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\\ Índice \ Número 6, otoño de 2009
Contratapa
La columna del director:
Bienvenidos a la luna
por Martín Prieto.
A Ahora parece que fue Thomas Harriot, un
inglés aficionado a la astronomía, el primer
cartógrafo de la Luna, según sostiene el
entusiasta historiador Allan Chapman, quien
agrega que como Harriot era rico y modesto
a la vez, no se entretuvo en dar a conocer
sus bocetos lunares como sí hizo el pobre
italiano Galileo Galilei, a quien se le atribuye
entonces haber sido el primero en hacer un
uso astronómico del telescopio, siendo sus
dibujos lunares, firmados cuatro meses más
tarde de los que habría registrado Harriot, los
primeros que se conocieron y que le valieron,
398 años después, un tardío homenaje
–como todos los que recibió, por otra parte–
de parte de las Naciones Unidas, que en su
sesión del 20 de diciembre de 2007, declaró
al 2009, en honor de Galileo y de su invención,
año internacional de la astronomía.
El 09, también, supone otra efeméride
lunar: la de los 40 años de la llegada de la
misión Apolo a la Luna. “¡¡¡Y puso el pie en
la Luna!!!” decía el relator , como si fuese un
partido de fútbol, la definición de un partido
de fútbol, todos reunidos alrededor de un
aparato de radio, la noche del 20 de julio de
1969, en un campamento de la Asociación
Cristiana de Jóvenes en Oliveros, provincia
de Santa Fe. Pero no, no voy a detenerme
ahora en la tristeza de esos campamentos;
o por lo menos, y para ser preciso, en la tristeza
que esos campamentos me causaban
a mí, entonces, abandonado, creía yo, por
mis padres para siempre, y rodeado de un
montón de chicos y muchachos que parecían
felices en el mismo lugar en el que mí se
me representaba el infierno. El profesor, ya
ven: me detuve, se llamaba Jerry, y contrariamente
a esa virilidad tan propia del promedio
de los profesores de gimnasia, como
se conocía entonces a la educación física,
parecía haber visto, él también, alguna vez,
el pozo negro de la melancolía y entonces,
cada tanto, con una caricia o una palmeada
en el hombro trataba de sumarme al partido
de fútbol que yo no sabía jugar, a la copa
del árbol que yo no sabía trepar, a los juegos
de bromas lingüísticas que yo directamente
no entendía. Expulsado del mundo, con un
buzo de color amarillo que me había traído
mi tía de Venezuela y cuyo uso debió, previamente
al viaje a Oliveros, ser autorizado
administrativamente por las autoridades del
club, pues la norma, dictada en esos papeles
mimeografiados que decían “tres pares
de medias”, “botas de lluvia”, “dos pijamas”
indicaba que el buzo debía de ser blanco o
azul, yo en vez de mirar la radio, miraba la
Luna. Y en la Luna, en vez de ver la ínfima
silueta de Neil Alden Armstrong dando su
paseo lunar, como pensé que tal vez pudiera
ver, veía la cara de mi mamá.
Perdón, queridos lectores, por la confianza:
pero no es posible hablar de la Luna
institucional –la del año internacional, la
de la efeméride– sin hablar a su vez de la
Luna íntima, pues si esta especie de impostado
cumpleaños de la Luna nos importa
es porque de algún modo es como si fuese
el cumpleaños de algo vinculado a nuestra
más íntima intimidad. Y no es posible hablar
de la Luna íntima sin hablar de la Luna de
los artistas, pues la imagen que tenemos de
la Luna no es solamente la de la Luna que
vemos, sino de una que está rodeada del
aura de todas las lunas musicales, poéticas,
visuales, de todos los artistas que alunizaron
alguna vez. Y no es posible hablar de la
Luna de los artistas sin hablar de la Luna de
los científicos pues a cada paso de la ciencia
lunar, uno nuevo en la fantasía. Y no es
posible hablar de la Luna científica sin hablar
de la Luna política: de la Luna como botín.
Y si la historia contemporánea señala que
la Unión Soviética cayó en 1989, la historia
del futuro, menos atenta a la minucia, verá
que cayó, en verdad, el 20 de julio de veinte
años antes, cuando Armstrong, como decía
el relator de la radio de Oliveros, “puso el
pie en la Luna” y en el mismo movimiento
–y tal vez por eso ese tono de “definición”
que le daba el locutor a la cosa– le daba a los
Estados Unidos una victoria inapelable en la
sordidez de la guerra fría.
De un poco de todo eso hablará el ciclo
Bienvenidos a la luna, que se presenta hoy,
28 de marzo, en nuestro Centro cultural.
Bienvenidos a la Luna, bienvenidos a la
inspiración artística y a la sartén de teflón,
bienvenidos al espionaje y a las grandes películas,
bienvenidos a Galileo y bienvenidos a
los recuerdos de cada cual.
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