, pues, en la economía, esto es, enervamiento del centralismo,
acceso a la iniciativa y establecimiento de estímulos.
El problema religioso
— ¿Y cuál era el otro punto, que ya no recuerdo?
—El religioso, asunto sumamente delicado éste, puesto que aunque,
según se desprende de la asistencia a los cultos, la juventud haya
entrado, tras cuatro lustros de educación atea, en el escepticismo, es
obvio, como ya le anticipé, que el pueblo checoslovaco tiene un trasfondo
religioso muy vivo. Esto salta a la vista en todas partes. Por
otro lado, nadie puede predecir que en Checoslovaquia no ocurra
mañana lo que hoy está ocurriendo en Yugoslavia, esto es, que la
mayor parte de la juventud retorne a las prácticas religiosas. Los
jóvenes del mundo entero están hartos de vanas idolatrías y buscan
asideros estables. Nada encierra, pues, de extraño que, tras sus escarceos
racionalistas, vuelvan nuevamente a la religión.
De aquí que los
cuatro obispos checos que hoy actúan no oculten su optimismo ante
la nueva situación. Estos señores han estado en Roma y de otra parte
sus contactos con el gobierno de su país son constantes y amistosos.
En este punto hay mucha tela que cortar: representación ante la Santa
Sede, seminarios, órdenes religiosas, etcétera. Creo, le dije ya, que
algunas de estas órdenes han sido autorizadas para establecerse de
nuevo en Praga (las Hermanas de San Vicente de Paúl, entre ellas). El
gobierno tampoco puede en este extremo desatender la presión del
pueblo creyente, presión que ha empezado por desacreditar y desalojar
—haciéndoles dimitir— a ciertos sacerdotes que en un momento
dado se arrogaron la representación de la Iglesia. A cambio, gran
número de sacerdotes y algún obispo encarcelados en las depuraciones
de los años cincuenta, solicitan la pronta reincorporación a sus
cargos. Es incontestable que estos casos serán resueltos en la Ley de
Rehabilitaciones, que es uno de los empeños abordados por el gobierno
con mayor premura. En una palabra, la liberalización que se avecina,
notoria ya en mil detalles significativos, afectará también, como
era de rigor, a las Iglesias y, muy especialmente, a la católica, que es la
confesión más extendida. Por de pronto constituye un paso decisivo
el hecho de que los obispos checos lleven ya varias semanas actuando
sin el control y la fiscalización del partido.
¿Socialismo en democracia?
—¿Y cómo ve usted todo esto?
—Yo no veo nada sino lo que ya está ahí, y lo que ya está ahí y lo que
se anuncia no puedo por lo menos de verlo con enorme simpatía. De
otra parte, no se me ocultan las dificultades que entorpecerán la conclusión
feliz de este experimento. De poco valen la mesura y la prudencia
de que están haciendo gala los hombres de Praga si otro más
fuerte se obstina en reventarles la función. El mundo está hoy entre
paréntesis y los colosos de un lado y de otro pueden dar al traste con
cualquier evolución, por muy “asunto interno” que ésta sea. Tenemos
precedentes de ello para todos los gustos. De manera que la primera
dificultad de los nuevos hombres estriba en vencer el recelo de los
rusos —que a mi regreso se han puesto a hacer “maniobras” en la
misma línea fronteriza checo-polaca evidentemente con una finalidad
disuasoria—, la oposición de los “duros” y la cuquería de los reaccionarios
conservadores. Después de salvar estas vallas, que son más
altas de lo que usted pueda imaginar, los checos tienen que “inventar”
el sistema por el que desean regirse, ya que como muy certeramente
dijo el Presidente de la Unión, este camino no ha sido hollado todavía,
es decir, no hay precedentes.
Una vez decididas las normas del sistema
es preciso institucionalizarlas. En todo caso, la pregunta esencial
queda en el aire: ¿Es posible el socialismo en democracia? Esta es
la cuestión, al margen de las dificultades que otros puedan crearles. A
este respecto es preciso señalar que desde hace cincuenta años el
socialismo únicamente se ha sostenido en régimen de dictadura. Por
otro lado no puede ocultarse, que las conquistas de las revoluciones,
de entrada se imponen y, finalmente, se aceptan en lo que tienen de
justas. Quiero decirle con esto que el socialismo en democracia difícilmente
puede sobrevivir si la oposición—teniendo detrás a la mayoría
del pueblo—se obstina un día en darle la vuelta. Lo que queda por
ver es si al cabo de medio siglo, el pueblo checo, que es un pueblo perspicaz
y sumamente maduro, no parte de una aceptación de un esquema
socialista en economía, para afrontar, dentro de ese esquema, la
libertad política. Esto sería sin lugar a dudas una gran conquista. Por
eso lo decía hace pocos días que lo de Praga puede quedar en agua de
borrajas o puede constituir un hito en la historia del mundo.
—Como el perro de “El Rey que rabió”, poco más o menos.
—Mire, por mi, tómelo como quiera. [5]
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