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\\ Índice \ Número 5, invierno de 2008
Poesía
Los poetas bajaron del Olimpo
Nicanor Parra, Pablo Neruda, Idea Vilariño, Belkis Cuza Malé, Rosario Castellanos, Roque Dalton, Enrique Lihn, Heberto Padilla, Raúl González Tuñón, Dionisio Ridruejo, Jaime Jaramillo Escobar, José Carlos Becerra y Jorge Eduardo Eielson.
Manifiesto
Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
—Nuestra primera y última palabra—
Los poetas bajaron del Olimpo.
Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.
A diferencia de nuestros mayores
—Y esto lo digo con todo respeto—
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.
Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.
Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.
Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
—Y esto lo digo con mucho respeto—
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.
Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.
No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.
Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.
Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.
Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
“Libertad absoluta de expresión”.
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.
¡Qué lo van a asustar con poesías!
La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.
Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
—Y esto sí que lo digo con respeto—
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.
Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
—Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos—
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.
Los poetas bajaron del Olimpo.
—Nicanor Parra— |
Las manos negativas
Cuándo me vio ninguno
cortando tallos, aventando el trigo?
Quién soy, si no hice nada?
Cualquiera, hijo de Juan,
tocó el terreno
y dejó caer algo
que entró como la llave
entra en la cerradura
y la tierra se abrió de par en par.
Yo no, no tuve tiempo,
ni enseñanza:
guardé las manos limpias
del cadáver urbano,
me despreció la grasa de las ruedas,
el barro inseparable de las costumbres claras
se fue a habitar sin mí las provincias silvestres:
la agricultura nunca se ocupó de mis libros
y sin tener que hacer, perdido en las bodegas,
reconcentré mis pobres preocupaciones
hasta que no viví sino en las despedidas.
Adiós dije al aceite, sin conocer la oliva,
y al tonel, un milagro de la naturaleza,
dije también adiós porque comprendía
cómo se hicieron tantas cosas sobre la tierra
sin el consentimiento de mis manos inútiles.
—Pablo Neruda—
Agradecimiento
Esto, que de poema tiene sólo la
forma, es un agradecimiento a
quienes nos están enviando folletos
con las fotos de los cadáveres de los
guerrilleros muertos en Bolivia,
enmarcadas, eso sí, por textos
falaces y torpes que, como siempre,
como hacen en Vietnam a cada
rato, erran el blanco (1968).
Agradezco
agradezco de verdad
de todo corazón
esos pobres retratos de sus muertes queridas
sus muertes por nosotros
que hasta el día de hoy no habían tenido
sino un rostro
el del Che.
Agradezco
agradezco y si pudiera
retribuir con creces
si yo también tuviera
semejantes servicios de información
con gusto
más
con feroz pasión prepararía
algo más que un folleto
para retribuir
prepararía un álbum
con las fotos de veinte mil muchachos
también agujereados también rotos
también quemados
muertos
mientras los ocupaban en destruir Vietnam
que por allá se pudren.
Sí.
Uno está vivo
vivo
y algún día se muere
y
luego se pudre.
Y qué.
También el lindo Kennedy
y el pobre pastor King
sin que nunca hayan hecho la guerrilla.
Hay algunos
hay muchos
que mueren en la cama
—no veo la ventaja—
pero por conseguirlo
hay quienes por la vida
van meneando la cola hasta arrancársela.
Otros
si nacen negros y en Estados Unidos
o en países así
a veces son matados como perros
y también quedan por ahí tirados.
Si por acaso se nació en Vietnam
es posible morir ametrallado
asfixiado pateado
tajeado contagiado retorcido
asado envenenado destrozado
por los occidentales y cristianos
por los occidentales y cristianos
por los cristianos digo.
Si tienen más fotografías
y no es mucha molestia
por favor les pedimos
no dejen de enviarlas.
Nadie se asusta de una muerte al sol
cuando se da la vida por un sueño.
Aquí en el Uruguay
los venerados héroes
anduvieron también por las cuchillas
y dejaron sus huesos por ahí.
Y el que hoy va a la guerrilla en Sud América
no va como ese chico de Khe Sanh
que quería comprarse un grabador.
Y el pobre bestia se alquiló tan sólo
por cobrar unos dólares de más.
Pero Señores
esto es otra cosa.
Cómo no lo aprendieron en Vietnam.
Esto se llama libertad o muerte
y para muchos ésa
no es una linda frase y nada más
es Libertad oMuerte
y lo de libertad va contra ustedes
lo de muerte también va contra ustedes.
Y hay quienes por cumplirlo
van a la muerte.
Y qué.
Y hay además de ustedes
mercenarios
cipayos
vendepatrias
sicarios y malinches
y hay imbéciles
que también son el blanco de esa frase
que también tienen por opción la muerte.
Y hay —Señores—
seguro
quién lo duda
hay que elegir con decisión porque hay
dos vidas y dos muertes posibles
y porque hay
diferentes maneras de pudrirse.
Y ustedes
sin quererlo
ayudan a elegir en todo el mundo.
Gracias por todo. Libertad o muerte.
—Idea Vilariño—
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Están haciendo una muchacha para la época
Están haciendo una muchacha para la época,
con mucha cal y unas pocas herramientas,
alambres, cabelleras postizas,
senos de algodón y armazón de madera.
El rostro tendrá la inocencia de Ofelia
y las manos, el rito de una Helena de Troya,
hablará tres idiomas
y será diestra en el arco, en el tiro y la flecha.
Están haciendo una muchacha para la época,
entendida en política
y casi en filosofía,
alguien que no tartamudee,
ni tenga necesidad de espejuelos,
que llene los requisitos de una aeromoza,
lea a diario la prensa
y, por supuesto, libere su sexo
sin dar un mal paso con un hombre.
En fin, si no hay nuevas disposiciones,
así saldrá del horno
esta muchacha hecha para la época.
—Belkis Cuza Malé—
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Memorial de Tlatelolco
La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.
¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)
No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Más que aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.
Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.
—Rosario Castellanos—
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Decires
“El marxismo-leninismo es una piedra
para romperle la cabeza al imperialismo
y a la burguesía.”
“No. El marxismo-leninismo es la goma elástica
con que se arroja esa piedra.”
“No, no. El marxismo-leninismo es la idea
que mueve el brazo
que a su vez acciona la goma elástica
de la honda que arroja esa piedra.”
“El marxismo-leninismo es la espada
para cortar las manos del imperialismo.”
“Qué va! El marxismo-leninismo es la teoría
de hacerle la manicure al imperialismo
mientras se busca la oportunidad de amarrarle las manos.”
¿Qué voy a hacer si me he pasado la vida
leyendo el marxismo-leninismo
y al crecer olvidé
que tengo los bolsillos llenos de piedras
y una honda en el bolsillo de atrás
y que muy bien me podría conseguir una espada
y que no soportaría estar cinco minutos
en un Salón de Belleza?
—Roque Dalton—
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A Roque Dalton
Soy un poco el poeta del chambergo flotante,
de los quevedos flotantes, de la melena y la capa española,
un viejo actor de provincia bajo una tempestad artificial
entre los truenos y relámpagos que chapucea el utilero.
Si mal no recuerdo, monologo, me esmero
en llenar el vacío en que moldeo mi voz,
y la palabra brilla por su ausencia
y el drama me es impenetrable.
Envejezco al margen de mi tiempo
en el recuerdo de unos juegos florales
porque no puedo comprender exactamente la historia.
—Enrique Lihn—
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El discurso del método
Si después que termina el bombardeo,
andando sobre la hierba que puede crecer lo mismo
entre las ruinas
que en el sombrero de tu Obispo,
eres capaz de imaginar que no estás viendo
lo que se va a plantar irremediablemente delante de tus ojos,
o que no estás oyendo
lo que tendrás que oír durante mucho tiempo todavía;
o (lo que es peor)
piensas que será suficiente la astucia o el buen juicio
para evitar que un día, al entrar en tu casa,
sólo encuentres un sillón destruido, con un montón
de libros rotos,
yo te aconsejo que corras enseguida,
que busques un pasaporte,
alguna contraseña,
un hijo enclenque, cualquier cosa
que puedan justificarte ante una policía por el momento torpe
(porque ahora está formada
de campesinos y peones)
y que te largues de una vez y para siempre.
Huye por la escalera del jardín
(que no te vea nadie).
No cojas nada.
No servirán de nada
ni un abrigo, ni un guante, ni un apellido,
ni un lingote de oro, ni un título borroso.
No pierdas tiempo
enterrando joyas en las paredes
(las van a descubrir de cualquier modo).
No te pongas a guardar escrituras en los sótanos
(las localizarán después los milicianos).
Ten desconfianza de la mejor criada.
No le entregues las llaves al chofer, no le confíes
la perra al jardinero.
No te ilusiones con las noticias de onda corta.
Párate ante el espejo más alto de la sala, tranquilamente,
y contempla tu vida,
y contémplate ahora como eres
porque ésta será la última vez.
Ya están quitando las barricadas de los parques.
Ya los asaltadores del poder están subiendo a la tribuna.
Ya el perro, el jardinero, el chofer, la criada
están allí aplaudiendo.
—Heberto Padilla— |
Aquello del pasado que mantiene vigencia
El pasado muere y renace en cada generación.
Juan Carlos Mariátegui
La juventud también es un estado de ánimo
y una manera de vivir, como la poesía.
Una actitud, un pasaporte a la aventura
y a sus contradicciones y sus salvajes riesgos.
Sí, ya lo sé, hay jóvenes de mente vieja y viejos
que hasta el fin mantienen su actitud, la rosa fresca del coraje.
Y toda rebelión impone luego su propia ley, su ritmo
y es cuando el equilibrio organiza la audacia,
distribuye los gestos de la sangre
y decanta lo que hubo de extremismo infantil
y de grito de moda en su barullo.
Cuando sabe enlazar a los hechos de hoy –inapelables–
de la violencia y el amor,
aquello del pasado que mantiene vigencia.
—Raúl González Tuñón—
Hippies en Berkeley
La cantería de la torre sube
con fe de sus cimientos.
El horizonte es vegetal. Vencidos
en desmayo de sombra están los cuerpos
que desean caer. Un clarinete
les ata por los nervios
y un aroma de hierba los transporta
donde ya no hay preguntas.
El acero
con cristal y la más ardiente puja
de la vida no sirven; quedan presos
en párpados que son como paréntesis.
Algo cruje y acaba. Está queriendo
y sin querer. Es ávido y saciado.
Es cólera y desprecio.
Es sangrado desdén. Como si el mundo
de la promesa remontase un vuelo
vertiginoso y la conciencia fuera
su ceniza de sueño.
—Dionisio Ridruejo— |
Problemas de la estética contemporánea
La magnitud de la humanidad pesa sobre cada uno de nosotros, y sentimos profundamente a los antípodas pateando sobre nuestro corazón.
De modo que no es extraño que andemos como unos cristos abofeteados en busca de una cruz para apoyarnos.
Habiendo subido a lo alto de una colina una noche, ante mí se extendía la ciudad como una piel de tigre.
Y en el licor de las copas cintilaban las lucecillas de tres almas.
La última era la mía, alma siempre sobrante y solitaria.
Por el aire volaban dentelladas y entonces apareció el Diablo y me dijo: —“Te lo daría todo si postrado me adoraras”.
Ser el dueño del mundo es lo mismo que no tener nada, pues el error existe en todo y siempre nos engañan.
Mi jeans y mi chaqueta no se pueden cambiar por un edificio de cinco pisos ni por un puesto en las oficinas del Gobierno.
Prefiero andar derrotado por los alrededores de talleres de mecánica y cobertizos de carros.
Allí todos tratan de poner en sus vidas las mejores cosas que pueden, y así recogen una flor, una novia y un espejo.
Este esfuerzo colectivo me enternece y de pronto, sin darme cuenta, le sonrío a la gente como un perro.
Una mañana andaba un hombre desnudo por las calles de la ciudad.
La policía lo metió a la cárcel pocas horas después, como a todo hombre que intenta ser feliz.
Porque todo lo que no está dentro de la Ley está fuera de ella.
Y dentro de la Ley no puede haber un hombre desnudo porque la Ley es hecha por los representantes de los propietarios de las fábricas de tejidos.
Como tampoco puede haber un hombre con hambre, porque el hambre del pobre es resbalosa.
A la puerta de un pequeño restaurante donde entré un día se paró un hombre hirsuto que después de mirar se fue diciendo:
—“¿Conque comiendo, eh? ¡Me alegro, me alegro!”
Y su risa cayó sobre la sopa como una araña negra.
El fabricante de rosquillas puede al menos comérselas, pero el que sólo sabe hacer poemas, ¿qué comerá?
Si una pregunta no tiene respuesta lo mejor es cambiar de pregunta y de problema.
Para eso hay petulantes que nos dicen:
—“¡Dedícate a la estética!”
—Jaime Jaramillo Escobar—
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El espejo de piedra
Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco,
los cuchillos de jade hallaron su visaje ceremonial en boca de las ametralladoras.
Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, Nuño de Guzmán oró ante Huitzipochtli
y le ofreció el sacrificio.
Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, descubrieron aterrados que otra vez existía ese país,
aquel que ellos creyeron sepultado
bajo el jade y las plumas y los estípites y los palacios de Adamo Boari y los desayunos en Sanborn’s,
de su oportuna y mestiza retórica.
Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, treinta años de paz más otros treinta años de paz,
más todo el acero y el cemento empleados en construir la escenografía para las fiestas del fantasmagórico país,
más todos los discursos
salieron por boca de las ametralladoras.
Lava extendiéndose para borrar lo que iba tocando, lo que iba haciendo suyo,
para traerlo a la piedra del ídolo nuevamente.
¿Pero lo trajo de nuevo a la piedra del ídolo?
¿Pero tantos y tantos muertos por la lava de otros treinta años de paz,
terminarán en la paz digestiva de Huitzilopochtli?
Se llevaron los muertos quién sabe adónde.
Llenaron de estudiantes las cárceles de la ciudad.
Pero al jade y a las plumas y al estofado de los estítipes y a los nuevos palacios que ya no construyó Boari, y a los desayunos en Sanborn’s,
se les rompió por fin el discurso.
Y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido para contemplarse,
encontrarán en ellos solamente
a los muertos hablándoles.
A treinta años de paz —como a otros treinta años de paz—,
más todo el acero y el cemento empleados en inventar la sombra de un país,
más a todos los discursos y los planes de negocios dulcemente empapados
por el olor de los desayunos en Sanborn’s,
se les rompió, de pronto, el espejo.
Se apostaron como siempre detrás de una iglesia,
poco importa si laica o religiosa,
y otras “Noches” y otras “Matanzas”,
vinieron en ayuda de ellos.
En la Plaza de las Tres Culturas,
el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado,
descubrieron que en realidad eran uno solo, porque secretamente siempre
desearon parecerse a Limantour.
Después de haber desayunado juntos en Sanborn’s,
el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado,
en la Plaza de las Tres Culturas, escucharon
—ya uno de los últimos conciertos—
el vals Dios nunca muere.
—José Carlos Becerra—
Escultura luminosa
Los jóvenes levantaron la enorme esfera escarlata —cuyas dimensiones parecían insignificantes comparadas con su contenido— y la colocaron en el cráter.
La ceremonia, iniciada a medianoche ante millares de ojos húmedos (la libertad huele a gas lacrimógeno) terminó sólo al alba, cuando la esfera se elevó más
resplandeciente que 10 000 bombas atómicas.
—Jorge Eduardo Eielson—
In memoriam
Yo vi a los manes de mi generación, a los lares, cantar en ceremonias, alegrarse
cuando Cuba y Fidel y aquel año 60 eran apenas
un animal inferior, invertebrado.
Y yo los vi después
cuando Cuba y Fidel y todas esas cosas fueron peso y color
y la fuerza y la belleza necesarias a un mamífero joven.
Yo corría con ellos
y yo los vi correr.
Y el animal fue cercado con aceite, con estacas de pino, para que ninguno conociera
su brillante pelaje, su tambor.
Yo estuve con mi alegre ignorancia, mi rabia, mis plumas de colores
en las antiguas fiestas de la hoguera,
Cuba sí, yanquis no.
Y fue entonces que tuvimos nuestro muerto.
(Los marinos volvieron con su cuerpo en una bolsa, con las carnes estropeadas
y la noticia de reinos convenientes.
Así les ofrecimos sopa de acelgas, panes con asado, beterragas,
y en la noche
quemamos su navío.)
“Quién no tuvo un par de manes, tres lares y algún brujo como toda heredad
—sabios y amables son, engordan cada día.
Hombres del país donde la única Torre es el comercio de harina de pescado,
gastados como un odre de vino entre borrachos.
Qué aire ya nos queda.
Y recibimos un laurel viejo de las manos del propio Virgilio y de manos de Erasmo
una medalla rota.
Holgados y seguros en el vericueto de la Academia y las publicaciones.
Temiendo algún ataque del Rey de los Enanos, tensos al vuelo de una mosca:
Odiseos maltrechos que se hicieron al agua
aun cuando los temporales destruían el sol y las manadas de cangrejos, y he aquí
que embarraron con buen sebo la proa
hasta llegar a la tierra del Hombre de Provecho.
(Amontonad los muertos en el baño, ocultadlos, y pronto el Coliseo
os será limpio y propicio como una cama blanda.)”
Hay un animal noble y hermoso cercado entre ballestas.
En la frontera Sur la guerra ha comenzado. La peste, el hambre, en la frontera Norte.
—Antonio Cisneros—
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Mito futuro
De las ciudades quedará sólo el viento que pasaba por ellas.
Bertolt Brecht
Después de la guerra nuclear
antes del viaje inevitable
dijo a su familia
recen para que los patoteros no me maten.
El redactor del ex-diario principal le previno
que viajaría con el último rey de los anteojos negros
quemado de angustia por el presentimiento
del fin de su reinado.
En mitad del camino
fueron retenidos por los inmorales
que habían desbaratado el poder
por desidia de los submorales.
Obligados a descender del coche
trizaron los anteojos del rey
le pusieron una corona de cigarros
y poseídos por las drogas
festejaron la muerte de toda autoridad.
Para observar bien este cambio
Dios hizo parar el sol
y a través de su disco usado de monóculo
se asombró viendo
tanta libertad en los humanos.
Entretanto el demonio que nunca duerme
no tardó en afilar sus cuernos y su cola
logrando abolir los beneficios científicos
técnicos e higiénicos
y volvió la peste.
El ómnibus donde viajaron el rey y el poeta
quieto para siempre en el camino
se llenó de enfermos
y la podredumbre de los cuerpos eliminó el placer.
Por fin no hubo guerra
a falta de tensiones que la originasen
pero cierto ermitaño
afirmaba estar preparando una estirpe
superior a la de Rómulo y Remo
con leche de su vaca consagrada.
Estos muchachos a la edad de dieciocho años
consultaron al rey y al poeta ya tiñosos y decrépitos
para cerciorarse del pasado con miras al porvenir.
El poeta les aconsejó que fuesen
astronautas del espíritu
y ellos contestaron:
—El rey nos ilustró que en el sistema estamos solos
y no hay tiempo de llegar a las estrellas.
—Yo no predico lo concreto ni lo abstracto
sino la vida que no cesa
para que nuestra historia no sea un saco
de gusanos hecho polvo
perdido en la materia.
—Y nosotros declaramos
que hemos bebido la leche de la vaca consagrada
para vencer la muerte. Nuestra superhombría demanda
avanzar sobre cadáveres
de ministros y fieles falsos
hacia una necesaria religión vital.
—Francisco Gandolfo—
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“Manifiesto” por Nicanor Parra (San Fabián de
Alico, cerca de Chillán, Chile, 1914). En Otros poemas
(1968), de Obra gruesa, Santiago de Chile, Ed.
Universitaria, 1969.
“Las manos negativas” por Pablo Neruda (Parral,
Región del Maule, Chile, 1904-Santiago, 1973). En
Las manos del día, Buenos Aires, Losada, 1968.
“Agradecimiento” (1968) por Idea Vilariño
(Montevideo, Uruguay, 1920). En Poesía completa,
Montevideo, Cal y Canto, 1994.
“Están haciendo una muchacha para la época” por Belkis Cuza Malé (Guantánamo, Cuba, 1942). En
Juego de damas, finalista del Premio Casa de las
Américas 1968; el libro fue editado por la UNEAC
en 1971, pero no llegó a distribuirse; volvió a ser
editado en 2002 por Término Editorial, Denver,
Colorado, EE.UU.
“Memorial de Tlatelolco” por Rosario Castellanos
(México, 1925-Tel Aviv, Israel, 1974). En Materia
memorable, México, UNAM, 1969. En la estela que
se erigió en la Plaza Tlatelolco el 2 de Octubre de
1993 al cumplirse 25 años de la matanza se incluyó un fragmento de este poema.
“Decires” por Roque Dalton (San Salvador, El
Salvador, 1935-1975). En Taberna y otros lugares,
La Habana, Casa de las Américas, 1969. “A Roque Dalton” por Enrique Lihn (Santiago de
Chile, 1915-1984) . En La musiquilla de las pobres
esferas, Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1969.
“El discurso del método” por Heberto Padilla
(Pinar del Río, Cuba, 1932-Alabama, EEUU, 2000).
En Fuera del juego, La Habana, Ediciones Unión,
1968. Primer premio en el concurso 1968 de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
“Aquello del pasado que mantiene vigencia” por
Raúl González Tuñón (Buenos Aires 1905-1974). En
El rumbo de las islas perdidas, Buenos Aires,
Ediciones del Alto Sol, 1969.)
“Hippies en Berkeley” por Dionisio Ridruejo (El
Burgo de Osma, Soria, España, 1912- Madrid, 1975).
En Casi en prosa, 1968-70. Revista de Occidente,
Madrid, 1972.
“Problemas de la estética contemporánea” por
X-504 (Jaime Jaramillo Escobar —Pueblorrico,
Colombia, 1932—). En Los poemas de la ofensa,
Bogotá, Tercer Mundo, 1968. Por este libro, Jaime
Jaramillo Escobar, también conocido por su pseudónimo
X-504, obtuvo el Premio de Poesía Nadaísta “Cassius Clay”.
“El espejo de piedra” por José Carlos Becerra
(Villahermosa, Tabasco, México, 1936-Brindisi,
Italia, 1970). Publicado originalmente en “La
Cultura en México”, suplemento del semanario
Siempre! en noviembre de 1968, incluido en El
otoño recorre las islas. Obra Poética 1961/1970,
México, Ediciones Era, 1973.
“Escultura luminosa” por Jorge Eduardo Eielson
(Lima, Perú, 1924-Milán, Italia, 2006). En Esculturas
subterráneas, 1966-1968 de Poesía escrita, Bogotá,
Editorial Norma, 1998.
“In memoriam” por Antonio Cisneros (Lima, Perú,
1942). En Canto ceremonial contra un oso hormiguero,
Buenos Aires, Centro Editor de América
Latina, 1968. Primer premio en el rubro poesía del
concurso literario 1968 de Casa de las Américas, La
Habana, Cuba.
“Mito futuro” por Francisco Gandolfo (Hernando,
Córdoba, 1921-Rosario, 2008). En Mitos, Rosario, ediciones
el lagrimal trifurca, 1968; de Versos para despejar
la mente, Editorial Municipal de Rosario, 2006.
Los poemas fueron seleccionados por
D. G. Helder. |
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