Transatlántico

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina.
Número 5, invierno de 2008

Indice

1

   

¿Fin de la impaciencia?

2

 

Tucumán Arde

3

 

La imaginación al poder

4

 

El PCI para los jóvenes

5

 

La evolución de la revolución

6

 

Tlatelolco

7

 

Rulfo: el silencio interrumpido

8

 

Vietnam

9

 

Un nuevo Zaratustra

10

 

Los poetas bajaron del Olimpo

11

 

Contratapa


Contratapa

Humor: Roberto Fontanarrosa

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Guerra del 68

Vietnam

por Ignacio Ezcurra.


De Saigón a A Shau

San Francisco-Saigón— Negro, gris y rojo es el vuelo de San Francisco a Saigón. Como se viaja en la misma dirección que el sol, lo encierra a uno una noche irreal, interminable, de más de 20 horas. Pero el tono gris se lo da el destino. Aunque varias líneas regulares cubren esa ruta con frecuencia diaria, a los pasajeros se los anuncia y despide con tono de circunstancias. Más de la mitad son soldados, ya que los EstadosUnidos envían sus hombres al frente en vuelos comerciales. Los despiden novias y madres. Blancas y negras lloran, pero sin ruido. Como reacción, minutos después, en el avión, abundan los gritos, risas y anécdotas escandalosas. En la primera escala, Honolulú, bajan parejas de recién casados y se suman más soldados, nativos, de cara oscura. Los despiden caravanas interminables de parientes, que los abrazan, les cuelgan collares de leis al cuello y los bañan en lágrimas. Al volar sobre la isla deWake, punto que señala la línea internacional del tiempo, el almanaque nos hace una trampa, y se pierde un día.

En Guam, última escala antes de Saigón, los que descienden parecen avergonzados, y lo hacen con apuro y sin mirar a los costados. Al levantar vuelo nos alcanza la luz y explota en el aire el transparente azul del Pacífico y el verde cargado de la vegetación de la isla, marco de algunas de las más sangrientas batallas de la segunda guerra mundial. De allí en adelante las caras se estiran, serias, por la ventanilla, tratando de adivinar la costa baja de Vietnam. Un matrimonio de edad, que va a visitar a su hijo soldado, me pregunta si lo encontrará bien. “Por supuesto, señora”. En la distancia finalmente se dibuja un perfil de sombra.

El avión asciende a 12.000 metros. “Hay que impedir que nos alcancen los cañones comunistas”, dice la azafata, con la misma cara sonriente con que había anunciado el cóctel. Y ya volando sobre los arrozales cuajados de cráteres rojos y grises, se desploma en el interior del avión el fantasma de la guerra. Los soldados, estirados en sus asientos, hacen como que dormitan, mientras piensan o recuerdan.

De pronto el avión inclina la nariz e inicia un vertiginoso descenso en busca del aeropuerto. Ya volamos sobre Saigón. Rodean la ciudad fuertes de forma triangular, y se ven muchas casas quemadas recientemente. Pocos minutos después carreteamos por el aeropuerto a Tan-Son-Nhut. Como también es base aérea militar está rodeado de barricadas de arena, alambradas de púas y erizado de ametralladoras. Nuestro avión rueda entre filas de cazas a reacción, resguardado cada uno dentro de un cerco contra bombas, y cantidad de helicópteros. En la escalerilla nos detiene la explosión próxima de un cañón. La azafata, siempre sonriente, lo explica. “No se preocupen, es la guerra”.


Encarnizada lucha se libró ayer en Saigón

Saigón—Amanecer del 8 demayo. Medio mundo de distancia de Buenos Aires. Columnas de humo negro se levantan en el camino de Cholón, en el sector Sur, mientras se escuchan incesantes las ametralladoras y el cañoneo. La visión del lugar es horrible. Mientras llegan camiones y “jeeps” cargados con tropas, se les cruzan camionetas con la cruz roja y su carga macabra. Ya se calculan en más de 1.000 los civiles muertos y heridos. Durante el ataque del Tét, a fines de enero, la lucha tuvo lugar en el centro de la ciudad, pero esta vez el ataque fue frontal, desde las afueras, y el primer impacto lo han recibido los poblados barrios pobres de los suburbios y la costa del río.

Todo el día de ayer fue continuo el fluir de despavoridos refugiados que cargando ropas y animales en canastas, bicicletas o motocicletas vinieron hasta el centro. Luego, las familias permanecían amontonadas y en cuclillas en veredas y plazas mirando hacia el Sur la columna negra que consumía sus casas.

Los barrios en que ellos vivían fueron infiltrados por los comunistas. No tardaron en llegar las tropas. A los primeros disparos aleteaban sobre el lugar los helicópteros y rociaban las casillas con metralla y cohetes. El Vietcong, con decisión suicida, contestaba el fuego. Y entonces, previo un aviso por altavoces, al que algunos civiles pudieron hacer caso y otros no, los aviones descargaban las bombas napalm. Cientos de casas de los barrios pegados al río y el aeropuerto desaparecieron. En las callejuelas que serpentean por ellos, están los cadáveres de combatientes, de civiles y de animales.

También se luchó ayer en los alrededores del aeropuerto y sobre las tumbas de los quemurieron en la guerra contra los franceses. Tropas survietnamitas y comunistas mantuvieron un prolongado duelo, que por la noche continuó a la luz de bengalas.

“Mayo con sangre y junio con paz”

Un escalofrío recorre a la población, habitualmente endurecida por 30 años de lucha y que hasta el ataque del Tét prefirió tratar de ignorar la guerra. Hay quienes tienen esperanzas de que el golpe de este fin de semana, hasta ahora menor que el del Tét, sea sólo un homenaje al 14° aniversario de la derrota francesa en Dien Bien Phu, que se celebró ayer.Otros temen que sea el principio de unmes espantoso en el que los comunistas, por cualquier medio, traten de conquistar terreno para iniciar las conversaciones de paz. Políticamente, es el mes indicado. Además de Dien Bien Phu, el sábado se recuerda el aniversario de Buda, y el 19 el cumpleaños de Ho Chi Minh. Y desde hace dos meses, hasta en los más remotos villorrios del Vietnam ha corrido una consigna del Vietcong: “Mayo con sangre y junio con paz”.

Especulación económica

Muchos tiemblan tanto a una como a la otra posibilidad, y un hálito de pánico alienta al éxodo. Las propiedades cambian de mano a entre un 50 y 70 por ciento de su valor. Por cada dólar, que cuesta 118 piastras en el controlado mercado oficial, se logran 165 en el paralelo, y casi 200, puesto en París, Londres o Nueva York.

Presencia de soldados norvietnamitas

Preocupa la presencia de muchos soldados norvietnamitas, mejor armados y entrenados que los guerrilleros Vietcong. Parecen haber llegado desde Camboya, distante menos de tres días de marcha a través del territorio que controlan los comunistas. Su decisión y bravura sorprende a los norteamericanos. “Yo sé que ellos nunca podrán tomar la ciudad”, me dijo un agotado teniente coronel que comandaba operaciones en Cholón. “Pero también entiendo que en su terreno nos será muy difícil derrotarlos.


Lucha cerca de Laos en el valle A Shau

Valle de A Shau—Los rumores de paz parecen no haber llegado a este valle, enclavado junto a la frontera con Laos, donde las tropas norteamericanas y survietnamitas disputan con ferocidad a los norvietnamitas lo que durante dos años fuera su santuario. “Espero que en París se pongan de acuerdo, pero hay que recordar que durante los 18 meses que duraron las conversaciones de paz en Corea tuvieron lugar las batallas más sangrientas de la guerra”, recordó un oficial.

Llegué al valle en un helicóptero de la 9ª División de Caballería. Hay que verla en acción, es el arma táctica más moderna con que cuenta el ejército norteamericano en Vietnam. Me habían recomendado en Saigón: “No vayas, manito —rogó al pie del helicóptero el soldado méxico-californiano David Castañella—, es el suicidio. De allí vuelven todos cadáveres”.Desde la calle Camp Evans, la base del regimiento, el Huey se encaramó por sobre las montañas y a más de 4.000metros de altura teníamos frío, a pesar de habernos ajustado el pesado chaleco contra las esquirlas. Con sables cruzados dorados, pintados en la nariz de cada uno, y el remedar de galope de las paletas, los helicópteros se movían como una nerviosa tropilla. “El éxito nuestro es la movilidad que nos permite saltar detrás de las líneas enemigas”, explicó el jefe del cuerpo.

Ya volábamos sobre el Valle y entre las nubes se veía el camino rojo construido por los norvietnamitas que se había convertido en la principal ruta de infiltración desde la senda de Ho Chi Minh hacia las ciudades del norte de Vietnam del Sur. Bruscamente, y zumbando a toda velocidad, rozando la copa de arbustos y cerros. “A esta altura les resulta más difícil acertarnos”, murmuró un soldado, que rezaba con los ojos entrecerrados, mientras los dos artilleros ametrallaban los bultos sospechosos sin dejar de masticar chicle, cosa que parecían hacer al compás. Manchas negras, de las que sobresalía la cruz de las paletas,marcaban el lugar donde había caído y se había incendiado un helicóptero. “Tienen cañones de 35 mm. Nos derribaron más de 30”.

Siguiendo el camino rojo vimos desde el aire los camiones y las máquinas topadoras rusas que el ataque sorpresivo permitió capturar intactos. Y, por rachas, hileras de profundos cráteres que daban al fondo del valle un aspecto lunar. “Son las 30 toneladas de bombas de cada B-52. Ya las oirá de noche. Es el arma del terror”. El helicóptero nos dejó en el borde de una montaña donde se podían ver sus efectos. En kilómetros cuadrados no había quedado un árbol vivo ni un trozo de roca sin remover. Cráteres de 15 metros de circunferencia marcaban los lugares del impacto.

Difícil dar un paso sin pisar un trozo de hierro de las grandes bombas o de los recipientes de napalm. Desde más allá de la zona muerta se oían gritos de pájaros ymonos. Desnudos hasta la cintura, los soldados cavaban trincheras para pasar la noche y luego las cubrían con maderas y bolsas llenas de tierra. “Al otro puesto lo atacaron con cohetes y morteros”. Casi intermitentemente el valle retumbaba con la artillería, por suerte amiga, buscando las posiciones norvietnamitas. Con árboles en el borde de la montaña y plantíos de maíz, mandioca y bananas en la vega, haciendo abstracción de ruidos, el valle recortaba un paisaje idílico. “Creo que una vez que termine la guerra vendré a pasar unas vacaciones aquí”, prometió el Tte. Fred Steinberg. Y el jefe de la compañía, Michael Sprayberry, me propuso: “Mañana vamos hacia Laos. Hoy perdimos cuatro hombres y hubo 12 heridos. ¿Nos acompaña?” Acepté, era un desafío.


Duros combates líbranse en el frente de Vietnam

Valle de A Shau — La noche se hace interminable durmiendo en un diminuto “bunker” construido por los norvietnamitas. Durante toda la noche los morteros y cañones de los cinco puestos establecidos en el valle bombardearon los senderos por donde podía circular el enemigo. Y dos veces la montaña tembló, con un rugido, y pareció que el “bunker” se partía en pedazos.

Los B-52

“Son los B-52 que atacan a 2 o 3 kilómetros de aquí. Bombas de 500 kilos. Imagínese cómo las sienten ellos”. A las seis de la mañana todo el mundo estaba en pie, calentando y maldiciendo las raciones “C” de combate: latas verdes con galletitas, chocolates, dulces, pavo, sopas o carne. Parecen ricas, pero después de unos meses... Con humor sombrío, se prepararon luego las armas, arrancándoles hasta la última partícula de polvo con cepillos de dientes y brochas de afeitar. “No quiero ir. Ese lugar está ‘buku’ (lleno) de ‘gooks’ (norvietnamitas)”, suspiró el soldado Steve Arnold, de California, y en silencio todos aprobaron. A las 7 estaban los 70 hombres al pie de la montaña en el camino construido por los norvietnamitas, con los fusiles M-16, ametralladoras M-60, lanzagranadas, bazukas y miedo. “Miedo, no tengo vergüenza en confesarlo”, dijo con pesado acento sureño Lui Gregore. Para evitar convertirse en blancos preferenciales los oficiales y suboficiales se arrancaron charreteras, y los que llevaban radio disimularon la antena. “Siempre empezarán con nosotros”. Luego, mientras un pelotón iba por el fondo del valle, comenzamos a recorrer el camino en dirección a Laos, distante unos cuatro kilómetros. Muy bien construida y capaz de resistir tránsito en cualquier época, esta ruta mejorada permitía a los comunistas poner armas y pertrechos a una noche de marcha de Hue. Tenía refugios contra bombas cada 50 metros y carteles—en vietnamita—detallando los accidentes del sinuoso camino. Nos movíamos muy despacio, de árbol en árbol y roca en roca. Pueden querer volver a repetir la emboscada.

Propaganda

Encontramos abundantes cajones chinos con dinamita, empleada para construir la ruta. Es increíble, cajones con material de propaganda sobre Vietnam del Norte en castellano, con algunos buenos grabados sobre la vida rural. Parece que ellos también tienen problemas de abastecimiento. “No solamente nosotros mandamos heladeras a la Antártida”, rió el teniente. Estas cajas probablemente deberían haber ido a la América Latina. Pasamos junto a los restos de dos camiones rusos destruidos. Uno había tenido una carga de nafta y el otro de fusiles a cerrojo, de bayoneta rectangular, que aparecían dispersos y quemados por el lugar. Tres horas después habíamos recorrido un “click” —mil metros—, cuando comenzaron a silbar las balas y desde un “bunker” se escuchó el ladrido seco del AK- 47, el fusil automático chino. Al tercer intento los alcanzaron con una bazuka. Eran dos norvietnamitas. Vestían buenos uniformes, pero como calzados llevaban ojotas de cubiertas de camión... “Pobres, con esos elementos no sé cómo pelean”, los compadeció un soldado.

Cien metros después nos comenzó a buscar una ametralladora pesada desde la montaña que teníamos enfrente. La infantería de marina mandaría un pelotón a silenciarla. A la caballería no le importa gastar unos dólares más con tal de cuidar a sus hombres. “Alguna vez dejé caer un millón de dólares sobre un tirador emboscado”. Hizo un llamado por radio y pocos minutos después estaban sobre la montaña dos helicópteros con sus “miniguns” zumbando a 4.000 tiros por minuto. La ametralladora les contestaba impasible. “Que venga la aviación”. Tardaron menos de 15minutos en llegar tres aviones de chorro que troncharon media montaña con bombas de 250 libras y el alarido de sus ametralladoras. De una cueva salieron corriendo cinco “gooks” y un soldado alcanzó a tres con su fusil... Se fueron los “jets” y el valle quedó por un momento en silencio. “Volvamos. Ha sido un buen día”, dijo el teniente Sprayberry.

Hubo sonrisas y un suspiro de alivio. Al volver se escuchaban los pájaros. El teniente David Mace especuló: “Los ‘gooks’ son estúpidos. Saben que van a morir, e igual nos atacan”. “No sé si serán estúpidos, pero sí que pelean como lobos. Si los soldados del ejército survietnamita pusieran el mismo entusiasmo, en una semana ganamos la guerra”, reflexionó un sargento.


La reunión de paz y los católicos survietnamitas

Saigón—La comunidad católica en Vietnam del Sur es la más intransigente frente a las conversaciones de paz que podrían abrir las puertas del poder a los comunistas. Dos terceras partes del millón ymedio de creyentes—el 10 por ciento de la población— son refugiados del Norte luego de la toma del poder por Ho Chi Minh, y temen que el caso se vuelva a repetir. Trabajadores y enérgicos, forman una sólida clase media alta para algunos extranjerizante y alejada de la realidad del país.

“No hay que tenernos amenos por el número”, explicó el arzobispo de Saigón, monseñor Nguyen Van Binh. “Gracias a un eficiente sistema de escuelas parroquiales, calculamos que el 35 por ciento de las autoridades o los militares de alta graduación son católicos”. Monseñor Van Binh nació en Saigón hace 58 años, estudió en Roma y es elogiado por su estrecho contacto con los feligreses.

“Lo que le declare será como persona, porque la Iglesia no puede tomar una posición política”, señaló. “Yo deseo que la guerra termine lo antes posible, que queden separados el Norte y el Sur, y que los comunistas regresen al Norte. Nosotros nunca quisimos esta guerra. Ellos vinieron a provocarla”. Es delgado, ágil, de ojos brillantes y habla con una cierta impaciencia. “En Europa y América Latina quieren la paz a cualquier precio. No tienen idea de lo que es el comunismo tipo chino. Es totalmente distinto al de tipo intelectual a que ellos están acostumbrados. A China no le importan los medios para ganar terreno. No respeta la vida de las personas ni a la Iglesia. Por ejemplo a nosotros no nos permiten tener ningún contacto con los católicos del Norte”. Reflexionó un momento.

En la pared, un retrato de Paulo VI parecía extranjero entre muchos de obispos de rostro obscuro y ojos rasgados. “Si los norteamericanos se van de golpe nos condenan a desaparecer. Acuérdese que del otro lado tienen ayuda de Rusia. Y no crea que es una guerra religiosa contra los budistas. Aunque es cierto que hay muchos comunistas infiltrados entre los budistas, y ellos fueron los culpables de las matanzas de católicos en Hue.

”Pero, en general, con los dirigentes budistas estamos en buenas relaciones. El Tich Tri Quang —máximo dirigente budista, actualmente bajo arresto—es un buen amigo mío. Un hombre inteligente”, reflexiona. “Es un hombre peligroso”, agrega.

Le explico que en círculos norteamericanos señalan que una de las principales dificultades para el triunfo es la corrupción administrativa y la falta de un adecuado programa de reforma agraria, como ofrece el Vietcong. ¿Los ha atacado él como máxima autoridad de la Iglesia? “En mi opinión, se habla de que aquí hay corrupción porque hay guerra, y todo se convierte en noticia. No me extrañaría que en la Argentina y otros países de América Latina existiera la misma situación. Pero igual la he atacado desde el púlpito, y en conversaciones con algunos funcionarios. En cuanto a la reforma agraria, creo que en estos momentos tenemos otros problemas más importantes, como el alimentar a los hambrientos y el terminar de una vez por todas con la guerra”. [8]


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