Transatlántico

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina.
Número 5, invierno de 2008

Foto: Lancaster. Praga, 27 de agosto de 1968.

Indice

1

   

¿Fin de la impaciencia?

2

 

Tucumán Arde

3

 

La imaginación al poder

4

 

El PCI para los jóvenes

5

 

La evolución de la revolución

6

 

Tlatelolco

7

 

Rulfo: el silencio interrumpido

8

 

Vietnam

9

 

Un nuevo Zaratustra

10

 

Los poetas bajaron del Olimpo

11

 

Contratapa


Contratapa

Humor: Roberto Fontanarrosa

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Praga

La evolución de la revolución

por Miguel Delibes.


LLas angustias pasadas han sido muchas, pero, al menos, hemos sobrevivido y el horizonte ahora se muestra despejado, me decía un intelectual checo. La esperanza, pues, está en la calle. Aquello de vamos a construir un mundo mejor para nuestros nietos no sirve ya como móvil de las multitudes. En la crisis de fe de nuestro tiempo podemos incluir aquella, sin forzar las cosas, aunque sea de signo materialista. Ante una promesa de esta naturaleza, el hombre de nuestro tiempo se encoge de hombros y responde: “No me lo fíe tan largo”. Por esta razón, los “progresistas” checos han aguardado veinte años, pero al cabo de ellos han perdido la paciencia: no han querido esperar a ver de qué color era el mundo de sus nietos; les ha bastado barruntar que el camino seguido hasta aquí no conduciría a buen término. El fracaso económico y el fracaso ideológico de los que ya le he hablado a usted han apremiado la evolución activada por los escritores y estudiantes. Ya estamos, pues, con el viejo tinglado desmontado, de cara al futuro: ¿Qué va a suceder en Checoslovaquia?

—Eso mismo me pregunto yo.

—Y se lo pregunta todo el mundo, no crea, pero lo cierto es que se necesitaría ser profeta para adivinar hasta dónde va a llegar el proceso evolutivo en aquel país. Una cosa es notoria: la avidez de los hombres nuevos por demostrar con hechos la sinceridad de sus palabras. Así, aunque nada hay legislado todavía al respecto, se han producido ya una serie de novedades muy sintomáticas en Checoslovaquia, subsiguientes a la crisis del Comité Central y sin que nadie aún las haya sancionado; por ejemplo: la liberación de la prensa de la censura previa—la responsabilidad para el gerente—, pese a subsistir el aparato burocrático y los órganos de la vieja censura; por ejemplo, la creación de una organización de presos políticos de los años mil novecientos cuarenta y ocho-sesenta y ocho, para velar por su rehabilitación; por ejemplo, los frecuentes contactos entre los cuatro obispos checoslovacos y las nuevas autoridades y la liberación de aquellas del control directo del partido; por ejemplo, la declaración de varias huelgas obreras—primeras en veinte años—como respuesta inmediata a la nueva estructura sindical que se anuncia…

Podría citarle muchos otros datos para demostrarle la profundidad del cambio operado y la buena disposición de los nuevos dirigentes, pero basta con estos. Por otro lado, no debe usted olvidar que en el seno del partido conviven aún los hombres nuevos con los “duros”, es decir, el forcejeo, en cierto modo y aunque los dogmáticos hayan sido apeados de los cargos más representativos, prosigue, aunque naturalmente y, por el momento al menos, el tiempo opera a favor de los primeros. Como consecuencia de estos cambios espontáneos, ha llegado una modificación más sustancial y de enunciación muy simple: el partido ha perdido su omnipotencia. Sus dictados desde “arriba” están, a partir de ahora, sometidos a crítica y, lo quiera o no, sus decisiones vienen últimamente trascendidas desde “abajo” por la voz de la opinión. Esto ya implica una democratización que, probablemente, si la marcha no se tuerce, sea inicio de una apertura mucho más vasta.

Pero precisamente en profundizar y extender esta democratización iniciada está en estos momentos la madre del cordero. El presidente de la Unión de Escritores, señor Goldstuecker, de quien creo le hablé ya, se muestra muy optimista a este respecto. De él son estas frases contundentes: “Los acontecimientos de Checoslovaquia constituyen la primera tentativa mundial por crear un socialismo democrático”. “El socialismo probará al mundo que puede ofrecer la más amplia libertad”. Por su parte, el primer ministro Cernik tampoco se ha mordido la lengua al hablar a los periodistas: “Mi gobierno aspira—acaba de decir—a dictar una serie de leyes justas que garanticen al pueblo sus libertades democráticas”.

El socialismo en democracia, he ahí la fórmula de los hombres nuevos, la fórmula que, como usted ve, no se recatan en airear. Ahora queda por ver si la aplicación de esta fórmula es posible y, de ser posible, si son capaces de salvar todos los obstáculos para llevarla a la práctica. Esto al margen, es obvio que la democratización del socialismo envuelve cuestiones de todo tipo: políticas esencialmente, pero también económicas, religiosas, sociales, etcétera…


El problema político

—Eso, eso; le agradeceré que me lo desmenuce un poquito, porque de otro modo me temo que voy a quedarme a la luna de Valencia. Yo no soy político, ¿sabe? A mí la política me trae sin cuidado, excepto cuando me roza el bolsillo, ¿comprende?

—Claro, claro que le comprendo y le advierto que, desgraciadamente no está usted solo. ¡Toma, toma, si no hubiera bolsillos! Por mi parte puedo asegurarle que a mí personalmente, tampoco me atrae la política, pero me parece una obligación moral no desentenderme de ella. Ya ve. ¿Qué hubiera pasado si los escritores y estudiantes checos adoptan su actitud de inhibición? ¿Y qué sería del mundo si cada quisque se cruzara de brazos y dijese: “Yo voy por donde me lleven. ¡A mí, plim!”Malo, créame, y yo no digo que la política deba ser lo único que le preocupe, pero la cosa común hay que vigilarla para que el gato no la agarre. Pero, bueno, a lo que íbamos. Le digo que la apertura actual en Checoslovaquia afecta a varias vertientes y, si le parece, le hablaré primero de la política, después de la economía y, por último, de la religión. Las tres me parecen muy importantes y si no las separamos vamos a armar una ensalada que no va a haber cristiano que se entienda.

—De acuerdo. Hábleme usted primero del alcance político de la evolución.

—Bueno, como habrá visto, la idea básica es esta: Combinar socialismo y democracia. Tal cosa, ya la habrá advertido, es sumamente ambiciosa: una auténtica revolución dentro de la revolución. Claro está que, de entrada, el pueblo expectante se topa con su repertorio de tabúes: el partido, la URSS, la unidad del bloque socialista, etcétera. Por otra parte, todas las conquistas parciales de las que le he hablado y que he calificado de espontáneas, de frutos silvestres de la Primavera de Praga, precisan de un ordenamiento legal, so pena de que mañana salga cualquier mequetrefe, encaramado por arte de birlibirloque y diga: “Se acabó; esto es ilegal”. Comprende, ¿no? Lo primero, pues, parece que debe ser sancionar lo conseguido, pero, hoy por hoy, según están las cosas, únicamente el Congreso del partido puede hacerlo y este parece que reglamentariamente no tiene por qué reunirse—aunque puede hacerlo— antes de un año aproximadamente. Aquí tiene usted la primera fricción entre viejos y nuevos: aquellos, frenan; estos achuchan.

Pero e P.C. si quiere pervivir no tiene otro remedio que ganarse la confianza del pueblo, del pueblo que precisamente no está afiliado al P.C., esto es, del pueblo que no es comunista. Ante este hecho inorillable, el partido no ha tenido otra salida que elaborar un Programa de acción ciertamente muy sustancioso en el que empieza por determinar un plazo para dictar las leyes que garanticen libertades tan fundamentales como la de asociación y reunión; este plazo es el año en curso, el sesenta y ocho.

Creo que algunos periódicos españoles han hablado ya de ese programa, pero por si no lo conoce le diré que, en resumidas cuentas, lo que promete es esto: libertad de expresión “la censura fuera”; garantías para proteger al ciudadano “subjetivista”, palabra esta que puede usted traducir por arbitraria; admisión de los partidos que integran el llamado Frente Nacional —no comunistas— para la gestión política del país; amplia libertad para la elección de residencia y salida al extranjero; igualdad de las naciones checa y eslovaca y respeto para el desarrollo de las minorías húngara, alemana, etcétera; en economía, incrementar la iniciativa y eliminar los favoritismos y, por supuesto, mantener la alianza y relaciones con laURSS, sin que esto suponga exclusividad ni, por otra parte, discriminación contra los ciudadanos no comunistas. En cuatro palabras, este es el contenido del documento. Interesante, ¿eh?


Los correctores de la vida política

—Bien, todo esto es la teoría, sugestiva y plausible teoría, pero a uno se le ocurren de inmediato objeciones de bulto.

Primera: es obvio que los partidos llamados del Frente Nacional, entre ellos el Popular Cristiano, sobrevivieron, aún con una vida lánguida y como satélites del P.C. (más bien como “vis atractiva” de las capas sociales que no sentían en comunista) tras el golpe del cuarenta y ocho. ¿Cómo asegurar la democracia y su funcionamiento si el P.C. conserva el monopolio político, si es él, en exclusiva, quien elabora el Programa de Acción para el futuro?

Segunda: tampoco el P.C. parece aceptar que el Frente Nacional constituya la oposición. Para los comunistas, los correctivos de la vida política deben ser los órganos estatales, esto es, la Asamblea Nacional, con lo que se corre el riesgo de encerrarse de nuevo en un círculo vicioso, porque, ¿quiénes componen la Asamblea Nacional? Hasta ahora, los comunistas. Entonces, para que la Asamblea como correctivo político fuese eficaz sería preciso celebrar unas elecciones plenamente libres, en las que compitieran todos los partidos autorizados con sus diferentes programas. Y tercera: si se admite la fórmula democrática y el Frente Nacional se erige en oposición, mañana el F.N., dentro de un normal juego democrático, puede relegar a la oposición al P.C.

Por de pronto, las personas con quienes he cambiado impresiones, que son numerosísimas, coinciden en que el P.C. no ocuparía el poder por sufragio directo: esto es, no ya el partido sino los simpatizantes, están en minoría. Tales manifestaciones coinciden con el hecho de que los partidos no comunistas tolerados hasta a hora en régimen de “numerus clausus” han aumentado espectacularmente sus efectivos al levantarse la veda política o, si usted prefiere la limitación. ¿Qué puede ocurrir dentro del tira y afloja del juego abiertamente democrático? De entrada debo decirle que el P.C. ha definido sus relaciones con los otros partidos como “relaciones de copartícipes”, es decir, que los partidos del F.N. admiten todos ellos de base, la plataforma socialista. Esto, por donde quiera que se le mire, ya es otro cantar.

—Sí que es complicado el asunto. Y tiene su interés, no crea. Una vez que uno se mete en ello es como los negocios…

—Pero voy a terminar con el aspecto político, si le parece oportuno, porque esto es el cuento de nunca acabar. Por lo que le llevo dicho, observará que el caballo de batalla ahora es la manera de vertebrar la oposición: esto es, de que la democracia, aún dentro de sus límites, sea un hecho. El debate no sólo está en el seno del partido sino en los periódicos, en los cafés y en todas partes. ¡Tendría usted que ver a los universitarios de veinte o veintidós años hablando a la masa en las plazas públicas, exponiendo serena e inteligentemente el alcance de la apertura y su posición respecto a las libertades democráticas que se anuncian! Es un bello espectáculo, créame, y un auténtico contraste de pareceres de cara al público. Ante este espectáculo de esta índole hay que descubrirse y reconocer que la madurez política centroeuropea es una cosa muy seria. Pero vayamos al grano; le decía que el debate dialéctico está extendido a todas partes, pero en lo que atañe al seno del partido le diré que es muy fuerte, de una vehemencia de muchos grados, casi parlamentaria.

Como dato relativo al control político, puesto que lo que se trata de evitar es volver a caer en la tiranía, ahí tiene usted la intervención de mi colega, el señor Havel, redactor de Tvar, la revista que se cargó al seños Novotny en el año sesenta y cinco. El señor Havel no se ha mordido la lengua al responder a un miembro del comité que sugería limitar la apertura al “control de la opinión”. “Esta concepción—voceó Havel—presupone que se tiene fe en que el gobierno acatará las críticas y sugerencias de la opinión, pero la democracia es una cuestión de garantías, no de fe.” ¿Qué le parece? Y estas cosas llegan a los periódicos, salen a la calle, y la gente vibra y no se matan, ni siquiera se sienten amenazados por ningún apocalipsis, aunque, evidentemente, estén corriendo un riesgo que tampoco desconocen. Total, el control, la garantía de las libertades, es el “quid” de la cuestión ahora. Los “cerrados” hablan también del control posible de las asociaciones masivas: sindicatos, organizaciones voluntarias, etcétera, pero estas, tal como están estructuradas actualmente, no tienen, por supuesto, la fuerza del partido, con lo que mal podrían ejercer la delicada misión de instituciones-gendarmes. Esto no es obstáculo, y con esto termino y no le doy más la lata sobre esta cuestión, para que ciertas asociaciones, y me refiero concretamente a las universitarias y juveniles, no hayan esperado reglamentación alguna para reorganizarse y robustecerse. La organización única y exclusiva de la juventud—aún con diversas facetas—, que siempre fue artificial, esto es, no aceptada por la mayoría, ha sido rota en pedazos.

Ante las defecciones y el nacimiento o renacimiento de organizaciones prohibidas en un ayer próximo, los “pioneros” se han independizado y a su lado surgen nuevas entidades que se vigorizan por días. En lo que atañe a los estudiantes, han liquidado las organizaciones impuestas, controladas desde arriba, y han constituido los Consejos Académicos de Estudiantes, ARS, que, a diferencia de la fenecida Unión de la Juventud Checoslovaca, representan estrictamente a la juventud Universitaria. Los muchachos, que como ya le dije están viviendo intensamente el momento político del país, aspiran a desarrollar su propia vida política —sin injerencias— e incluso a proponer sus candidatos para las elecciones en la AsambleaNacional. Todo un ambicioso programa a lo que se ve.


El problema económico

—Vayamos con la economía que, aquí, entre nosotros, es lo que verdaderamente me interesa. ¿Para dónde apuntas los tiros en este terreno?

—Esto de la economía, que ha sido el espolazo de la revisión o la gota que ha rebosado el vaso, requiere, como es lógico y natural, un proceso de maduración muy meditado y quizá hasta que no se estructure políticamente el nuevo estado, la reforma económica quede empantanada. Esto no es óbice para que, vagamente, los reformadores de café y los rumores que trascienden de las altas esferas señalen los canales por donde aquella va a discurrir. En primer término, un anhelo general es el de la convertibilidad de la Korona, problema este que ha forzado al pueblo checo a una reclusión sin esperanza. Para ello, los checos, sin romper con Rusia, abrirán sus brazos y su economía a la Europa Occidental y establecerán las relaciones económicas que les convengan. De hecho, si en el Programa de Acción del partido figura como punto relevante la libertad para salir al extranjero, parece obvio que una medida previa sea la de alcanzar la convertibilidad de la moneda; de otro modo, el propósito no pasaría de ser letra muerta; el checo no puede salir de casa con las manos en los bolsillos y mientras su Korona no obtenga una cotización, la que sea, cualquier proyecto de moverse por Europa es pura entelequia. De manera que en el plano del comercio internacional, el plan es buscar los clientes, para que traigan o para que lleven, donde haga el caso.

En el régimen interior, de puertas adentro, las reformas, aún partiendo de un socialismo básico, parece que van a ser importantes. La crisis económica ha sido general y lastimosa, pero el campo, creo yo, marcha mejor que la industria, o, si usted lo prefiere, menos mal. Por de pronto, ya es un detalle significativo el hecho de que durante uno de los sábados que pasé en Checoslovaquia, me topé en la carretera con una fila interminable de Skodas y Tatras que abandonaban la ciudad de Brno. Nunca, durante mi visita, había visto tantos coches juntos e indagué la razón. Mis amigos sonrieron. “La gente de la ciudad que tiene familia en el campo —me dijeron— marcha allá los fines de semana para comer bien.” Se da cuenta, ¿no? Por otro lado, salta a la vista que el desahogo campesino esmayor que el ciudadano. En Praga, las colas pasan inadvertidas (salvo la inmensa, serpenteante cola que se armó para rendir el último tributo a la viuda del admirable escritor Capek, una gran actriz, que falleció repentinamente durante mi estancia en Praga y se había distinguido por su apoyo a los intelectuales en sus aspiraciones democráticas), cosa que no acontece en provincias. En los pueblos, la vida hace el efecto de más fácil y engrasada. En todo caso, parece que las cooperativas rurales disfrutarán en el futuro de una mayor autonomía—concretamente, ellas mismas se gobernarán y decidirán qué cultivos son los que más les convienen— e incluso se aprovecharán de las ventajas de la comercialización de sus productos si, como parece, se abre la mano en este punto.

Sin duda el escollo más duro se presenta en la industria. Hay que resolver el problema de los bajos rendimientos y el problema de la actualización de maquinaria y utillaje. Todo esto no es problema de un día, naturalmente. Habrá que partir del incremento del esfuerzo personal y a este respecto debo decirle que una conquista del trabajador checo, quizá un poco precipitada, es la de holgar un sábado de cada dos. Es decir, todas las semanas son “inglesas”, pero dos sábados al mes no se trabaja tampoco por la mañana. Pero esto son cominerías. Lo revolucionario en el aspecto económico son los puntos del “nuevo sistema” según el cual se trata de conceder mayor independencia a las empresas estatales e incluso se piensa en dar entrada a la competencia. Sin competencia no hay estímulo y el estímulo es, evidentemente, un elemento que hay que inyectar a toda prisa en el organismo económico checo.

Tales autonomía —aunque relativa siempre— y competencia traen de la mano la descentralización industrial y comercial, tan cacareadas y tan necesarias. Este punto es tan fundamental que muchos checos con quienes he hablado creen a pies juntillas que en este extremo se ganará o se perderá la batalla de la proyectada democratización. En este aspecto nada se puede vaticinar; no hay más que echarle calma al asunto y esperar a ver por dónde sale el sol. Mis buenos amigos praguenses me hacían ver que en 1956 la economía polaca tuvo una oportunidad semejante a la actual checa y después de muchos dimes y diretes terminaron retornando a la economía férreamente centralizada. En suma, lo que le digo, paciencia y barajar.

Un último punto, fundamental, atañe a la significación futura de los sindicatos. Creo ya le hablé de las huelgas producidas recientemente, en cuanto el partido tuvo que aflojar el lazo. Bueno, pues los sindicatos se manejaron hasta hoy desde arriba como “palanca de transmisión”, esto es, no como defensa de los trabajadores, sino como defensa de la producción. El partido les confiaba la vigilancia de la vaca de leche, pero la dichosa vaca amanecía cada mañana más escuálida y con las ubres más secas. A partir de estemomento, las cosas van a cambiar. Los sindicatos dejarán de ser fiscales de la producción y recobrarán su función original: la defensa de los intereses de los operarios, ya que la fórmula socialista no se ha demostrado que achique el estómago de los trabajadores ni les ponga a cubierto de todo anhelo reivindicador. Apertura, pues, en la economía, esto es, enervamiento del centralismo, acceso a la iniciativa y establecimiento de estímulos.


El problema religioso

— ¿Y cuál era el otro punto, que ya no recuerdo?

—El religioso, asunto sumamente delicado éste, puesto que aunque, según se desprende de la asistencia a los cultos, la juventud haya entrado, tras cuatro lustros de educación atea, en el escepticismo, es obvio, como ya le anticipé, que el pueblo checoslovaco tiene un trasfondo religioso muy vivo. Esto salta a la vista en todas partes. Por otro lado, nadie puede predecir que en Checoslovaquia no ocurra mañana lo que hoy está ocurriendo en Yugoslavia, esto es, que la mayor parte de la juventud retorne a las prácticas religiosas. Los jóvenes del mundo entero están hartos de vanas idolatrías y buscan asideros estables. Nada encierra, pues, de extraño que, tras sus escarceos racionalistas, vuelvan nuevamente a la religión.

De aquí que los cuatro obispos checos que hoy actúan no oculten su optimismo ante la nueva situación. Estos señores han estado en Roma y de otra parte sus contactos con el gobierno de su país son constantes y amistosos. En este punto hay mucha tela que cortar: representación ante la Santa Sede, seminarios, órdenes religiosas, etcétera. Creo, le dije ya, que algunas de estas órdenes han sido autorizadas para establecerse de nuevo en Praga (las Hermanas de San Vicente de Paúl, entre ellas). El gobierno tampoco puede en este extremo desatender la presión del pueblo creyente, presión que ha empezado por desacreditar y desalojar —haciéndoles dimitir— a ciertos sacerdotes que en un momento dado se arrogaron la representación de la Iglesia. A cambio, gran número de sacerdotes y algún obispo encarcelados en las depuraciones de los años cincuenta, solicitan la pronta reincorporación a sus cargos. Es incontestable que estos casos serán resueltos en la Ley de Rehabilitaciones, que es uno de los empeños abordados por el gobierno con mayor premura. En una palabra, la liberalización que se avecina, notoria ya en mil detalles significativos, afectará también, como era de rigor, a las Iglesias y, muy especialmente, a la católica, que es la confesión más extendida. Por de pronto constituye un paso decisivo el hecho de que los obispos checos lleven ya varias semanas actuando sin el control y la fiscalización del partido.


¿Socialismo en democracia?

—¿Y cómo ve usted todo esto?

—Yo no veo nada sino lo que ya está ahí, y lo que ya está ahí y lo que se anuncia no puedo por lo menos de verlo con enorme simpatía. De otra parte, no se me ocultan las dificultades que entorpecerán la conclusión feliz de este experimento. De poco valen la mesura y la prudencia de que están haciendo gala los hombres de Praga si otro más fuerte se obstina en reventarles la función. El mundo está hoy entre paréntesis y los colosos de un lado y de otro pueden dar al traste con cualquier evolución, por muy “asunto interno” que ésta sea. Tenemos precedentes de ello para todos los gustos. De manera que la primera dificultad de los nuevos hombres estriba en vencer el recelo de los rusos —que a mi regreso se han puesto a hacer “maniobras” en la misma línea fronteriza checo-polaca evidentemente con una finalidad disuasoria—, la oposición de los “duros” y la cuquería de los reaccionarios conservadores. Después de salvar estas vallas, que son más altas de lo que usted pueda imaginar, los checos tienen que “inventar” el sistema por el que desean regirse, ya que como muy certeramente dijo el Presidente de la Unión, este camino no ha sido hollado todavía, es decir, no hay precedentes.

Una vez decididas las normas del sistema es preciso institucionalizarlas. En todo caso, la pregunta esencial queda en el aire: ¿Es posible el socialismo en democracia? Esta es la cuestión, al margen de las dificultades que otros puedan crearles. A este respecto es preciso señalar que desde hace cincuenta años el socialismo únicamente se ha sostenido en régimen de dictadura. Por otro lado no puede ocultarse, que las conquistas de las revoluciones, de entrada se imponen y, finalmente, se aceptan en lo que tienen de justas. Quiero decirle con esto que el socialismo en democracia difícilmente puede sobrevivir si la oposición—teniendo detrás a la mayoría del pueblo—se obstina un día en darle la vuelta. Lo que queda por ver es si al cabo de medio siglo, el pueblo checo, que es un pueblo perspicaz y sumamente maduro, no parte de una aceptación de un esquema socialista en economía, para afrontar, dentro de ese esquema, la libertad política. Esto sería sin lugar a dudas una gran conquista. Por eso lo decía hace pocos días que lo de Praga puede quedar en agua de borrajas o puede constituir un hito en la historia del mundo.

—Como el perro de “El Rey que rabió”, poco más o menos.

—Mire, por mi, tómelo como quiera. [5]


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