Transatlántico

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina.
Número 5, invierno de 2008

Rodolfo Walsh

Indice

1

   

¿Fin de la impaciencia?

2

 

Tucumán Arde

3

 

La imaginación al poder

4

 

El PCI para los jóvenes

5

 

La evolución de la revolución

6

 

Tlatelolco

7

 

Rulfo: el silencio interrumpido

8

 

Vietnam

9

 

Un nuevo Zaratustra

10

 

Los poetas bajaron del Olimpo

11

 

Contratapa


Contratapa

Humor: Roberto Fontanarrosa

Descargar Transatlántico nº5>

Descargar ¿Fin de la impaciencia?>

 
Literatura

¿Fin de la impaciencia?

por Rodolfo Walsh.


Buenos Aires, julio de 1968, miércoles 24

Carlos Gené

¿Fin de la impaciencia? Ayer, regreso de Córdoba. Estuve tecleando algo. Insatisfecho de lo que llevo escrito (el año pasado) pero creo que se puede arreglar. Poner orden. Todo esto es un quilombo. Las cosas se acumulan. Establecer prioridades:
Hoy: 1. Contrato y alquiler.
2. Hablar con Gené. Pero también arreglar reloj y máquina de escribir; ver qué es ese asunto de Santa Fe, y tratar de escribir aunque sea media hora. No hablé con Gené ni arreglé el alquiler. En cambio hice la nota para Mondy: 3 1/2 págs. Por la noche, hablé un minuto con Ongaro. Nada en el éxito. Los dirigentes, charlando como amigos. Mañana.


Jueves 25

Desperté 7 hs. con diarrea. Higos de la noche anterior. Me levanté a las 10. L empezaba hoy a trabajar en Pompeya, se fue temprano. Cómo volver a escribir. Lidia.


Agosto 9, 02.20

-La danza es la justicia de los reyes. -Hay que pensar frente al espejo, para saber quién está pensando.


Antología

LA IDEA INICIAL
Reemplazar esas historias —a saga guerrillera— por algunos breves poemas, hitos o símbolos, de lo que en su tiempo fue ampliamente divulgado, porque correspondía al gran equívoco: los elogios de la prensa internacional o el telegrama del Almirante Rojas. Quedaron pues en el camino: Leante, Guillén, Travieso, C. Infante. Paso directamente a la verdadera revolución, en la cabeza de la gente, no en las noticias de los diarios. La toma de conciencia colectiva. ¿Terminar con arte poética?


Lunes 12 de agosto, 68

Nicolás Guillén

(16.45) El intelectual en su trampa. Cuatro meses, quiero decir, cuatro meses entirely devoted, totalmente dedicado a la clase obrera, que lo aprecia a razón de veinte mil ejemplares por mes, que no son nada, para lo bien que está hecho ese periódico. Viendo, de todas maneras, pasar a mi lado a la gente, las mil cosas absurdas que suceden a cada rato en la calle, o divertidas en la casa, y también fatigosas en cualquier parte, viendo y pensando, eso, eso es lo que habría que contar. Sin tiempo para contar nada, durante todo el día y ya por la tarde son enormes y de noche llenan todo. La recuerdo una mañana, acostada panza abajo, una leona suave tomando el café con leche mientras el sol entraba por la ventana. Lilia, lenta y apacible, para estar sentada junto a una parva mirando pasar las mariposas, un verano. ¿Qué más hubo? Noches de salir con un revólver en el bolsillo, por las dudas, pero no creyendo nunca en serio que fuera a pasarme nada, que alguien se animara conmigo, así como tal vez yo no me animaría con nadie: sagrado e intocable entre los malos.

¿Qué más? El martes pasado Pirí atrapó a un agente del SIN que fue a buscarme: lo hizo meter preso.
¿Qué más? Diez días convividos en Córdoba con los fariseos del teatro. Pascuzzi y Tálice, que llegaban siempre antes que nadie al Buono. La carrera de Pascuzzi empezó en 1924 cuando vendió un slogan para la cerveza Quilmes: mil pesos, y desde entonces no toma otra cosa que cerveza, por fidelidad, según dice. Devolvió la plata. Me doy cuenta de que no tengo odio suficiente para esta gente. No los odio; si los odiara, me bastaría con escribirlos.

Karl Marx

¿O no tengo paciencia? No he contestado cartas, no he visitado parientes, no veo ni a mi madre. Tampoco he escrito. Estoy por terminar una antología, y después, sí, después escribiré. Las ideas hermosas que se me ocurren justamente cuando no puedo escribir, no vienen nunca cuando me siento como ahora a la máquina. La maestrita anormal. Me remuer[d]e el avance de los otros: seis meses más, digo, y nadie se acordará de mí. Algo de Marx. El joven Marx riñendo con Epicuro, debatiéndose con Hegel.

Engels era un buen borracho. Lenin explicando los ladrillitos de Bogorodsk: de uno a cinco obreros, tantos ladrillitos; más de diez obreros, tantos más: concentración capitalista. Qué divina paciencia que tuvieron estos hombres. Pero me parece que Lenin no amaba tanto sus ladrillitos como Fidel su fábrica de fideos, o sus plantaciones de arroz: de las barbas y los brazos de Fidel anhela caer sobre sus hijos una catarata inagotable de alimentos.

El absoluto de Hegel: cuidado, dijo Marx, con considerar como espíritu absoluto al propio individuo filosófico. Cuidado con creerse encarnación personal de la crítica. Sin embargo, la Crítica era una persona para todos los alemanes. Un mundo lleno de piolas.


Agosto 16, 1968

La dificultad de integrar toda la experiencia en la novela. El sentimiento de impotencia que esto produce. La posibilidad, casi desesperada, de empezar con todo, tirarse con todo y crear un monstruo. Un monstruo con todas las historias. La dificultad de calentarse, de agarrar la gran clave de SOL y seguir adelante, gloriosa y alegremente. Como si no creyera en la gente. Una historia que empezara con Juan Eugenio, siguiera con Willie, abarcara al Ángel y a Renato y a Mauricio. Todas las cartas sobre la mesa. El mortal perfeccionismo. Por qué no hacer un campeón, como en el cine.


1968, setiembre 17, martes

Esta noche, un rato en reunión de secretarios generales. Un desaliento que todos tratan de capear con fórmulas, como hermanos que se consolaran de cierta enfermedad de la madre, todavía no mortal. Los poderosos, ausentes. Era casi tangible ver al cerdo de B negociando en alguna parte: un veneciano gordo y bien comido, que pudo ser traficante en el Renacimiento. A S no se le conoce siquiera la cara. Un par de comunistas doloridos y persistentes, acostumbrados. Dirigentes de gremios chicos, o burocráticos, o inexistentes, tratando de decir que van a pelear.

Raimundo Ongaro

Realmente, una reunión de desgraciados, encabezada por dos hombres jóvenes y fuertes, sin talento; y un hombre casi viejo, honesto y melancólico.

Me fui lleno de congoja, pensando —como otras veces—que estamos derrotados. Pero yo hace poco que ando con ellos, y es la primera vez que escribo espontáneamente la palabra “estamos”. Una como repentina vislumbre de que este amargo, deslucido camino, puede ser el camino. La comprensión de que los pobres son pobres, los desgraciados son desgraciados, los humildes son humildes, los obreros son obreros. No semidioses ni héroes. No había nadie que galvanizara esa reunión, que con Ongaro habría sido otra cosa. Pero Ongaro está en España, tratando de convencer a Perón.

La repentina certeza de que lo duro del camino es lo que justifica la inflexibilidad total de los principios. Lo que ocurre es que todavía no “participo” a fondo, porque no encuentro la manera de conciliar mi trabajo político con mi trabajo de artista, y no quiero renunciar a ninguno de los dos. Lilia, también veneciana. Con sus crudos rojos, azules y dorados. La paz que me da, y cómo decirla. Me gustaría que no fuera, pero. Estamos todos muy caídos. Tal vez aprendamos a mirarnos como se ha mirado nuestra gente, en momentos duros. Voluntariamente elegimos estar del lado de ellos. Damos un salto que es como una muerte, una despedida. ¿Lo damos realmente? Espero que sí. El abogado, eufórico. Piensa que ahora sí hay posibilidades.


19.9.68, madrugada

Juan Perón

La casa larga o laberíntica,más bien confusa —una casa confundida con respecto a sí misma, con dilemas de malformación constitucional—, en todo caso mustia, donde fuimos llegando los conocidos, amigos o “correligionarios” de John, que no estaba, pero que estaba muerto, en otra parte. A quien nunca aprecié personalmente, aunque merecía alguna medida de respeto, por algo de coraje que tuvo y nadie desmintió. Alicia, en cama. Tristán, el viejo reorganizador de la juventud, diciéndome, “Pero Ongaro tendrá que acatar la conducción”. Todos los peronistas con función se ven conductores, ungidos por el hilo de saliva dactilografiada que fluye de las alturas.

Los cordobeses, criticando las cosas con tanta fruición que parecen de acuerdo: todos llenos de esquemas, van a arrimar su chapita a la pared solar del gobierno. A fuerza de ser derrotados, los hombres se han vuelto mezquinos, sin esperanzas, llenos de argucias que no cumplen siquiera el fin de las argucias: obtener ventajas engañando. Una viveza negativa, obstinada en destruir cada posibilidad, para poner en su lugar una imposibilidad.

John William Cook

La falta de grandeza como falta de inteligencia. La idea general que privaba en el discurso de Garzón es que el Viejo moviliza al Lobo para obstruir la CGT colaboracionista, a cambio de permitirle conservar el gremio; que de ese modo la unidad se convierte en una exigencia, aún a costa de Ongaro; que por otro lado, mete a todos los políticos en una bolsa para podermanejarlos solo. Etcétera. La rabia intensa que todo este “tacticaje”me provoca; el deseo de que Raimundo les patee el tablero una vez más.


Sunday 22

Vandor

Last night I got drunk, insulted heavily former wife, behaved idiotically, went away banging the door.
[Anoche me emborraché, insulté a mi ex, me porté como un idiota, me fui dando un portazo] *

Tied up. Nothing to do today really, except read.
[Atado. Nada que hacer realmente, excepto leer.]


17. 11.68

DIARIO
Pero Rodolfo, dijo Carola, usted siempre trabajando y nunca tiene nada. De ese modo resumía lo que yo pensé varias veces este fin de semana. Tuvimos que ir a lo de Segis porque Alberto le había dado la llave de su casa a un amigo, que no estaba cuando Lilia lo llamó. Al salir del Tigre en la colectiva, vimos acercarse la lancha de Jorge. “¿Para dónde van?”, dijo y le contamos. “¿Para dónde van?”, pregunté y dijo Irene: “Al Pajarito, pero volvemos esta tarde”, eludiendo así la posibilidad de tener que llevarnos, del mismo modo que aguó dos proyectos anteriores de salir juntos, armados por Jorge y triturados por la férrea decisión de Irene de no compartir nada propio, y compartir en lo posible todo lo ajeno. Yegua amarreta.

Cuando yo tenía casa en el Tigre, iban el tiempo que querían, y también Alberto. Ahora hemos caído en desgracia, no tenemos casa, y al fin recalamos con el lumpen en lo de Segismundo, donde Pablo por lo menos me abrazó con alegría y se empeñó en que tomara cualquier cosa, que él pagaba. Pero el fin de semana en Segismundo fue un áspero recordatorio de lo que había significado Lorelei, ahora transferida a un par de jóvenes desconocidos por el mismo Pedro que afirmaba que si yo me iba alguna vez, él pondría una placa que dijera “Aquí vivió R. W.”. Bueno, ahora puede ponerla.

Maybe I should feel glad, after all. 1 have always been urged by a feeling of injustice towards me. Well.
[Quizá debiera alegrarme, después de todo. Siempre me ha compelido un sentimiento de injusticia hacia mí. En fin.]

 

El Tigre

¿Me gustaría escribir como Arlt? Me gustaría tener su fuerza, su resentimiento, su capacidad dramática, su decisión de enfrentar a los personajes, como quería Shaw; su inventiva incluso; su aptitud fantástica, porque el mundo de Arlt es fantástico a fuerza de realismo; pero no me gustaría escribir una sola de sus líneas. Por otra parte, no sé aún si estoy escribiendo bien. Mi repulsión del medio, del país incluso, de toda su estructura e incluso de su historia, es absoluta: todo lo que figura o ha figurado me hastía de tal modo y me inspira un desprecio tan completo, que me cansa tratarlo, de antemano. El problema es si podré volcar ese odio rabioso en formas que, hoy, tienen que ser mucho más cautelosas, inexpugnables, cerradas, que las de Arlt, pero que al mismo tiempo tienen que dejar un margen de literalidad, de condenación explícita y furiosa. ¿Será este el camino?


Jueves 28 de noviembre, 1968

En la CGT, ese día de calor, que es el de hoy, muchas cosas se estaban desmoronando, y al mismo tiempo aparecía el germen de otras nuevas, la brillante uña en el índice del muerto, la plantita en el ladrillo. La muestra de Tucumán fue levantada elmartes, por presión policial. Los llamó un comisario a Calipo y Ranelli, los amenazó con cerrar la gráfica. Hablaron con nosotros, se buscaron formas intermedias de negociación. Pero no hubo tal negociación. El martes a mediodía levantaron las fotos.


19.12.68

SITUACIÓN
(19.00 hs) Todo indica que esta situación terminó, aunque sin duda tardaré un tiempo en liberarme de los compromisos secundarios, los cabos sueltos, los procesos abiertos, las adherencias sentimentales. Y nada impide, por cierto, que la situación que abandono no se reproduzca con el tiempo, bajo otras formas. Su análisis, de todosmodos, no es sencillo. Quiero decir el mínimo saldo de experiencia histórica, que uno debería llevarse, después de variosmeses en que no tomé una sola nota, no hice una descripción, no apunté un diálogo. Siempre ocurre esto con el tiempo que se vive más intensamente, o por lo menos más inmediatamente, sin pausas reflexivas.

Roberto Artl

Es indudable que la figura de Ongaro me atrajo intensamente. Vi en él un revolucionario —como lo había visto en Masetti—, un jefe, alguien capaz de llegar al sacrificio por sus ideas. Todo esto, probablemente sea cierto aún. Sin descuidar la posible proyección futura, es evidente sin embargo que CGTA ha fracasado en los objetivos que nos proponíamos, y que con ella hemos fracasado nosotros. Ongaro es un constructor de emociones, pero carecimos de un espíritu de organización. La única organización que sigue en pie es el periódico. Los fines de Ongaro, las convicciones revolucionarias sobrevivieron desde luego a su brusca popularidad, expresada como tal mucho más fuertemente en los medios burgueses: las revistas, los diarios, los políticos que lo visitaban.

Pero detrás de cada discurso sólo quedaba la difusa voluntad de luchar. Sin explicar cómo, el discurso se volvía alusivo y tremendista. Iba a parar, necesariamente, en la apología guerrillera, cuando no hay medios para hacer la guerrilla y nadie piensa seriamente en organizarla. Había, desde luego, una compulsión detrás de esto, un impulso positivo de franquear las barreras ideológicas del peronismo, de quebrar la tradición macartista.

Octavio Getino

Pero la desorganización que trae esta ruptura no era cubierta, a sus espaldas, por nada. Lo que quedaba organizado, como burocracia a sueldo y vestigio de lo antiguo, era la derecha del movimiento obrero:Ortigosa, Ferraro, etc... La estructura de la CGT, heredada de la conducción anterior, se aceptó sin modificación alguna, sin preguntarse si esa estructura sirve al movimiento obrero en esta etapa, o no.

Es claro que no se trata simplemente de anular esa estructura y pasar a ser un ciudadano particular, impotente ante el régimen. Se trata de una conversión gradual de la estructura a otra más eficaz. Convertir, si se quiere, un vasto aparato postulante en un aparato más pequeño pero más aguerrido de lucha. Esto no se hizo. La rebelión de las bases quedó en los papeles. Las bases no tuvieron expresión real, no se integraron orgánicamente en la CGT.De ellas no surgieron dirigentes, activistas, cuadros.

De este modo, por cierto, los movimientos de protesta fracasaron. La CGT fue quedando cada vez más desnuda frente al enemigo, y el gobierno no tuvo necesidad de intervenirla. La maniobra de unidad promovida por Perón le asestó un golpe decisivo.

***
Personalmente, es una evidencia que necesito retirarme momentáneamente de la escena. Mi libro no se escribirá solo, ni el editor seguirá pagándome indefinidamente. Necesito un aislamiento casi total. A partir de la semana próxima, en consecuencia, iré a la quinta. Esa evidencia está producida además por mi estado de ánimo, por la abulia generalizada que me domina. Duermo hasta doce horas por día, consumo diarios y revistas en cantidades infinitas, etc. Incluso leo demasiados libros. Escribo menos de media página por día. Estoy cansado y derrotado, debo recuperar una cierta alegría, llegar a sentir que mi libro también sirve, romper la disociación que en todos nosotros están produciendo las ideas revolucionarias, el desgarramiento, la perplejidad entre la acción y el pensamiento, etc.

Tiene que ser posible recuperar la revolución desde el arte. La película de Octavio es un camino. Recuperar, entonces, la alegría creadora, sentirse y ser un escritor; pero saltar desde esa perspectiva el cerco, denunciar, sacudir, inquietar, molestar. Incluso el libro deDavid, aunque mal hecho, es un índice. Puedo, incluso, incorporar la experiencia realizada en CGT, no como tema, sino como visión del mundo y las formas de lucha. El libro tiene que ser una denuncia, clara y diáfana, etc... ¿Podré? Cross my heart.


Diciembre 31, 68

"La hora de los hornos" de Pino Solanas

SITUACIÓN
Terminar el año con el zapato izquierdo visiblemente roto, mil quinientos pesos en el bolsillo, incapacitado para hacer regalos y desganado para recibirlos; con mil cosas pendientes, postergadas o mal hechas; en un estado casi permanente de mal humor o de abulia. Es posible que haya “mejorado” algo. Que esa mejoría sea lo que me pone de tan pésimo humor. La política se ha reimplantado violentamente en mi vida. Pero eso destruye en gran parte mi proyecto anterior, el ascético gozo de la creación literaria aislada; el status; la situación económica; la mayoría de los compromisos; muchas amistades, etc.

Es posible que, al fin, me convierta en un revolucionario. Pero eso tiene un comienzo muy poco noble, casi grosero. Es fácil trazar el proyecto de un arte agitativo, virulento, sin concesiones. Pero es duro llevarlo a cabo. Exige una capacidad de trabajo que todavía no poseo. Me refiero principalmente a métodos de trabajo. Hace años que vengo luchando por eliminar cosas que formaban una “infraestructura” errónea, la bebida, el cigarrillo, los malos horarios, la pereza y las postergaciones consiguientes, la autolástima, el desorden, la falta de disciplina; la consiguiente falta de alegría y de confianza; todo eso ensamblado en una estructura mental que seguía siendo burguesa.

Este año sólo he progresado en dos cosas. No bebo, lo que ha mejorado mi salud, o por lo menos compensado el “deterioro”. Empiezo a asimilar lo básico del marxismo, y mi “nivel de conciencia” es hoy bastante mayor. Estoy mucho más jugado. No aceptaría hoy incluir una cita de un bufón como Manucho en la contratapa de un libro, ni vacilaría en rechazar una beca en USA, etc. Me he pasado “casi” enteramente al campo del pueblo que además—y de eso sí estoy convencido— me brinda las mejores posibilidades literarias. Quiero decir que prefiero toda la vida ser un Eduardo Gutiérrez y no un Groussac; un Arlt y no un Cortázar.

Mujica Lainez

Pero decir estas cosas, escribirlas, me desalienta, me da sueño; eso significa que hay un duro núcleo de resistencia que rechaza todo esto como una banalidad; que preferiría mantener la fachada inescrutable sobre mis verdaderas contradicciones; suspender el análisis y seguir proponiéndome al mundo como un figurón, ligeramente martirizado por las circunstancias. Me está faltando coraje. Lo que sucede es que me paso al campo del pueblo, pero no creo que vamos a ganar: en vida mía, por lo menos. ¡En vida mía! Porque ésa es la clave: lo que pase después no me importa mucho, y entonces sigo siendo un burgués, más recalcitrante aún.

La película de Solanas-Getino nos mostraba ayer, con insuperable claridad, cómo no se puede ganar con clavos miguelito contra los tanques; con manifestaciones callejeras contra las ametralladoras, etc. ¿Cómo pelear, entonces? También lo dice la película: la revolución se hace primero en la cabeza de la gente. Conseguir que el oprimido quiera pelear y ame la revolución; pero conseguir también que el opresor se deteste a sí mismo, y no quiera pelear. Pero yo soy el primero a convencer de que la revolución es posible. Y esto es difícil en un momento de reflujo total,en que se me han acumulado catastróficamente el proyecto “burgués” (la novela) y el proyecto revolucionario (la política, el periódico, etc.). Si distingo con claridad, si analizo bien, si creo métodos aptos de trabajo: todo eso tiene solución.

Julio Cortázar

Lo que no soporto en realidad son las contradicciones internas. Las normas de arte que he aceptado—un arte minoritario, refinado, etc.—son burguesas; tengo capacidad para pasar a un arte revolucionario, aunque no sea reconocido como tal por las revistas de moda. Debo hacerla. La película de Getino-Solanas señala una ruta, que yo empecé a transitar hace diez años. Pero es indudable que debo continuar con mi proyecto “burgués”, radicalizándolo en lo posible, para quitarme la soga del cuello; volver a ser libre; planificar rigurosamente mi vida; desalienarme.
Así sea. [1]


Cooperación ExteriorMinisterio de asuntos exteriores y de cooperación | AECIDMunicipalidad de RosarioCCPE | AECID Centro Cultural Parque de España