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\\ Índice \ Número 5, invierno de 2008
Literatura
¿Fin de la impaciencia?
por Rodolfo Walsh.
Buenos Aires, julio de 1968, miércoles 24
Carlos Gené
¿Fin de la impaciencia? Ayer,
regreso de Córdoba. Estuve tecleando
algo. Insatisfecho de lo que llevo escrito
(el año pasado) pero creo que se puede
arreglar.
Poner orden. Todo esto es un quilombo.
Las cosas se acumulan. Establecer prioridades:
Hoy:
1. Contrato y alquiler.
2. Hablar con Gené. Pero también arreglar reloj y máquina
de escribir; ver qué es ese asunto de
Santa Fe, y tratar de escribir aunque sea
media hora.
No hablé con Gené ni arreglé el alquiler.
En cambio hice la nota para Mondy: 3 1/2
págs. Por la noche, hablé un minuto con
Ongaro. Nada en el éxito. Los dirigentes,
charlando como amigos. Mañana.
Jueves 25
Desperté 7 hs. con diarrea. Higos de la
noche anterior. Me levanté a las 10. L
empezaba hoy a trabajar en Pompeya, se
fue temprano.
Cómo volver a escribir. Lidia.
Agosto 9, 02.20
-La danza es la justicia de los reyes.
-Hay que pensar frente al espejo, para
saber quién está pensando.
Antología
LA IDEA INICIAL
Reemplazar esas historias —a saga guerrillera— por algunos breves poemas,
hitos o símbolos, de lo que en su tiempo
fue ampliamente divulgado, porque
correspondía al gran equívoco: los elogios
de la prensa internacional o el telegrama
del Almirante Rojas.
Quedaron pues en el camino: Leante,
Guillén, Travieso, C. Infante.
Paso directamente a la verdadera revolución,
en la cabeza de la gente, no en las
noticias de los diarios. La toma de conciencia
colectiva. ¿Terminar con arte poética?
Lunes 12 de agosto, 68
Nicolás Guillén
(16.45) El intelectual en su trampa.
Cuatro meses, quiero decir, cuatro meses
entirely devoted, totalmente dedicado a
la clase obrera, que lo aprecia a razón de
veinte mil ejemplares por mes, que no
son nada, para lo bien que está hecho
ese periódico. Viendo, de todas maneras,
pasar a mi lado a la gente, las mil cosas
absurdas que suceden a cada rato en la
calle, o divertidas en la casa, y también
fatigosas en cualquier parte, viendo y
pensando, eso, eso es lo que habría que
contar. Sin tiempo para contar nada, durante todo el día y ya por la tarde son
enormes y de noche llenan todo. La
recuerdo una mañana, acostada panza
abajo, una leona suave tomando el café con leche mientras el sol entraba por la
ventana. Lilia, lenta y apacible, para estar
sentada junto a una parva mirando pasar
las mariposas, un verano. ¿Qué más hubo? Noches de salir con un
revólver en el bolsillo, por las dudas, pero
no creyendo nunca en serio que fuera a
pasarme nada, que alguien se animara
conmigo, así como tal vez yo no me animaría
con nadie: sagrado e intocable
entre los malos.
¿Qué más? El martes pasado Pirí atrapó a un agente del SIN que fue a buscarme:
lo hizo meter preso.
¿Qué más? Diez días convividos en
Córdoba con los fariseos del teatro.
Pascuzzi y Tálice, que llegaban siempre
antes que nadie al Buono. La carrera de
Pascuzzi empezó en 1924 cuando vendió un slogan para la cerveza Quilmes:
mil pesos, y desde entonces no toma otra
cosa que cerveza, por fidelidad, según
dice. Devolvió la plata.
Me doy cuenta de que no tengo odio
suficiente para esta gente. No los odio; si
los odiara, me bastaría con escribirlos.
Karl Marx
¿O no tengo paciencia?
No he contestado cartas, no he visitado
parientes, no veo ni a mi madre.
Tampoco he escrito. Estoy por terminar
una antología, y después, sí, después
escribiré.
Las ideas hermosas que se me ocurren
justamente cuando no puedo escribir, no
vienen nunca cuando me siento como
ahora a la máquina.
La maestrita anormal.
Me remuer[d]e el avance de los otros:
seis meses más, digo, y nadie se acordará de mí.
Algo de Marx. El joven Marx riñendo
con Epicuro, debatiéndose con Hegel.
Engels era un buen borracho. Lenin
explicando los ladrillitos de Bogorodsk:
de uno a cinco obreros, tantos ladrillitos;
más de diez obreros, tantos más: concentración
capitalista. Qué divina
paciencia que tuvieron estos hombres.
Pero me parece que Lenin no amaba
tanto sus ladrillitos como Fidel su fábrica
de fideos, o sus plantaciones de arroz:
de las barbas y los brazos de Fidel anhela
caer sobre sus hijos una catarata
inagotable de alimentos.
El absoluto de Hegel: cuidado, dijo
Marx, con considerar como espíritu
absoluto al propio individuo filosófico.
Cuidado con creerse encarnación personal
de la crítica. Sin embargo, la
Crítica era una persona para todos los
alemanes.
Un mundo lleno de piolas.
Agosto 16, 1968
La dificultad de integrar toda la experiencia
en la novela.
El sentimiento de impotencia que esto
produce.
La posibilidad, casi desesperada, de
empezar con todo, tirarse con todo y
crear un monstruo.
Un monstruo con todas las historias.
La dificultad de calentarse, de agarrar la
gran clave de SOL y seguir adelante, gloriosa
y alegremente.
Como si no creyera en la gente.
Una historia que empezara con Juan
Eugenio, siguiera con Willie, abarcara
al Ángel y a Renato y a Mauricio. Todas
las cartas sobre la mesa.
El mortal perfeccionismo.
Por qué no hacer un campeón, como en
el cine.
1968, setiembre 17, martes
Esta noche, un rato en reunión de secretarios
generales. Un desaliento que todos
tratan de capear con fórmulas, como
hermanos que se consolaran de cierta
enfermedad de la madre, todavía no
mortal.
Los poderosos, ausentes. Era casi tangible
ver al cerdo de B negociando en alguna
parte: un veneciano gordo y bien
comido, que pudo ser traficante en el
Renacimiento. A S no se le conoce siquiera
la cara. Un par de comunistas doloridos
y persistentes, acostumbrados. Dirigentes
de gremios chicos, o burocráticos,
o inexistentes, tratando de decir que
van a pelear.
Raimundo Ongaro
Realmente, una reunión de desgraciados,
encabezada por dos hombres jóvenes
y fuertes, sin talento; y un hombre
casi viejo, honesto y melancólico.
Me fui lleno de congoja, pensando —como otras veces—que estamos derrotados.
Pero yo hace poco que ando con
ellos, y es la primera vez que escribo
espontáneamente la palabra “estamos”.
Una como repentina vislumbre de que
este amargo, deslucido camino, puede
ser el camino. La comprensión de que
los pobres son pobres, los desgraciados
son desgraciados, los humildes son
humildes, los obreros son obreros. No
semidioses ni héroes.
No había nadie que galvanizara esa reunión,
que con Ongaro habría sido otra
cosa. Pero Ongaro está en España, tratando
de convencer a Perón.
La repentina certeza de que lo duro del
camino es lo que justifica la inflexibilidad
total de los principios. Lo que ocurre
es que todavía no “participo” a fondo,
porque no encuentro la manera de conciliar
mi trabajo político con mi trabajo
de artista, y no quiero renunciar a ninguno
de los dos.
Lilia, también veneciana. Con sus crudos
rojos, azules y dorados. La paz que me
da, y cómo decirla. Me gustaría que no
fuera, pero. Estamos todos muy caídos.
Tal vez aprendamos a mirarnos como se
ha mirado nuestra gente, en momentos
duros. Voluntariamente elegimos estar
del lado de ellos. Damos un salto que es
como una muerte, una despedida. ¿Lo
damos realmente? Espero que sí.
El abogado, eufórico. Piensa que ahora sí hay posibilidades.
19.9.68, madrugada
Juan Perón
La casa larga o laberíntica,más bien confusa —una casa confundida con respecto
a sí misma, con dilemas de malformación
constitucional—, en todo caso
mustia, donde fuimos llegando los conocidos,
amigos o “correligionarios” de
John, que no estaba, pero que estaba
muerto, en otra parte. A quien nunca
aprecié personalmente, aunque merecía
alguna medida de respeto, por algo de
coraje que tuvo y nadie desmintió. Alicia,
en cama.
Tristán, el viejo reorganizador de la
juventud, diciéndome, “Pero Ongaro
tendrá que acatar la conducción”. Todos
los peronistas con función se ven conductores,
ungidos por el hilo de saliva dactilografiada que fluye de las alturas.
Los cordobeses, criticando las cosas con
tanta fruición que parecen de acuerdo:
todos llenos de esquemas, van a arrimar
su chapita a la pared solar del gobierno.
A fuerza de ser derrotados, los hombres se han vuelto mezquinos, sin esperanzas,
llenos de argucias que no cumplen
siquiera el fin de las argucias: obtener
ventajas engañando. Una viveza negativa,
obstinada en destruir cada posibilidad,
para poner en su lugar una imposibilidad.
John William Cook
La falta de grandeza como falta de inteligencia.
La idea general que privaba en
el discurso de Garzón es que el Viejo
moviliza al Lobo para obstruir la CGT
colaboracionista, a cambio de permitirle
conservar el gremio; que de ese modo
la unidad se convierte en una exigencia,
aún a costa de Ongaro; que por otro lado,
mete a todos los políticos en una bolsa
para podermanejarlos solo. Etcétera. La
rabia intensa que todo este “tacticaje”me
provoca; el deseo de que Raimundo les
patee el tablero una vez más.
Sunday 22
Vandor
Last night I got drunk, insulted heavily former
wife, behaved idiotically, went away
banging the door.
[Anoche me emborraché, insulté a mi
ex, me porté como un idiota, me fui
dando un portazo]
*
Tied up. Nothing to do today really, except
read.
[Atado. Nada que hacer realmente, excepto
leer.]
17. 11.68
DIARIO
Pero Rodolfo, dijo Carola, usted siempre
trabajando y nunca tiene nada. De
ese modo resumía lo que yo pensé varias
veces este fin de semana. Tuvimos que ir
a lo de Segis porque Alberto le había
dado la llave de su casa a un amigo, que
no estaba cuando Lilia lo llamó. Al salir
del Tigre en la colectiva, vimos acercarse
la lancha de Jorge. “¿Para dónde van?”, dijo y le contamos. “¿Para dónde van?”, pregunté y dijo
Irene: “Al Pajarito, pero volvemos esta
tarde”, eludiendo así la posibilidad de
tener que llevarnos, del mismo modo
que aguó dos proyectos anteriores de
salir juntos, armados por Jorge y triturados
por la férrea decisión de Irene de no
compartir nada propio, y compartir en lo
posible todo lo ajeno. Yegua amarreta.
Cuando yo tenía casa en el Tigre, iban el
tiempo que querían, y también Alberto.
Ahora hemos caído en desgracia, no
tenemos casa, y al fin recalamos con el
lumpen en lo de Segismundo, donde
Pablo por lo menos me abrazó con alegría
y se empeñó en que tomara cualquier
cosa, que él pagaba. Pero el fin de
semana en Segismundo fue un áspero
recordatorio de lo que había significado
Lorelei, ahora transferida a un par de
jóvenes desconocidos por el mismo
Pedro que afirmaba que si yo me iba alguna vez, él pondría una placa que
dijera “Aquí vivió R. W.”. Bueno, ahora
puede ponerla.
Maybe I should feel glad, after all. 1 have
always been urged by a feeling of injustice
towards me. Well.
[Quizá debiera alegrarme, después de
todo. Siempre me ha compelido un sentimiento
de injusticia hacia mí. En fin.]
El Tigre
¿Me gustaría escribir como Arlt? Me gustaría
tener su fuerza, su resentimiento, su
capacidad dramática, su decisión de
enfrentar a los personajes, como quería
Shaw; su inventiva incluso; su aptitud
fantástica, porque el mundo de Arlt es
fantástico a fuerza de realismo; pero no me
gustaría escribir una sola de sus líneas.
Por otra parte, no sé aún si estoy escribiendo
bien. Mi repulsión del medio,
del país incluso, de toda su estructura e
incluso de su historia, es absoluta: todo
lo que figura o ha figurado me hastía de
tal modo y me inspira un desprecio tan
completo, que me cansa tratarlo, de
antemano. El problema es si podré volcar
ese odio rabioso en formas que, hoy, tienen
que ser mucho más cautelosas, inexpugnables,
cerradas, que las de Arlt, pero
que al mismo tiempo tienen que dejar
un margen de literalidad, de condenación
explícita y furiosa. ¿Será este el
camino?
Jueves 28 de noviembre, 1968
En la CGT, ese día de calor, que es el de
hoy, muchas cosas se estaban desmoronando,
y al mismo tiempo aparecía el
germen de otras nuevas, la brillante uña
en el índice del muerto, la plantita en el
ladrillo. La muestra de Tucumán fue
levantada elmartes, por presión policial.
Los llamó un comisario a Calipo y
Ranelli, los amenazó con cerrar la gráfica. Hablaron con nosotros, se buscaron
formas intermedias de negociación. Pero no hubo tal negociación. El martes a
mediodía levantaron las fotos.
19.12.68
SITUACIÓN
(19.00 hs) Todo indica que esta situación
terminó, aunque sin duda tardaré un tiempo en liberarme de los compromisos
secundarios, los cabos sueltos, los
procesos abiertos, las adherencias sentimentales.
Y nada impide, por cierto, que
la situación que abandono no se reproduzca
con el tiempo, bajo otras formas.
Su análisis, de todosmodos, no es sencillo.
Quiero decir el mínimo saldo de
experiencia histórica, que uno debería
llevarse, después de variosmeses en que
no tomé una sola nota, no hice una descripción,
no apunté un diálogo. Siempre
ocurre esto con el tiempo que se vive más
intensamente, o por lo menos más inmediatamente,
sin pausas reflexivas.
Roberto Artl
Es indudable que la figura de Ongaro
me atrajo intensamente. Vi en él un revolucionario —como lo había visto en
Masetti—, un jefe, alguien capaz de llegar
al sacrificio por sus ideas. Todo esto,
probablemente sea cierto aún. Sin descuidar
la posible proyección futura, es
evidente sin embargo que CGTA ha fracasado en los objetivos que nos proponíamos,
y que con ella hemos fracasado
nosotros. Ongaro es un constructor de
emociones, pero carecimos de un espíritu
de organización. La única organización
que sigue en pie es el periódico.
Los fines de Ongaro, las convicciones
revolucionarias sobrevivieron desde
luego a su brusca popularidad, expresada
como tal mucho más fuertemente en
los medios burgueses: las revistas, los
diarios, los políticos que lo visitaban.
Pero detrás de cada discurso sólo quedaba
la difusa voluntad de luchar. Sin
explicar cómo, el discurso se volvía alusivo
y tremendista. Iba a parar, necesariamente,
en la apología guerrillera,
cuando no hay medios para hacer la
guerrilla y nadie piensa seriamente en
organizarla.
Había, desde luego, una compulsión
detrás de esto, un impulso positivo de
franquear las barreras ideológicas del
peronismo, de quebrar la tradición macartista.
Octavio Getino
Pero la desorganización que trae esta
ruptura no era cubierta, a sus espaldas,
por nada. Lo que quedaba organizado,
como burocracia a sueldo y vestigio de lo
antiguo, era la derecha del movimiento
obrero:Ortigosa, Ferraro, etc...
La estructura de la CGT, heredada de la
conducción anterior, se aceptó sin
modificación alguna, sin preguntarse si
esa estructura sirve al movimiento obrero
en esta etapa, o no.
Es claro que no se trata simplemente de
anular esa estructura y pasar a ser un
ciudadano particular, impotente ante el
régimen. Se trata de una conversión gradual
de la estructura a otra más eficaz.
Convertir, si se quiere, un vasto aparato
postulante en un aparato más pequeño
pero más aguerrido de lucha. Esto no se
hizo.
La rebelión de las bases quedó en los
papeles. Las bases no tuvieron expresión
real, no se integraron orgánicamente en
la CGT.De ellas no surgieron dirigentes,
activistas, cuadros.
De este modo, por cierto, los movimientos
de protesta fracasaron. La CGT fue
quedando cada vez más desnuda frente
al enemigo, y el gobierno no tuvo necesidad
de intervenirla. La maniobra de unidad
promovida por Perón le asestó un
golpe decisivo.
***
Personalmente, es una evidencia que
necesito retirarme momentáneamente de
la escena. Mi libro no se escribirá solo, ni
el editor seguirá pagándome indefinidamente.
Necesito un aislamiento casi total.
A partir de la semana próxima, en consecuencia,
iré a la quinta.
Esa evidencia está producida además por
mi estado de ánimo, por la abulia generalizada
que me domina. Duermo hasta
doce horas por día, consumo diarios y
revistas en cantidades infinitas, etc.
Incluso leo demasiados libros. Escribo
menos de media página por día. Estoy
cansado y derrotado, debo recuperar una
cierta alegría, llegar a sentir que mi libro
también sirve, romper la disociación que
en todos nosotros están produciendo las
ideas revolucionarias, el desgarramiento,
la perplejidad entre la acción y el pensamiento,
etc.
Tiene que ser posible recuperar la revolución
desde el arte. La película de
Octavio es un camino. Recuperar, entonces,
la alegría creadora, sentirse y ser un
escritor; pero saltar desde esa perspectiva
el cerco, denunciar, sacudir, inquietar,
molestar. Incluso el libro deDavid, aunque
mal hecho, es un índice.
Puedo, incluso, incorporar la experiencia
realizada en CGT, no como tema, sino
como visión del mundo y las formas de
lucha. El libro tiene que ser una denuncia,
clara y diáfana, etc... ¿Podré? Cross my heart.
Diciembre 31, 68
"La hora de los hornos" de Pino Solanas
SITUACIÓN
Terminar el año con el zapato izquierdo
visiblemente roto, mil quinientos pesos en el bolsillo, incapacitado para hacer
regalos y desganado para recibirlos; con
mil cosas pendientes, postergadas o mal
hechas; en un estado casi permanente
de mal humor o de abulia.
Es posible que haya “mejorado” algo.
Que esa mejoría sea lo que me pone de
tan pésimo humor.
La política se ha reimplantado violentamente
en mi vida. Pero eso destruye en
gran parte mi proyecto anterior, el ascético
gozo de la creación literaria aislada;
el status; la situación económica; la
mayoría de los compromisos; muchas
amistades, etc.
Es posible que, al fin, me convierta en un
revolucionario. Pero eso tiene un comienzo
muy poco noble, casi grosero. Es fácil
trazar el proyecto de un arte agitativo,
virulento, sin concesiones. Pero es duro
llevarlo a cabo. Exige una capacidad de
trabajo que todavía no poseo.
Me refiero principalmente a métodos de trabajo. Hace años que vengo luchando
por eliminar cosas que formaban una “infraestructura” errónea, la bebida, el
cigarrillo, los malos horarios, la pereza y
las postergaciones consiguientes, la
autolástima, el desorden, la falta de disciplina;
la consiguiente falta de alegría y
de confianza; todo eso ensamblado en
una estructura mental que seguía siendo
burguesa.
Este año sólo he progresado en dos cosas.
No bebo, lo que ha mejorado mi salud, o
por lo menos compensado el “deterioro”.
Empiezo a asimilar lo básico del
marxismo, y mi “nivel de conciencia” es
hoy bastante mayor. Estoy mucho más
jugado. No aceptaría hoy incluir una cita
de un bufón como Manucho en la contratapa
de un libro, ni vacilaría en rechazar
una beca en USA, etc.
Me he pasado “casi” enteramente al
campo del pueblo que además—y de eso
sí estoy convencido— me brinda las
mejores posibilidades literarias. Quiero
decir que prefiero toda la vida ser un
Eduardo Gutiérrez y no un Groussac; un
Arlt y no un Cortázar.
Mujica Lainez
Pero decir estas cosas, escribirlas, me
desalienta, me da sueño; eso significa
que hay un duro núcleo de resistencia
que rechaza todo esto como una banalidad;
que preferiría mantener la fachada
inescrutable sobre mis verdaderas contradicciones;
suspender el análisis y
seguir proponiéndome al mundo como un figurón, ligeramente martirizado por
las circunstancias.
Me está faltando coraje.
Lo que sucede es que me paso al campo
del pueblo, pero no creo que vamos a
ganar: en vida mía, por lo menos. ¡En
vida mía! Porque ésa es la clave: lo que
pase después no me importa mucho, y
entonces sigo siendo un burgués, más
recalcitrante aún.
La película de Solanas-Getino nos mostraba
ayer, con insuperable claridad,
cómo no se puede ganar con clavos
miguelito contra los tanques; con manifestaciones
callejeras contra las ametralladoras,
etc. ¿Cómo pelear, entonces?
También lo dice la película: la revolución
se hace primero en la cabeza de la
gente. Conseguir que el oprimido quiera
pelear y ame la revolución; pero conseguir
también que el opresor se deteste
a sí mismo, y no quiera pelear.
Pero yo soy el primero a convencer de
que la revolución es posible. Y esto es
difícil en un momento de reflujo total,en que se me han acumulado catastróficamente
el proyecto “burgués” (la novela)
y el proyecto revolucionario (la política, el
periódico, etc.).
Si distingo con claridad, si analizo bien,
si creo métodos aptos de trabajo: todo
eso tiene solución.
Julio Cortázar
Lo que no soporto en realidad son las
contradicciones internas. Las normas de
arte que he aceptado—un arte minoritario,
refinado, etc.—son burguesas; tengo
capacidad para pasar a un arte revolucionario,
aunque no sea reconocido como
tal por las revistas de moda. Debo hacerla.
La película de Getino-Solanas señala
una ruta, que yo empecé a transitar hace
diez años.
Pero es indudable que debo continuar
con mi proyecto “burgués”, radicalizándolo
en lo posible, para quitarme la soga
del cuello; volver a ser libre; planificar
rigurosamente mi vida; desalienarme.
Así sea. [1]
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