Transatlántico

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina.
Número 6, otoño de 2009

Jorge Martínez Ramseyer, Manuela, 1992, ( óleo, 30 x 40 cm). Esta obra pertenece a la exposición Bienvenidos a la luna coordinada por Max Cachimba. Desde el 28 de marzo hasta el 26 de abril, de 15 a 20 en las Galerías del CCPE.

Indice

1

   

Último viaje a la luna

2

 

Madrid, tenemos un problema

3

 

La luna por televisión

4

 

Promesas de la luna

5

 

Las fases de la luna

6

 

Una luna moderna

7

 

Alrededor de la luna

8

 

Contratapa


Contratapa

La columna del Director

Bienvenidos a la luna

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Antología de poemas

Alrededor de la luna

por Mirta Rosenberg y Liliana García Carril.


La luna llena

Después de recibir la carta
de mi padre, mi madre
comenzó a vender
los muebles,
quería costear el viaje
dejando intactos los ahorros.
Venían los compradores
y una señora se llevaba el radio
o la televisión, otra un tapete,
otra un florero.
La casa se vaciaba sin criterio.
Mi hermano y yo,
de vuelta a casa,
mirábamos la luna
que entraba a manos llenas en los cuartos.
Mi madre ya dormía, o casi.
Dejábamos las luces apagadas
por los moscos.
Quedaba poco: un clóset,
nuestras camas,
el refri y unas lámparas.
La vida así, sin nuestro padre
y sin los muebles,
era un paréntesis.
No daban ganas de dormirse.
Mi hermano se servía
su limonada y se sentaba
en uno de los dos balcones,
yo en el balcón del otro lado.
Mirábamos el mismo cielo.
Era como velar el sueño de mi madre,
como haber sido siempre adultos.
La luna entraba
y no encontraba
obstáculos.
Estábamos de vacaciones
hasta el vértigo, teníamos
entre manos
un viaje sin regreso.
Mi hermano hacía sonar
los hielos de su vaso,
yo no sabía hacer nada aún,
estaba íntegramente vivo,
íntegramente inexpresivo.
No sé si era feliz
o desdichado
pero absorbí
ese verano que fue el último
como un resumen de mi infancia,
como la cifra de una edad
cerrada de un portazo,
y en eso tuve suerte:
poder decir se terminó,
aquí se corta esta madeja,
reunir en un lugar
toda una época,
es enterrar de veras algo,
tener conciencia
de lo que es estar vivo,
antiguo como cualquier piedra.
Y si la veo
que sigue recorriendo el cielo
idéntica, invariable,
como diciendo soy la misma
y ustedes son los mismos,
todo es lo mismo para siempre
y el tiempo no dio un paso desde entonces,
ya no le creo, y si le creo,
ya no me turba como antes.

—Fabio Morábito—
(Egipto, 1955, vive en México desde 1969).


La salida de la luna

Y quién ha visto la luna, quién no la ha visto
salir de la cámara de lo hondo,
enrojecida y espléndida y desnuda, como quien sale
de la cámara del fin del noviazgo, subir y arrojar
su confesión de placer sobre la ola,
desparramando en el oleaje su propio sobrescrito
de dicha, hasta que toda su tenue belleza llega trémula
a nosotros
desplegada y conocida al fin, y entendemos con certeza
que la belleza es algo que trasciende la tumba,
que la experiencia brillante y perfecta nunca cae
en la nada, y que el tiempo atenuará la luna
antes de que nuestra consumación plena aquí
en esta rara vida se opaque o desaparezca.

Moonrise

And who has seen the moon, who has not seen
Her rise from out the chamber of the deep,
Flushed and grand and naked, as from the chamber
Of finished bridegroom, ser her rise and throw
Confession of delight upon the wave,
Littering the waves with her own superscription
Of bliss, till all her lambent beauty shakes towards us
Spread out and known at last, and we are sure
That beauty is a thing beyond the grave,
That perfect, bright experience never falls
To nothingness, and time will dim the moon
Sooner than our full consummation here
In this odd life will tarnish or pass away.

—David Herbert Lawrence—
(Inglaterra, 1885 - Francia, 1930)


Deshojación sagrada

Luna! Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas!
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas!
Luna! Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro la copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?
Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres tal vez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos!...

—César Vallejo—
(Perú, 1892 - Francia, 1938)


Luna sola de los campos…

Luna sola de los campos.
Pienso en las bellezas
perdidas.
Pero ¿es perdida ésta?
Veo una luna abandonada
tan hermosa como esta
sin nadie que la contemple.
¿Nadie siente
cómo los campos anochecidos
se van alumbrando, flotantes,
y descubren horizontes
marinos
con el humo de alguna
arboleda perdida?
¿Nadie?
Las ramas
están pálidas de encanto
y un sutil calofrío
recorre las hojas.
¿Acaso este pájaro
que aletea?
Luna de oro entre los ceibos.
Luna sola de los campos.

—Juan L. Ortiz—
(Argentina, 1896-1978)


Para que veas que no te guardo rencor

te regalo la luna
seriamente —no creas que me estoy burlando de ti:
te la regalo con todo cariño
¡nada de puñaladas por la espalda!
tú misma puedes pasar a buscarla
tu tío que te quiere
tu mariposa de varios colores
Directamente desde el Santo Sepulcro.

— Nicanor Parra—
(Chile, 1914)


Nocturno

Oh luna, cuántas veces consintiendo al dolor,
a través de los ávidos vidrios de las ventanas,
y en los reflejos húmedos que en tus luces desgranas
esperé conmover el alto resplandor
de tu lumbre que he amado.
Cuántas veces, herida de amor te he contemplado
dentro de los secretos puros de tus jardines
que entrañan musicales perfumes de jazmines
sintiendo que la pena me había abandonado
en el mundo que encantas.
Cuántas veces me viste morir entre las plantas
y buscarte entre nardos rosas y querubines
como te busco ahora para que me ilumines
y penetres en mi alma, cuando en las ramas cantas,
derramando tu lumbre.
Cuántas veces temblando seguí con pesadumbre
los rayos serenísimos de tu luz con horror
aspirando en la dulce claridad de un albor
con esplendor de joya tu aviesa mansedumbre
que me hacía llorar.
Ah, cuántas veces triste, tratando de olvidar
al que olvida toqué con mis manos tus hebras,
tu zafiro en el agua cuando quieta celebras
en medio de las sombras el silencio del mar.

—Silvina Ocampo—
(Argentina, 1903-1993)


El pozo

A los dieciséis creía que la luz de la luna
me cambiaría si se le antojaba.
Iba corriendo la cabeza
sobre la almohada, hasta corría mi cama
a medida que la luna cruzaba
lentamente mi ventana abierta.
Yo quería belleza, un peligroso
relumbre acerado, un cuerpo más delgado,
más pálida mi cara pálida.
Tomaba luna
diligentemente, como otros toman sol.
Pero la mirada fija y ceñuda de la luna
me mantenía despierta. A la mañana,
estaba irritable y sonrojada.
Era en las noches oscuras de sueño profundo
cuando más soñaba, en lo hondo del pozo,
y me levantaba descansada, y si no bella,
colmada de algún otro poder.

the well

At sixteen I believed the moonlight
could change me if it would.
I moved my head
on the pillow, even moved my bed
as the moon slowly
crossed the open lattice.
I wanted beauty, a dangerous
gleam of steel, my body thinner,
my pale face paler.
I moonbathed
diligently, as others sunbathe.
But the moon’s unsmiling stare
kept me awake. Mornings,
I was flushed and cross.
It was on dark nights of deep sleep
that I dreamed the most, sunk in the well,
and woke rested, and if not beautiful,
filled with some other power.

—Denise Levertov—
(Inglaterra, 1923 - EEUU, 1997)


Luna nueva

Desde que los hombres plantaron banderas
chillonas sobre su secreta geología
y enviaron cámaras para explorar todos sus rincones,
la luna se ha vuelto lesbiana;
ahora se la ve más brillante en su hambre de mujer
y con toda determinación ha hecho de la Vía Láctea
su amante: la tierra ya no le interesa.
Mucho mejor que derramar su brillo pálido
espejo de cortesanos que se miran embobados
y aquel poeta acongojado que sufría
por su amor no correspondido por fin se liberó.
new moon
Since men have waved flags on her
Classified geology with peacock colours
Sent cameras probing every angle
The Moon has turned lesbian;
Shows brighter now in her woman hunger
Goes with purpose to her lover
In the Milky Way, nothing more from earth
Yet better by far than shining palely
a mirror for courtiers to gawp at –
And that stricken poet who ached
In her unrequiting love but now is free.

—Alan Sillitoe— (Inglaterra, 1928)


Las ruedas de la luna

El cielo está claro y oscuro, el disco de la luna
lejano y pequeño y brilla como plata.
Su frío haz sondea mi ventana:
la antorcha de un buscador, invisible
tras un cono de luz parpadeante.
Demasiadas cosas en la cabeza para poder dormir.
Un disco de basura, semisumergido
en la espuma de las olas, se arremolina entre los pilotes del muelle.
Entonces lo recuerdo: hoy hay luna llena.
No puedo esconderme de esta perturbadora musa.
A los bandazos, vamos juntas, ebrias amantes:
dos caras de la misma moneda que nunca
pueden verse –disco celeste, basura mundana–,
una claramente burilada como recién acuñada,
la opuesta lisa de tan gastada, ilegible,
o dos ruedas que no pueden parar de moler
entre ambas la basta materia
de la existencia, imágenes y palabras,
en una sustancia llamada poesía. El proceso
es indescriptible. Y su propósito.

moon wheels

The sky is clear and dark, the moon’s disk
far-away and small and silver-bright.
Its cold beam probes through my window:
the torch of a seeker, invisible
behind a cone of wavering light.
Too much on my mind to let me sleep.
A disk of rubbish, half-submerged
in foamy surf, swirls through pier-struts.
Then I remember: full moon tonight.
I cannot hide from this disturbing muse.
We lurch together, drunken lovers:
two sides of a coin which can never
see each other – sky-disk, world-rubbish –
one sharply incised as if new-minted,
the opposite worn smooth, illegible,
or two wheels which cannot stop grinding
between them the coarse stuff
of existence, images and words,
into a substance called poetry. The process is indescribable. And its purpose.

—Ruth Fainlight—
(Estados Unidos, 1931)


Un mundo se destruye
(Física aristotélica)

Por debajo de la esfera de la luna
los movimientos son imperfectos
tironeadas las cosas
hacia abajo, hacia arriba, hacia un costado
algunas caen
–el agua, piedras, hojas–.
El peso es el llamado de la tierra.
Otras se alzan, ingrávidas:
la niebla, el humo, el fuego
buscando su hogar alto, el alto cielo.
Por encima de la esfera de la luna
esferas perfectísimas, ajenas
a corrupción y ruina
un día se desploman
y caen, sin un ruido
frente al ojo feroz de Galileo

— Circe Maia—
(Uruguay, 1932)


Lo regular

La luna llega
paciente
y nadie lo sabe
pero hace estragos
y hiere

su canto
es una pleamar intensa
un llanto hondo
una rasgadura

Ella va lenta
queda
silente
como una muerta
moviéndose
entre manchas

La luna
el amor, la sangre
todo lo que no sabemos

ella es composición
el retrato incumplido
el baile retrasado

Ah luna, tu lentitud, luna
tus rasgos
esa piel
tu tierra, tu tierra

Soy tu fragmento, tu polo, el desquicie
¿qué quieres de mí?
¿mi sangre?
¿mi vientre?
¿mis cabellos?

Ah luna
Suaviza tu seco ardor
Ama. Sola. Ama.

—Hanni Ossot—
(Venezuela, 1946-2003)


La luna en oposición a que alguna vez volvamos a dormir juntos

Estoy aquí sentado, un archivillano del romance,
pensando en vos. Sabés, lamento
haberte causado dolor, pero no podía hacer nada
para evitarlo porque necesito ser libre.
Tal vez todo hubiera sido diferente
si te hubieras quedado sentada a la mesa
o me hubieras pedido que saliera con vos
a mirar la luna, en vez de levantarte
y dejarme solo con ella.

the moon versus us ever sleeping together again

I sit here, an arch-villain of romance,
thinking about you. Gee, I’m sorry
I made you unhappy, but there was nothing
I could do about it because I have to be free.
Perhaps everything would have been different
if you had stayed at the table or asked me
to go out with you to look at the moon,
instead of getting up and leaving me alone with
her.

—Richard Brautigan—
(Estados Unidos, 1935-1984)


(Los poemas en inglés fueron traducidos por Mirta Rosenberg).



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