| |
\\ Índice \ Número 5, invierno de 2008
Mayo francés
La imaginación al poder
por Jean-Paul Sartre / Daniel Cohn-Bendit.
JJean-Paul Sartre: En pocos días, sin que ninguna
orden de huelga general fuera lanzada, Francia se
encontró paralizada por los paros y las ocupaciones
de fábricas. Todo a consecuencia de que los estudiantes
se hicieron dueños de la calle en el Barrio
Latino. ¿Qué impresión tienen ustedes del movimiento
que han desencadenado? ¿Hasta dónde
puede llegar?
Daniel Cohn-Bendit: Ha alcanzado una extensión
que nosotros no podíamos prever al comienzo.
En este momento, el objetivo es derribar el régimen.
Pero no depende de nosotros que este objetivo
llegue o no a lograrse. Si fuera realmente el del
partido comunista, el de la CGT y de las otras centrales
sindicales, no habría problema: el régimen
caería en quince días, pues no hay modo de oponerse
a una manifestación de fuerza que comprometa
a todo el movimiento obrero.
JPS: Por ahora hay una evidente desproporción
entre el caráctermasivo del movimiento de huelga,
que permite, en efecto, un enfrentamiento directo
al régimen, y las reivindicaciones, con todo limitadas
(salarios, organización del trabajo, jubilaciones,
etc.), presentadas por los sindicatos.
DC-B: Hubo siempre un desnivel, en las luchas
obreras, entre el vigor de la acción y las reivindicaciones
iniciales. Pero puede suceder que el éxito de
la acción, el dinamismo del movimiento, llegue a
modificar en la marcha la naturaleza de las reivindicaciones.
Una huelga desencadenada para lograr
conquistas parciales puede transformarse en un
movimiento insurreccional.
Sentado esto, algunas reivindicaciones presentadas
en estos momentos por los trabajadores, van
muy lejos: la semana de 40 horas reales, por ejemplo,
y, en la fábrica Renault, el salario mínimo de
1.000 francos por mes. El poder “degaullista” no
puede aceptarlas sin quedar en una posición totalmente
desairada, y si se mantiene firme va al
enfrentamiento. Supongamos que los obreros también
se mantengan firmes, y que el régimen caiga.
¿Qué sucede? La izquierda toma el poder. Todo
dependerá entonces de lo que haga. Si realmente
cambia el sistema —confieso que lo dudo— tendrá
aceptación y todo marchará bien. Pero si tenemos
—con los comunistas o sin ellos—un gobierno tipo
Wilson, que proponga sólo reformas y reajustes
menores, la extrema izquierda se verá reforzada y
habrá que continuar presentando los verdaderos
problemas de organización de la sociedad, de poder
obrero, etc.
Pero no estamos todavía en eso, ni siquiera es seguro
que el régimen caiga.
JPS: Hay casos, cuando la situación es revolucionaria,
en que un movimiento como el vuestro no se
detiene, pero también suele suceder que el impulso
declina. En este caso, es preciso tratar de ir lo más
lejos posible antes de su detención. ¿Cuál es en su
opinión la parte irreversible en el movimiento
actual, suponiendo que acabe enseguida?
DC-B: Los obreros lograrán el cumplimiento de
cierto número de reivindicaciones materiales, al
mismo tiempo que importantes reformas tendrán
lugar en la Universidad por obrar de las tendencias moderadas
del movimiento estudiantil y de los
profesores. No serán las reformas radicales a las
que aspiramos, pero de todos modos tendremos
cierto peso: presentaremos propuestas precisas, y
sin duda algunas serán aceptadas porque no se atreverán
a negarnos todo. De seguro será un progreso,
pero nada fundamental habrá cambiado, por lo que
continuaremos cuestionando el sistema en su conjunto.
De 1848 a 1968
DC-B: De todas maneras no creo que la revolución
sea posible de un día para otro. Creo que sólo será
posible obtener mejoras sucesivas, más o menos
importantes, pero estas mejoras no podrán ser
impuestas sino por acciones revolucionarias. Por
esta razón, el movimiento estudiantil, que habrá
alcanzado, pese a todo, una reforma importante en
la Universidad, aunque transitoriamente pierda
energía, toma un valor de ejemplo para muchos jóvenes
trabajadores. Utilizando los medios de acción
tradicionales del movimiento obrero—la huelga, la
ocupación de la calle y de los lugares de trabajo—,
hemos derribado el primer obstáculo: el mito por el
cual “nada puede hacerse contra el régimen”. Hemos
probado que eso no era verdad. Y los obreros se han
lanzado por la brecha. Puede ser que esta vez no
sigan hasta el final. Pero habrá otras explosiones
más tarde. Lo importante es que se ha demostrado la
eficacia de los métodos revolucionarios.
La unión de estudiantes y obreros sólo puede hacerse
en la dinámica de la acción si el movimiento de
los estudiantes y el de los obreros conservan cada
uno su impulso y convergen hacia un mismo objetivo.
Por elmomento existe una desconfianza natural
y comprensible de los obreros.
JPS: Esta desconfianza no es natural sino adquirida.
No existía a comienzos del siglo XIX y sólo apareció
después de las masacres de junio de 1848.
Antes, los republicanos —que eran intelectuales y
pequeños burgueses— y los obreros marchaban
juntos. Después, no hubo ya perspectivas de unión,
ni siquiera en el partido comunista, que siempre ha
separado cuidadosamente a los obreros de los intelectuales.
DC-B: De todos modos algo ha sucedido en el
curso de esta crisis. En Billancourt, los obreros no
han dejado entrar en la fábrica a los estudiantes.
Pero el hecho mismo de que los estudiantes hayan
ido a Billancourt constituye algo nuevo e importante.
Ha habido, en realidad, tres etapas. Primero
la desconfianza franca, no sólo de la prensa obrera
sino del medio obrero. Decían: “¿Qué quieren esos
nenes de papá que vienen a fastidiarnos?” Y más
tarde, después de los combates en la calle, después
de la lucha de los estudiantes contra los policías, ese
sentimiento ha desaparecido y la solidaridad se
vuelve efectiva.
En este momento estamos en un tercer estadio: los obreros y los campesinos han entrado a su vez en
lucha pero nos dicen: “Esperen un poco, queremos
manejar nosotros mismos nuestro combate”. Es
normal. La unión sólo podrá realizarse más tarde si
los dos movimientos, el de los estudiantes y el de los
obreros, conservan su impulso. Después de cincuenta
años de desconfianza, no creo que lo que se
denomina “diálogo” sea posible. No se trata solamente
de hablar. Es natural que los obreros no nos
reciban con los brazos abiertos. El contacto sólo se
establecerá si combatimos juntos. Se puede, por
ejemplo, crear grupos conjuntos de acción revolucionaria,
en los que obreros y estudiantes planteen
juntos los problemas y actúen juntos. Habrá lugares
en los que eso funcione y otros en los que no
funcione.
JPS: El problema sigue siendo el mismo: mejoras o
revolución. Como usted dice, todo lo que ustedes
hacen a través de la violencia es recuperado por los
reformistas de una manera positiva. La Universidad,
gracias a lo que ustedes han hecho, se verá mejorada,
pero siempre dentro del marco de la sociedad
burguesa.
DC-B: Es evidente; pero creo que no hay otro modo
de avanzar. Tomemos el ejemplo de los exámenes.
No se discute que se seguirá con ellos. Pero seguramente
no se desarrollarán como antes. Se encontrará
una fórmula nueva. Y si una sola vez se efectúan
de un modo desacostumbrado, un proceso de reforma
se pondrá en marcha de modo irreversible. No
sé hasta qué punto llegará, lo que sé es que se hará
lentamente; pero es la única estrategia posible.
Para mí, no se trata de hacer metafísica, ni de
indagar cómo habrá que realizar la revolución. Ya he
dicho que creo que vamos más bien hacia un cambio
perpetuo de la sociedad, provocado, en cada
etapa, por acciones revolucionarias. El cambio radical
de las estructuras de nuestra sociedad sólo sería
posible si se produjera de golpe la coincidencia de
una crisis económica grave, con la acción de un
potente movimiento obrero y de un fuerte movimiento
estudiantil.Hoy estas condiciones no están
reunidas. Como máximo puede pretenderse la caída
del gobierno. Pero no puede soñarse en hacer estallar
la sociedad burguesa. Lo que no quiere decir que
no haya que hacer nada: todo lo contrario, es necesario
luchar paso a paso a partir de un cuestionamiento
global.
La cuestión de saber si puede haber todavía revoluciones
en las sociedades capitalistas evolucionadas
y de lo que hay que hacer para provocarlas realmente
no me interesa.
Cada cual con su teoría; unos dicen: las revoluciones
del tercer mundo son las que provocarán el
derrumbe del mundo capitalista. Otros: sólo gracias
a la revolución en el mundo capitalista podrá haber
desarrollo del tercer mundo. Todos los análisis están
más o menos fundados, pero en mi opinión, eso
no tiene mayor importancia.
Observemos lo que acaba de pasar. Desde hace
mucho tiempo hay gente que busca el mejor modo
de provocar una explosión en el medio estudiantil.
Nadie lo ha encontrado y finalmente ha sido una
situación objetiva la que ha provocado la explosión.
Influyó sin duda el manotón del poder —la ocupación
de la Sorbona por la policía—, pero es evidente
que esta “gaffe ”monumental no es el único origen
del movimiento. La policía ya había entrado en
Nanterre, algunos meses atrás, y eso no había despertado
ninguna reacción en cadena. Esta vez se
despertó una que no fue posible detener, lo que
permite examinar el papel que puede desempeñar
una minoría activa.
Lo que ha sucedido desde hace dos semanas
constituye, a mi entender, una refutación de la
famosa teoría de “las vanguardias revolucionarias”
consideradas como las fuerzas dirigentes de un
movimiento popular. En Nanterre y París ha habido
simplemente una situación objetiva, derivada
de lo que se llama de un modo vago “el malestar
estudiantil” y de la voluntad de acción de una parte
de la juventud, decepcionada por la inacción de las
clases que ejercen el poder. La minoría activa pudo,
por el hecho de ser teóricamente más consciente y
estar mejor preparada, encender el detonador y
penetrar por la brecha. Pero eso es todo. Los otros
podían seguir o no seguir. Sucede que han seguido.
Pero después, ninguna vanguardia, sea la UEC, la
JCR o los “marxistas-leninistas”, ha podido tomar la
dirección del movimiento. Sus militantes pudieron
participar en las acciones de un modo decidido
pero desaparecieron absorbidos por el movimiento.
Se los encuentra en los comités de coordinación,
donde su papel es importante, pero en ningún
momento hubo oportunidad de que estas vanguardias
desempeñaran un papel directivo.
No más vanguardias
DC-B: Es el punto esencial. Sirve para destacar que
es necesario abandonar la teoría de “la vanguardia
dirigente” para adoptar aquella —más simple y más
honrada— de “la minoría activa” que desempeña el
papel de un fermento permanente, impulsando a la
acción sin pretender la dirección. En efecto, aunque
nadie quiera admitirlo, el partido bolchevique no
dirigió la revolución rusa. Fue empujado por las
masas. Pudo elaborar su teoría en la marcha, dar
ciertos impulsos hacia un lado o hacia otro, pero
no desencadenó, solo, un movimiento que fue en su
mayor parte espontáneo. En determinadas situaciones
objetivas—con la ayuda de una minoría activa—
la espontaneidad retoma su lugar en el movimiento
social. Es ella la que promueve el avance, y
no las órdenes de un grupo dirigente.
JPS: Lo que mucha gente no comprende, es que
ustedes no buscan elaborar un programa, ni dar
una estructura al movimiento. Les reprochan querer
“destruirlo todo” sin saber —en todo caso sin
decir—lo que ustedes quieren colocar en lugar de lo
que derrumban.
DC-B: ¡Claro! Todo el mundo se tranquilizaría
—Pompidou en primer lugar— si fundáramos un
partido anunciando: “Toda esta gente está con nosotros.
Aquí están nuestros objetivos y el modo cómo
pensamos lograrlos...” Se sabría a qué atenerse y
por lo tanto la forma de anularnos. Ya no se estaría
frente a “la anarquía”, el “desorden”, la “efervescencia
incontrolable”.
La fuerza de nuestro movimiento reside precisamente
en que se apoya en una espontaneidad
“incontrolable”, que da el impulso sin pretender
canalizar o sacar provecho de la acción que ha desencadenado.
Para nosotros existen hoy dos soluciones
evidentes. La primera consiste en reunir cinco
personas de buena formación política y pedirles que
redacten un programa, que formulen reivindicaciones
inmediatas de aspecto sólido y digan: “Esta es la
posición del movimiento estudiantil, hagan según
eso lo que quieran”. Es la mala solución. La segunda
consiste en tratar de hacer comprender la situación,
no a la totalidad de los estudiantes ni siquiera a la
totalidad de los manifestantes, pero a un gran número
de entre ellos. Para eso, es preciso evitar la creación
inmediata de una organización o definir un
programa que serían inevitablemente paralizantes.
La única oportunidad del movimiento es justamente
ese desorden que permite a las gentes hablar libremente
y que puede desembocar, por fin, en cierta
forma de autoorganización. Por ejemplo, es necesario
ahora renunciar a las reuniones de gran espectáculo
y llegar a formar grupos de trabajo y de acción.
Fue lo que tratamos de hacer en Nanterre.
Ante la repentina libertad de palabra en París, se
hace preciso que en primer término la gente se
exprese.Dicen cosas confusas, vagas, a menudo sin
interés, porque se las han dicho cien veces, pero eso
les permite, después de haber dicho todo eso, plantearse
la siguiente pregunta: “¿Y ahora?” Eso es lo
más importante, y lo que la mayor parte de los estudiantes
se preguntan: “¿Y ahora?” Sólo después
podrá hablarse de programa o de estructuración. Si
nos planteáramos desde el comienzo el tema: “¿Qué
harán con los exámenes?”, significaría asfixiar las
posibilidades, sabotear el movimiento, interrumpir
la dinámica. Los exámenes tendrán lugar y nosotros
presentaremos propuestas, pero que nos den tiempo.
Primero hay que hablar, reflexionar, buscar fórmulas
nuevas. Las encontraremos. Pero no hoy.
Una reiniciación de clases catastrófica.
JPS: El movimiento estudiantil como usted ha
dicho, está ahora en la cresta de la ola. Pero están
por llegar las vacaciones, una pausa, seguramente
un retroceso. El gobierno aprovechará para realizar
reformas. Invitará a estudiantes a participar en ellas,
y muchos aceptarán diciendo: “Nosotros sólo pretendemos
reformas”, o si no: “Son sólo reformas,
pero es mejor que nada y las hemos obtenido por la
fuerza”. Tendrán una Universidad transformada,
pero los cambios pueden muy bien ser sólo superficiales,
limitarse al progreso de los equipos materiales,
de los locales, de los restaurantes universitarios.
Todo eso no cambiará la esencia del sistema.
Son reivindicaciones que el poder puede satisfacer
sin que sea cuestionado el régimen. ¿Creen ustedes
poder obtener “mejoras” que introduzcan realmente
elementos revolucionarios en laUniversidad burguesa;
que hagan, por ejemplo, que la enseñanza
impartida en la Universidad esté en contradicción
con la función principal de la Universidad en el
régimen actual: formar cuadros bien integrados en
el sistema?
DC-B: En primer término, las reivindicaciones
puramente materiales pueden tener un contenido
revolucionario. Con respecto a los restaurantes universitarios
tenemos una reivindicación de fondo.
Pedimos su supresión en cuanto a su carácter de
restaurantes “universitarios”. Es necesario que se
transformen en restaurantes “de la juventud”, en
los que todos los jóvenes, estudiantes o no, puedan
comer por 1,40 francos. Y nadie puede estar en contra:
si los trabajadores jóvenes trabajan todo el día,
no se justifica el que de noche no puedan comer
por 1.40 F. Igual cosa en lo que respecta a las ciudades
universitarias: pedimos que se conviertan en
ciudades para la juventud. Hay muchos obreros
jóvenes, muchos aprendices que desean independizarse
de sus padres pero que no pueden arrendar un
cuarto porque cuesta 30.000 francos viejos por mes;
queremos que se los acoja en las ciudades donde el
alquiler es de 9.000 o 10.000 francos viejos. Los
hijos de familias acomodadas que estudian derecho
o ciencias políticas pueden ir a otra parte.
En el fondo, no pienso que las reformas que
podrá hacer el gobierno sean las suficientes para
desmovilizar a los estudiantes. Las vacaciones señalarán
indudablemente un retroceso, pero no quebrarán
el movimiento. Algunos dirán: “Nuestro
golpe ha fracasado”, sin tratar de explicarse lo que
sucedió.Otros dirán: “La situación no estaba madura”.
Peromuchos militantes comprenderán que hay
que capitalizar lo que acaba de pasar, analizarlo
teóricamente y prepararse para una nueva acción en
la reapertura. Porque la reapertura de cursos será
catastrófica, sean las que fueren las reformas gubernamentales.
Y la experiencia de la acción desordenada,
imprevista, provocada por el poder, que acabamos
de conducir, nos permitirá volver más eficaz
la acción que podría desencadenarse en otoño. Las
vacaciones permitirán a los estudiantes esclarecer su
propio desconcierto, que se manifestó en estos
quince días de crisis, y a reflexionar sobre lo que
quieren y pueden hacer.
En cuanto a la posibilidad de lograr que la enseñanza
impartida en la Universidad se vuelva una
“contra-enseñanza” que forme, no cuadros bien
integrados sino revolucionarios, es una esperanza
que me parece un poco idealista. La enseñanza burguesa,
aún reformada, producirá cuadros burgueses.
La gente será aprisionada en el engranaje del
sistema. En el mejor de los casos, se volverán miembros
de una izquierda benévola pero seguirán siendo,
objetivamente, engranajes que aseguren el funcionamiento
de la sociedad.
Nuestro objetivo es lograr poner en marcha una
“enseñanza paralela” tanto técnica como ideológica.
Se trata de que nosotros mismos volvamos a poner
en marcha la Universidad sobre bases completamente
nuevas, aunque esto no dure más que unas
pocas semanas. Acudiremos a los profesores de
izquierda y de extrema izquierda que estén dispuestos
a trabajar con nosotros en los seminarios y a
apoyarnos con sus conocimientos —renunciando
a su condición de profesores— en la experiencia
que emprenderíamos.
Podríamos inaugurar seminarios en todas las
facultades—por supuesto nada de clases magistrales—
sobre los problemas del movimiento obrero,
sobre la utilización de la técnica al servicio del hombre,
sobre las posibilidades que ofrece la automación.
Y todo esto no simplemente desde un punto
de vista teórico (no hay un solo libro de sociología
que no comience con la frase: “Hay que poner la técnica
al servicio del hombre”) sino planteando problemas
concretos. Esta enseñanza tendría inevitablemente
una orientación contraria a la del sistema
en uso, por lo que la experiencia no podría durar
mucho tiempo: el sistema reaccionaría inmediatamente
y el movimiento sucumbiría. Pero lo importante
no es elaborar una reforma de la sociedad
capitalista sino lanzar una experiencia de ruptura
completa con esta sociedad; una experiencia que
no dure pero que deje entrever una posibilidad: se
percibe algo, fugitivamente, que luego se extingue.
Pero basta para probar que ese algo puede existir.
No esperamos construir una universidad de tipo
socialista en nuestra sociedad, porque sabemos que
la función de la Universidad seguirá siendo la
misma en tanto que no cambie la totalidad del sistema.
Pero creemos que puede haber momentos de
ruptura en la cohesión del sistema y que se puede
aprovecharlos para abrir brechas.
JPS: Eso supone la existencia permanente de un
movimiento “anti-institucional” que impida a las
fuerzas estudiantiles estancarse. Lo que ustedes
pueden reprochar a UNEF, en efecto, es de ser un
sindicato, es decir una institución forzosamente
esclerosada.
DC-B: Le reprochamos ser, sobre todo en sus formas
de organización, incapaz de lanzar una reivindicación.
La defensa de los intereses de los estudiantes
resulta, de todos modos, una cosa problemática.
¿Cuáles son esos intereses? Los estudiantes
no constituyen una clase. Los trabajadores, los campesinos,
forman una clase social y tienen intereses
objetivos. Sus reivindicaciones son claras y van dirigidas
a los patrones, a los representantes de la burguesía.
¿Pero los estudiantes? ¿Quiénes son sus
opresores, salvo el sistema?
Nuevos medios
JPS: En efecto, los estudiantes no constituyen una
clase. Ellos se definen por la edad y por una relación
con el conocimiento. El estudiante es alguien que,
por definición, un día dejará de ser estudiante, en
no importa cuál sociedad, incluso en aquella en la
que soñamos.
DC-B: Eso es lo que justamente hay que cambiar.
En el sistema actual se dice: existen los que trabajan
y los que estudian. Y todo queda en una división,
aunque sea sensata, del trabajo social. Pero es posible
imaginar otro sistema en el cual todo el mundo
toma parte en las tareas de producción—reducidas
al máximo gracias a los progresos de la técnica— y
en el cual todos tengan la posibilidad de proseguir
paralelamente estudios continuos. Es el sistema del
trabajo productivo y del estudio concomitante.
Evidentemente habrá casos especiales: no se
puede dedicarse a lasmatemáticas avanzadas, o a la
medicina y ejercer otra actividad al mismo tiempo.
No se trata de instituir reglas uniformes. Pero es el
principio de base el que ha de ser cambiado. Es
preciso rechazar, desde un comienzo, la distinción
entre estudiante y trabajador.
Por supuesto, nada de esto tendrá lugar mañana
mismo, pero algo hay que se ha puesto en marcha y
que proseguirá ineludiblemente.
JPS: Lo interesante de la acción que ustedes desarrollan
es que lleva la imaginación al poder.
Ustedes poseen una imaginación limitada como
todo el mundo, pero tienen muchas más ideas que
sus mayores. Nosotros estamos formados de un
modo tal que tenemos ideas precisas sobre lo que es
posible y lo que no lo es. Un profesor dirá:
“¿Suprimir los exámenes? Jamás. Se puede perfeccionarlos,
pero no suprimirlos”. ¿Por qué esto?
Porque ha pasado por los exámenes durante la
mitad de su vida.
La clase obrera ha imaginado a menudo nuevos
métodos de lucha, pero siempre en función de la
situación precisa en la que se encontraba. En 1936
inventó la ocupación de las fábricas, porque era la
única arma que tenía para consolidar y sacar provecho
de una victoria electoral. Ustedes tienen una
imaginación mucho más rica y las frases que se leen
en los muros de la Sorbona lo prueban. Hay algo
que ha surgido de ustedes que asombra, que trastorna,
que reniega de todo lo que ha hecho de nuestra
sociedad lo que ella es. Se trata de lo que yo llamaría
la expansión del campo de lo posible. No renuncien
a eso. [3]
|